La natalidad en Argentina cayó un 40% desde 2014. El dato, contundente, empieza a dejar huellas no solo en la estructura familiar, sino también en la vida emocional y cotidiana de los adultos mayores. Cada vez más personas transitan los 60 años sin nietos, y muchas veces sin vínculos cercanos con nuevas generaciones. El fenómeno, que redefine los lazos intergeneracionales, avanza en paralelo al crecimiento de la esperanza de vida.

Un estudio del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral, basado en datos del INDEC, reveló que el 57% de los hogares del país no tiene niños ni adolescentes. En 1991, ese porcentaje era del 44%. El envejecimiento demográfico y el descenso de la natalidad convergen para configurar un escenario donde el abuelazgo ya no es una experiencia común.

Los nuevos 60 y la ausencia de nietos

«Tenemos cada día más adultos mayores en nuestra sociedad, aunque debido a la caída de la natalidad no todos ellos son o serán abuelos», explicó María Dolores Dimier de Vicente, investigadora del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral. Según el último censo, el 12% de la población argentina supera los 60 años.

Dimier subrayó que las personas mayores ya no responden al estereotipo de pasividad o retiro, sino que proyectan una vida activa y con nuevos objetivos. Sin embargo, advirtió que la ausencia de nietos puede generar una vacancia emocional difícil de llenar: «La falta de nietos podría convertirse en un vacío en el proyecto personal de vida, debido a la inminencia de la conciencia de los últimos años».

Una transformación cultural profunda

Lorena Bolzon, decana del mismo instituto y coautora del informe, apuntó a múltiples causas detrás del fenómeno: dificultades económicas, incertidumbre, migración juvenil y postergación de la maternidad. «El promedio de hijos por mujer es de 1,4, y en CABA es de apenas 0,9», detalló.

El doctor en Psicología Ricardo Iacub señaló que esta situación no implica necesariamente que los adultos mayores no serán abuelos, sino que lo serán a edades mucho más avanzadas. «Eso cambia la forma del vínculo intergeneracional», remarcó.

Vínculos que se diluyen y redes que se achican

La directora de la Maestría en Vínculos y Familias del Hospital Italiano, Soledad Dawson, advirtió que la caída de la natalidad «acota las opciones vinculares si la red no se amplía». A esto se suma un dato clave del mismo informe: los mayores de 85 años ya representan el 11,8% de la población, frente al 1,5% en 1991.

Graciela Zarebski, psicóloga especializada en Gerontología, indicó que «hasta ahora, se daba por hecho que a cierta edad se llegaba a ser abuelo». Hoy, muchas personas atraviesan esa etapa sin nietos, o con vínculos muy distantes.

Una carga silenciosa y femenina

La socióloga María Sol González, becaria del Conicet, remarcó que en hogares con adultos mayores o niños hay una presencia femenina predominante. En ese contexto, donde escasean los vínculos familiares amplios, las mujeres sostienen redes de cuidado invisibles que no siempre reciben apoyo.

Dimier advirtió que el retiro en hogares sin nietos puede volverse más solitario. Y aunque Zarebski recordó que los mayores también tienen derecho a desarrollar sus intereses personales, el debilitamiento de los lazos intergeneracionales deja huellas en la salud emocional.

Hogares más pequeños, redes más frágiles

Entre 1991 y 2022, los hogares unipersonales pasaron del 13% al 25%. A la vez, crecieron los hogares monoparentales, en su mayoría a cargo de mujeres. «Menos cuidadores implica más demanda para los abuelos», explicó Iacub. En algunos casos, esa carga puede ser excesiva, especialmente cuando se espera que cumplan un rol similar al que tenían como padres.

Distancia, virtualidad y vínculos que no llegan

En una sociedad con menos nacimientos y más personas mayores, muchos adultos atraviesan su vejez sin haber sido abuelos. «Los hijos no quieren tener hijos, o se fueron del país», dijo Iacub. Así, el vínculo con los nietos se vuelve lejano, fragmentado o estrictamente virtual.

El desafío de repensar el envejecimiento

La coordinadora del Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Salud del Hospital Italiano, Vilda Discacciati, alertó sobre la necesidad de repensar las políticas sociales frente a esta nueva realidad. «No debería verse como un problema reproductivo, sino como un desafío para diseñar estrategias que acompañen el envejecimiento activo», señaló.

Para Dawson, los vínculos con las nuevas generaciones fortalecen la salud emocional de los adultos mayores. Incluso si no tienen nietos propios, pueden encontrar sentido en actividades intergeneracionales. Zarebski coincidió: «Siempre es posible desplegar esos deseos de enriquecimiento mutuo en espacios sociales que conecten a jóvenes y mayores».