Un equipo de investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) estudia desde hace años si los componentes de la yerba mate pueden tener un efecto protector sobre neuronas vinculadas al Parkinson. Los trabajos se concentran en las neuronas dopaminérgicas, las más afectadas por esta enfermedad neurodegenerativa. En modelos experimentales, los científicos observaron que extractos de yerba mate redujeron la muerte celular y favorecieron la supervivencia neuronal.

La línea de investigación es encabezada por el biólogo Juan Ferrario, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. En 2019, un trabajo publicado en la revista especializada Movement Disorders, realizado por investigadores del CONICET, mostró que la yerba mate prolongaba la vida de neuronas dopaminérgicas en cultivo. «Vimos que los extractos de yerba mate reducían la muerte de estas neuronas, favorecían la supervivencia o la sobrevida», explicó el investigador.

Una hipótesis que nació de estudios en pacientes

El interés del equipo se apoyó en investigaciones epidemiológicas realizadas en Argentina. Una de las primeras señales apareció en 2015, con un estudio liderado por Emilia Gatto, que analizó a más de 600 personas y encontró una relación inversa entre consumo de mate y aparición de Parkinson. Desde entonces, otros trabajos reforzaron esa hipótesis y llevaron al grupo de Ferrario a probar el efecto en modelos celulares.

El investigador explicó que ya trabajaba en neuroprotección desde hacía más de dos décadas cuando decidió llevar esa pregunta al laboratorio. «Cuando surgió el trabajo del mate hecho en pacientes, dije: “Uy, quiero ver qué pasa en mi modelo”», relató. A partir de esos ensayos, el grupo comenzó a concentrar gran parte de sus investigaciones en los posibles efectos de la yerba mate sobre la salud neuronal.

Qué observaron en el laboratorio

En cultivos celulares, el extracto de yerba mate mostró capacidad para retrasar la muerte de neuronas dopaminérgicas. Estas células cumplen un papel central en el control del movimiento y son las que se deterioran progresivamente en el Parkinson. Los investigadores también observaron señales de crecimiento de axones y dendritas, estructuras clave para la conectividad neuronal.

Los estudios no se limitaron a cultivos de laboratorio. En colaboración con la Universidad Nacional de Entre Ríos, el equipo también probó el efecto en modelos con ratones y registró una reducción del daño cercana al 12%. Aunque se trata de resultados experimentales y todavía no de ensayos clínicos en humanos, los datos abrieron una línea de investigación sobre posibles estrategias de protección neuronal asociadas a hábitos cotidianos.

El papel de la limpieza celular

Una de las claves del trabajo está en la autofagia, un proceso mediante el cual las células eliminan residuos y reciclan componentes internos. En enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson, ese mecanismo puede fallar y favorecer la acumulación de desechos dentro de las neuronas. Según Ferrario, estimular de manera intermitente esa limpieza celular podría ayudar a frenar o reducir el avance del deterioro.

El equipo identificó que la yerba mate puede activar procesos asociados a esa función. El foco está puesto en el ácido clorogénico, un polifenol antioxidante presente en la planta y también en el café. «El ácido clorogénico podría estar regulando de manera indirecta un proceso que se llama autofagia, que es muy beneficioso para la vida de las neuronas», señaló el investigador.

El compuesto bajo estudio

El ácido clorogénico representa una porción relevante de los componentes químicos de la yerba mate. Según Ferrario, los polifenoles equivalen a casi el 9% del peso seco del mate, y este compuesto concentra gran parte del interés científico. En los ensayos, el ácido clorogénico comercial también mostró capacidad para proteger neuronas en modelos experimentales.

El mecanismo estaría vinculado con la activación de una molécula llamada AMPK, que regula el metabolismo energético de las células y participa en procesos de limpieza interna. Los investigadores también analizaron otros componentes de la yerba, como la teobromina, y encontraron señales neuroprotectoras. Sin embargo, el extracto completo de yerba mate mostró una potencia mayor que sus componentes aislados.

Un avance prometedor, pero todavía experimental

Los resultados entusiasman al equipo, aunque los investigadores remarcan que todavía falta avanzar hacia estudios clínicos concluyentes en humanos. Hasta ahora, la evidencia surge de estudios epidemiológicos, cultivos celulares y modelos animales. Por eso, el posible vínculo entre consumo de mate y retraso del Parkinson debe interpretarse como una hipótesis científica en desarrollo.

Ferrario afirmó que los avances recientes permitieron demostrar efectos sobre AMPK y señales compatibles con la activación de la autofagia. También aclaró que el equipo todavía debe completar controles antes de publicar nuevos resultados en revistas científicas internacionales. «Esto está en proceso de finalización para poder publicarlo», indicó el investigador.