Se trata del caso de Tomás Tello, un joven de 18 años, oriundo de Mar del Tuyú, Buenos Aires, era albañil y se encontraba de vacaciones en Santa Teresita. Fue asesinado salvajemente luego de que fuese perseguido por una patota. El hecho tuvo lugar en la madrugada durante las celebraciones de año nuevo en la playa, comenzó como una pelea y terminó con el fallecimiento de Tomás por una puñalada en el pecho en la intersección de calles 44 y 1.

Los agresores serían nueve, quienes persiguieron al joven seis cuadras antes de terminar con su vida. Se trata de siete mayores de edad y dos menores, el principal apuntado es Damián Copelián de 21 años quien habría realizado con una tijera el puntazo. Esto provocó una herida punzocortante en el tórax que dañó directamente su corazón, informaron fuentes judiciales.

Tello fue trasladado al hospital de la jurisdicción y, aunque los médicos hicieron todo lo posible, no pudieron salvarlo. Su madre, Samanta, que trabajaba en el hospital donde falleció su hijo, describe a Tomás como «un chico bueno y bondadoso» que trabajaba de 6 de la mañana a 7 de la tarde, no terminó la secundaria pero se ganaba la vida en la construcción, no salía mucho de fiesta, ni tenía novia.

En busca de justicia, manifestantes se posicionaron frente al hospital para reclamar respuestas y recriminar el accionar policial, en medio de la huelga hubo desencuentros entre la gente y la policía, lo cual terminó en disparos de goma y pedradas.

Este caso resulta familiar al de Fernando Báez Sosa en Enero de 2020 en Villa Gesell, el ataque de los rugbiers luego de una pelea dentro de un local bailable con Fernando, que terminó en una emboscada y la pérdida del joven.