El proyecto Taca Taca, impulsado por la canadiense First Quantum Minerals, dio un paso más hacia su puesta en marcha. Con una inversión estimada en USD 3.600 millones, se perfila como una de las mayores iniciativas privadas en la Argentina de la última década. Esta semana, referentes de la compañía fueron recibidos por autoridades salteñas para avanzar en temas clave como la gestión hídrica y el impacto ambiental en el entorno de Tolar Grande, donde se instalará la mina.

«Confiamos en las bondades del proyecto y vamos a hacer todo lo que tengamos que hacer para que se pueda avanzar, custodiando la licencia social», sostuvo el ministro provincial Martín de los Ríos, cuñado del gobernador Gustavo Sáenz. La reunión también incluyó a funcionarios de minería, energía, ambiente y recursos hídricos.

Pese al entusiasmo oficial, la firma aún no solicitó formalmente su adhesión al Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), que ofrece beneficios fiscales y aduaneros. Hasta ahora, solo 13 proyectos iniciaron ese trámite, y apenas 4 fueron aprobados.

Una mina de escala internacional

Según los datos técnicos de First Quantum, Taca Taca será una operación a cielo abierto con una vida útil proyectada de 32 años y capacidad para procesar hasta 60 millones de toneladas de roca por año. La producción anual estimada incluiría unas 275.000 toneladas de cobre fino, además de oro y molibdeno como subproductos.

El yacimiento cuenta con 1.750 millones de toneladas de reservas minerales, equivalentes a más de 7,7 millones de toneladas de cobre, 5 millones de onzas de oro y 2,1 millones de toneladas de molibdeno. Esto coloca al emprendimiento entre los más grandes de la región.

El desarrollo ocupará 2.500 hectáreas e incluirá una planta de procesamiento, depósitos de relaves y roca estéril, una línea de transmisión eléctrica, una nueva vía de acceso y mejoras en el ramal ferroviario que conecta con puertos chilenos cercanos a Antofagasta.

Entorno favorable y condiciones ambientales

Ubicada a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar, en una región desértica sin población en 35 km a la redonda, la zona presenta baja biodiversidad y escasa presión hídrica, lo que facilitó los estudios de impacto ambiental.

La empresa planea implementar un sistema de monitoreo subterráneo mediante pozos perimetrales, que permitirán controlar y, si es necesario, extraer agua hipersalina para su uso interno sin afectar fuentes potables. Además, los depósitos de desechos estarán ubicados en cuencas de evaporación, lejos de cuerpos de agua.

Energía limpia y tecnología de punta

En línea con compromisos de sostenibilidad, Taca Taca apostará a energías renovables. La alimentación del proyecto combinará fuentes solares, eólicas y gas natural, abundantes en la región. También se usará maquinaria eléctrica ultra pesada y sistemas de molienda estandarizados que reducen riesgos y aceleran la construcción.

Impacto económico y empleabilidad

La fase de construcción, que podría comenzar este año si se concreta el ingreso al RIGI, demandará al menos tres años y generará miles de empleos directos e indirectos. Se espera un fuerte efecto multiplicador en sectores como transporte, servicios técnicos, insumos industriales y logística.

«Este proyecto tiene potencial para reactivar la economía argentina y posicionar al país como actor clave en el mercado global de cobre», indicaron desde First Quantum en sus presentaciones públicas.

En abril, la empresa organizó un taller informativo en San Antonio de los Cobres, con participación de referentes comunitarios, concejales, estudiantes y vecinos, donde se abordaron inquietudes sobre empleo, ambiente y agua.