El consumo de carne vacuna en la Argentina volvió a retroceder y alcanzó su nivel más bajo en los últimos 20 años. Según un informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina, el promedio de los últimos 12 meses quedó en 47,3 kilos por habitante por año. El dato no solo marca una baja interanual de 2,5%, sino que además confirma una tendencia descendente de largo plazo que aleja cada vez más al país de los niveles de consumo que alguna vez definieron su identidad alimentaria.

La caída se volvió todavía más visible al compararla con el pasado. Hace dos décadas, el consumo rondaba los 62,2 kilos por persona al año y en 2008 había llegado a un pico de 69,4 kilos. Hoy, ese registro quedó casi 15 kilos por debajo del de 2005 y muy lejos de aquel techo. El nuevo piso responde a una combinación de factores económicos y productivos: menos oferta, más exportaciones y precios que avanzan mucho más rápido que el promedio general.

Una costumbre que se achica

El informe de Ciccra muestra que el mercado interno fue perdiendo peso dentro del destino total de la producción de carne vacuna. Entre 2011 y 2015, el consumo doméstico llegó a representar más del 91% de toda la carne producida en el país, con un pico de 94,8% en 2014. Ese predominio empezó a ceder con fuerza desde 2016 y siguió bajando hasta tocar el 68% en 2024.

Para 2026, la entidad proyecta que el consumo interno representará el 72,9% del total producido. Aunque esa participación mejora respecto del año anterior, sigue lejos de los niveles que supo tener el mercado local. El dato refleja un cambio estructural: la carne vacuna continúa siendo un alimento central en la dieta argentina, pero ya no ocupa el mismo lugar ni tiene el mismo alcance que en décadas anteriores.

Menos producción y menos faena

El retroceso del consumo se da además en medio de una oferta más ajustada. Entre enero y febrero de 2026, la producción de carne vacuna sumó 457 mil toneladas res con hueso, lo que implicó una caída de 9,1% frente al mismo bimestre del año pasado. En términos absolutos, eso significó 45,5 mil toneladas menos que un año antes.

La faena también mostró un descenso fuerte. En febrero se procesaron 924.300 cabezas en 337 establecimientos, un 10,7% menos que en igual mes de 2025. Según Ciccra, fue uno de los niveles más bajos en casi medio siglo para un febrero, al punto de ubicarse en el puesto 37 del ranking histórico que elabora la entidad.

Por qué sube tanto la carne

Mientras la producción se achica, los precios siguen subiendo con fuerza. En el mercado de Cañuelas, el valor del animal en pie avanzó 8,5% en febrero respecto de enero y acumuló una suba interanual de 72,7%. Ese movimiento dejó al kilo vivo en su mayor precio relativo frente al índice general de precios mayoristas de los últimos 15 años.

En las góndolas el impacto también se sintió con claridad. Los relevamientos del Indec muestran que los cortes de carne acumularon en los dos primeros meses del año un aumento cercano al 12%, el doble de la inflación general para ese período, que ronda el 6%. Esa diferencia explica en buena parte por qué el consumo sigue cediendo incluso en un país donde la carne conserva un peso cultural enorme.

El arrastre de la sequía y las inundaciones

Ciccra atribuye parte de este escenario a problemas productivos que vienen acumulándose desde hace varios años. La prolongada sequía entre 2021 y 2024, sumada a inundaciones que afectaron regiones clave en 2024 y 2025, forzó ventas anticipadas de animales, redujo el stock de madres y deterioró la eficiencia de la actividad. Esa secuencia terminó impactando sobre la zafra de terneros y, en consecuencia, sobre la cantidad de hacienda disponible para faena.

El efecto final es una oferta más escasa y un precio más alto del animal en pie, que después se traslada al mostrador. Según el informe, ese contexto ayuda a entender también el aumento acumulado cercano al 60% que registraron los cortes monitoreados en los últimos cinco meses. Con menos volumen y mayor presión de precios, el mercado interno pierde capacidad de absorción.

Las exportaciones crecieron y ganaron terreno

En paralelo, las exportaciones de carne vacuna mostraron una mejora en el arranque de 2026. En los dos primeros meses del año, los envíos al exterior sumaron 124 mil toneladas res con hueso, con una suba interanual del 6,6%. Medidas en toneladas peso producto, las exportaciones crecieron 13,5%, impulsadas por mayores ventas a Estados Unidos, Israel, Alemania y Países Bajos, que compensaron la caída de China.

También mejoró el precio promedio de exportación. La tonelada peso producto alcanzó un valor de USD 7.362, con un aumento de 30% respecto de enero de 2025. Esa combinación entre mejores precios y mayor volumen permitió que los ingresos por exportaciones crecieran 47,6% interanual y llegaran a USD 321 millones.

Un mercado partido entre menos consumo y mejores ventas externas

La foto que deja el sector es la de una carne cada vez más cara para el consumidor argentino y, al mismo tiempo, más valiosa en los mercados internacionales. La suba de las exportaciones no explica por sí sola la caída del consumo interno, pero sí forma parte de un escenario donde la producción total ya no alcanza para abastecer con la misma holgura de otros años al mercado local.

El resultado es un cambio de época para un producto emblemático. La carne vacuna sigue siendo parte del ADN argentino, pero su consumo perdió volumen y centralidad bajo el peso combinado de precios altos, menor oferta y un negocio exportador que gana terreno. El récord actual no es uno para celebrar: marca, más bien, hasta qué punto el bolsillo y la producción están redefiniendo una costumbre histórica.