¿Lo más probable o lo que tiene sentido? El experimento que revela cómo nos equivocamos todos los días
Imaginá lo siguiente: Judy tiene 33 años. Se graduó con honores en Ciencias Políticas y fue una estudiante activa en movimientos sociales. Con esos datos, ¿Cuál de estas dos opciones te parece más probable?
a) Judy trabaja de cajera en un banco.
b) Judy trabaja de cajera en un banco y es una militante feminista.
Si elegiste la segunda opción, como hacen la mayoría de las personas, caíste en una trampa común de la mente humana. Aunque la opción b suene más coherente con la historia de Judy, en realidad es menos probable. Y eso tiene una explicación matemática, no ideológica.
Un experimento que sigue vigente
El ejemplo fue creado por los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman en 1983. Cuando lo aplicaron, notaron que la mayoría elegía la opción que “cerraba mejor” con el relato. Lo sorprendente es que eso implicaba ignorar las reglas básicas de la probabilidad: si un hecho incluye dos condiciones, siempre va a ser menos probable que otro que incluye solo una.
Matemáticamente, que Judy sea cajera (opción a) es más probable que que sea cajera y militante (opción b), incluso si eso último parece más “lógico”. Este fenómeno se llama falacia de conjunción, y se produce cuando las personas suponen que dos hechos juntos son más probables que uno solo, simplemente porque el relato suena más verosímil. El ejemplo de Judy es una versión clara de cómo el cerebro humano prefiere la narrativa antes que el número.
El peso de las historias en nuestras decisiones
Este sesgo no afecta solo a las encuestas o los juegos de lógica. Aparece en decisiones cotidianas: desde evaluar a una persona por su currículum hasta hacer pronósticos en política, economía o salud. Nuestro juicio se contamina fácilmente con lo que “tiene sentido”, aunque sea estadísticamente incorrecto.
Las probabilidades reales se rigen por principios matemáticos. Por ejemplo, si la chance de que Judy sea cajera es del 10%, y la probabilidad de que también sea feminista es del 50%, la conjunción (ser ambas cosas) es 0,10 × 0,50 = 0,05, o sea un 5%. Menor que cualquiera de las dos por separado.
Ese es el meollo del asunto: el cerebro no calcula. Intuye. Y cuando lo hace, se equivoca.
Lo interesante es que identificar este sesgo ayuda a tomar mejores decisiones, no solo en lo académico. En inversiones, en salud, en educación o incluso en cómo evaluamos una noticia, aprender a distinguir entre lo “posible” y lo “probable” puede marcar una gran diferencia. Por eso, aunque la historia de Judy sea solo un ejemplo, su enseñanza es clara: desconfié de lo que “suena lógico” si no tenés los números a la vista.
