El covid-19 es una de las enfermedades que ha provocado miles de muertes en todo el mundo y en algunos casos complicaciones en los pacientes. Leopoldo «Polo» Giudice, es parte de un milagro y nos cuenta su historia un año después de haber visitado a la pachamama en un sueño.

Polo es uno de los estilistas más queridos por la comunidad, pescador de lujo y asador sin competencia. En octubre del año pasado comenzó a sentirse mal. Estaba haciendo una pausa en su trabajo, empezó a padecer espasmos de frío, líneas de fiebre, tos seca. Un PCR positivo tradujo la sintomatología. Atravesó tres días de aislamiento defendiéndose con toda la artillería, internado en un sanatorio privado de Barrio Norte.

Su curso por la enfermedad fue bastante complicado: fiebre, delirios, aumento de valores de azúcar, saturación baja. «En las habitaciones la atención no era buena, las enfermeras pasaban una vez por turno, si se salía el suero podían pasar horas, no todos se podían movilizar. Recuerdo antes de entrar a terapia una señora que se tiró encima, pasaron horas y nadie la ayudó», nos cuenta Giudice desde su experiencia en el lugar.

Ingresó un sábado a la mañana, muy descompensado a terapia intensiva, a pesar del esfuerzo de los profesionales, la única solución era intubarlo. Polo tenía todos los factores que lo llevaban a una muerte segura, sobrepeso, es diabético y tiene correcciones con insulina. Los partes médicos a la familia eran desalentadores. La falta de contacto, no saber de el más que por una simple llamada.

«Nos daban información por teléfono, no podíamos pasar a verlo, siempre fuimos muy familieros, era desesperante», redacta su esposa Maria Elena quién tuvo que ser sosten de sus tres hijos, mientras estaba aislada en casa por covid-19. Pasaron 16 días en respirador, los estados de sus hijos se hacían virales. Toda persona que lo había conocido acompañaba a la familia en las coronillas de las 15h.

Su hijo Leonardo publicaba a diario «Dale, dale» junto a las fotos de Polo con un buen vino o un dorado recién pescado. La fé era algo no negociable para los Giudice. La mayor de las hijas y sucesora de su peluquería, Lali, cuenta que nunca existió para ellos otro fin que el que milagrosamente hoy pueden celebrar. Antes de intentar el primer destete, le consiguieron autorización a una visita muy particular, «la niña sanadora».

Era su hija Gabriela, vestida de astronauta. «Me decían que no podía acercarme mucho. Lo vi y no podía creer. No pude contenerme y lo acaricie, no me importaba el riesgo que corría. Necesitaba que sepa que era yo quien estaba ahí. Que su familia lo esperaba, que todos lo queríamos en casa. Le canté su tema favorito ‘La noche sin tí’ y le puse un aceite milagroso que me habían dado para el. Me fui destrozada», cuenta todavía conmovida la más pequeña de los Giudice.

El destete fue un éxito, Polo estaba vivo y con hambre, las gelatinas no eran una opción para el dueño de los mejores eventos Gourmet de Tucumán. «El señor a penas podía hablar, y nos pedía guiso de lentejas, así lo apodamos en terapia, y lo hicimos prometer que nos cocinaría uno cuando este de alta», dice entre risas una enfermera del sanatorio céntrico. La recuperación fue lenta.

Volvió con oxigeno a su casa, en el barrio lo esperaban los vecinos con música y pancartas, Polo le había puesto color a la esperanza, había roto una creencia de que pacientes como el no podían salir y ser parte de un milagro. La recuperación fue lenta, pero gracias al equipo terapéutico hoy Polo tiene una vida normal, volvió al Náutico de termas, a pescar y a las reuniones interminables de buena vida y poca vergüenza.

«Creo que en respirador tuve un sueño, yo estaba en una fila en un lugar y al llegar un gordito grande de vestido, para mi la pachamama, me dijo que vuelva, que no entraría nadie más. supongo que fue mi segunda oportunidad. Agradezco todo el amor recibido, hoy valoro más mi familia, amigos y la vida», culmina el estilista en la entrevista. Hoy atiende de nuevo en su salón y el emprendimiento de comidas árabes que tiene con su hija y su esposa.