El avance de la inteligencia artificial ya comenzó a modificar el mercado laboral y aceleró una discusión que durante años parecía lejana. En Infobae a la Tarde, el politólogo Tomás Trapé analizó el impacto de esta transformación sobre profesiones tradicionales, tareas administrativas y puestos de trabajo que hasta hace poco parecían protegidos. Su planteo fue directo: algunos empleos desaparecerán, otros deberán reconvertirse y una parte de los trabajadores podría quedar expuesta durante esa transición.

Trapé recordó que un estudio de la Universidad de Oxford había advertido en 2013 que casi la mitad de los empleos en Estados Unidos podían estar en riesgo de automatización en las décadas siguientes. Aquella estimación, que en su momento sonó distante, hoy aparece más cercana por la velocidad de los acuerdos entre grandes empresas tecnológicas, bancos y fondos de inversión. El cambio ya no se limita a laboratorios o proyectos experimentales, sino que empieza a integrarse en tareas cotidianas de oficinas, estudios profesionales y compañías globales.

Los empleos más expuestos

El politólogo señaló que la historia laboral ya mostró muchas ocupaciones que desaparecieron por cambios tecnológicos o culturales. Mencionó ejemplos como serenos de edificios, acomodadores de cine y agentes de viajes minoristas, oficios que fueron perdiendo espacio ante nuevas formas de organización y consumo. Con la inteligencia artificial, la diferencia está en la velocidad y en el tipo de tareas afectadas.

Según Trapé, los primeros puestos bajo presión son aquellos vinculados a tareas repetitivas, análisis de datos, asistencia administrativa y procesamiento de información. En esa lista aparecen analistas, contadores, operadores telefónicos, empleados de seguros, cobradores, asistentes legales y algunos perfiles de programación. También advirtió que muchos trabajos asociados al crecimiento del empleo remoto empiezan a ubicarse entre los más reemplazables.

El caso de abogados juniors y mandos medios

Uno de los ejemplos que destacó fue el de los abogados juniors. Trapé explicó que muchos abogados senior ya pueden consultar herramientas de inteligencia artificial para redactar documentos, analizar expedientes o revisar antecedentes, tareas que antes delegaban en profesionales jóvenes. Ese cambio puede reducir oportunidades de ingreso y formación dentro de estudios jurídicos y áreas legales de empresas.

El mismo fenómeno alcanza a mandos medios y perfiles administrativos que funcionan como intermediarios de información. Si una herramienta puede producir reportes, resumir documentos, cruzar datos o elaborar respuestas en minutos, muchas posiciones pierden parte de su función tradicional. La preocupación central está en cómo se reorganizarán esas estructuras y qué pasará con quienes ocupan puestos de transición.

Profesiones que podrían fortalecerse

Trapé también diferenció los trabajos que la inteligencia artificial puede potenciar. En esa categoría ubicó a médicos, abogados senior, gerentes, ingenieros industriales y otros perfiles con alta capacidad de decisión, experiencia acumulada y responsabilidad estratégica. En esos casos, la tecnología puede funcionar como apoyo para analizar información, reducir tiempos y mejorar productividad.

El panel también marcó la importancia de trabajos que requieren presencia humana, empatía y trato cara a cara. Las tareas de cuidado, salud, acompañamiento y atención personalizada conservan un valor difícil de reemplazar por sistemas automáticos. La inteligencia artificial puede asistir esos procesos, pero no necesariamente sustituir el vínculo humano que los sostiene.

La infraestructura detrás de la IA

El análisis también abordó la dimensión material de la inteligencia artificial. Trapé explicó que estas herramientas requieren una infraestructura enorme, con supercomputadoras, procesadores avanzados, centros de datos y un consumo energético mucho mayor al de búsquedas tradicionales en internet. Esa demanda coloca a los semiconductores, la energía y las materias primas críticas en el centro de una disputa económica y geopolítica.

En ese marco, mencionó acuerdos millonarios entre empresas tecnológicas y grandes actores financieros. La expansión de sistemas como Claude, de Anthropic, muestra que la inteligencia artificial ya forma parte de decisiones de inversión de bancos, fondos y compañías globales. Su crecimiento no depende solo del desarrollo de software, sino también de la capacidad de construir y sostener la infraestructura que hace posible su funcionamiento.

Reconversión y desigualdad laboral

La principal preocupación está en la reconversión laboral. Trapé advirtió que no todos los trabajadores tendrán las mismas herramientas para adaptarse y que la transición puede profundizar desigualdades. El desafío se vuelve mayor para personas de más edad, con menor acceso a capacitación o con trayectorias construidas en oficios que ahora enfrentan cambios abruptos.

El debate también incluyó el riesgo de pensar respuestas sociales que solo garanticen subsistencia, sin integración real al sistema productivo. Trapé planteó reparos frente a esquemas como la renta básica universal si terminan consolidando una clase de personas excluidas del trabajo y de la capacidad de organización laboral. La pregunta de fondo, señaló, es qué lugar ocupará el trabajo en una economía donde muchas tareas pueden ser automatizadas.

Un cambio que ya llegó a las oficinas

La inteligencia artificial ya no aparece como una amenaza futura, sino como una herramienta que muchos trabajadores usan incluso antes de que sus empresas definan reglas internas. Puede acelerar procesos, reducir costos y abrir nuevas oportunidades, pero también desplazar tareas que daban empleo a miles de personas. La diferencia entre quedar fuera o adaptarse dependerá, en buena medida, de la capacitación, la edad, el sector y la capacidad de cada actividad para incorporar valor humano.

El panorama deja una advertencia para empresas, gobiernos y trabajadores. Las profesiones del futuro estarán más vinculadas a decisión, creatividad, criterio, cuidado, gestión de personas y conocimiento especializado. Las ocupaciones basadas en tareas mecánicas, repetibles o fácilmente estandarizables enfrentarán una presión creciente por la expansión de la inteligencia artificial.