El precio de la carne vacuna volvió a sacudir el bolsillo en marzo y consolidó una tendencia que no da señales de aflojar. En el AMBA, el valor promedio del kilo trepó 10,6% en apenas un mes y acumuló un alza interanual de 68,6%, más del doble del ritmo general de los precios. En un escenario de menor oferta ganadera, presión exportadora y consumo golpeado, la suba volvió a empujar a muchas familias hacia opciones más baratas, con el pollo como principal refugio.

El dato surge del último relevamiento del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), que ubicó el precio promedio del kilo en $18.564. La suba volvió a sentirse con más fuerza en los cortes populares, justamente los más buscados por los hogares que intentan sostener el consumo en medio del deterioro del poder adquisitivo.

Los cortes que más subieron

El mayor salto del mes se dio en la picada común, que avanzó 20,4%. Detrás quedaron la carnaza común, con un alza de 17,7%, y la falda, que aumentó 13,4%. El dato no es menor: los cortes que más se movieron fueron los que suelen funcionar como alternativa frente a piezas más caras y que tienen un peso fuerte en el consumo cotidiano.

Entre los incrementos más moderados quedaron el matambre, con 7,6%; el lomo, con 8,5%; y tanto el peceto como la picada especial, que subieron 9,3%. Aun así, la diferencia de ritmo no cambia el cuadro general: toda la carne vacuna volvió a moverse hacia arriba y lo hizo en un nivel que siguió recalentando la mesa de los argentinos.

Carnicerías, supermercados y una brecha que persiste

El informe también mostró que la suba fue más agresiva en las carnicerías que en los supermercados. En los comercios barriales, los precios avanzaron 12,2% respecto del mes anterior y ya acumulan un incremento de 73,5% frente a marzo de 2025. En las grandes superficies, en cambio, la variación mensual fue de 7,1%, con una suba interanual de 57,9%.

Esa diferencia también se traduce en valores muy distintos según el corte. En supermercados, algunos productos quedaron más caros, como el lomo y la colita de cuadril. Pero otros aparecen más baratos que en carnicerías, entre ellos el asado, el peceto, la falda, la picada común y la carnaza común. La dispersión de precios sigue siendo amplia y depende tanto del canal de venta como de la zona donde se compre.

Cómo quedaron los valores

Entre los cortes más representativos, el asado de tira quedó en $18.617 por kilo, el vacío en $22.388, el cuadril en $21.357, la nalga en $21.807 y el lomo en $27.711. En el segmento de precios más bajos, la picada común cerró en $10.381, el osobuco en $11.102 y la falda en $11.724. La carnaza común, otro corte muy demandado en tiempos de ajuste, quedó en $12.012.

El panorama confirma que incluso los cortes históricamente más accesibles ya empezaron a moverse en niveles que los alejan de buena parte de los consumidores. La carne, además, no sube sola: detrás aparece un combo de costos, menor stock ganadero y menor margen para que el mercado encuentre alivio en el corto plazo.

El pollo gana terreno

Con este escenario, el pollo y el cerdo siguen ganando espacio como sustitutos. En marzo, el pollo fresco aumentó 10,9% frente a febrero y acumuló una suba de 49,1% interanual, mientras que el pechito de cerdo avanzó 6,3% en el mes y 28,1% en un año. Aun con esos incrementos, ambos siguen corriendo por debajo de la carne vacuna.

La diferencia se nota con claridad en la comparación directa. Durante el primer trimestre del año, con el valor de un kilo de asado se pudieron comprar en promedio 3,92 kilos de pollo fresco. En el caso del pechito de cerdo, el poder de compra equivalió a 2,02 kilos por cada kilo de asado. Esa brecha explica buena parte del corrimiento del consumo.

Un problema que no encuentra alivio

Detrás de la escalada hay razones estructurales que el sector viene señalando hace tiempo. La menor oferta de hacienda, el estancamiento del stock bovino, las secuelas de las sequías anteriores y la firmeza de los precios internacionales configuran un escenario que complica cualquier expectativa de baja. En otras palabras, no se trata de un pico aislado, sino de una presión sostenida.

El consumo de carne vacuna ya había cerrado 2025 en su nivel más bajo en dos décadas, con 47,3 kilos per cápita, mientras el consumo de pollo y cerdo siguió creciendo. Así, el problema no pasa solo por cuánto sube la carne, sino por cómo ese aumento va redibujando la dieta de millones de hogares que cada vez tienen menos margen para elegir.