Horacio Rosatti apareció en una reunión clave del Consejo de la Magistratura y le dio volumen político a una discusión que ya venía cargada: la reforma del reglamento de concursos para designar magistrados. Aunque no integra ninguna de las dos comisiones que abrieron el debate, el presidente de la Corte y del propio Consejo se hizo presente al inicio del encuentro para respaldar el tratamiento de los proyectos y, en particular, la propuesta impulsada desde el máximo tribunal.

Su intervención fue breve, pero dejó un mensaje claro. Rosatti agradeció la rapidez con la que el Consejo tomó el tema, destacó que la Corte ya acercó una iniciativa con “elementos valiosos” y planteó que el texto todavía puede enriquecerse con aportes de consejeros y organizaciones que pidieron participar. Después de esa señal, se retiró para continuar con la actividad de la Corte.

El gesto no pasó desapercibido. La discusión arrancó atravesada por una tensión evidente entre el impulso de la Corte para acelerar una reforma y la advertencia de algunos consejeros que no quieren convalidar el proyecto sin discusión. El más directo fue Alberto Lugones, titular de la comisión de Reglamentación, que antes de la llegada de Rosatti dejó una frase que marcó el clima: dijo que trabajará sobre la propuesta, pero que no firmará nada “a libro cerrado”.

Una reforma con sello de la Corte

La iniciativa que ahora empezó a debatirse fue plasmada en la acordada 4/2026, aprobada por la Corte Suprema el 25 de marzo y luego presentada públicamente por Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti. El texto busca rediseñar de manera integral el sistema de concursos para cubrir más de 200 vacantes en la justicia federal, un problema que desde hace años arrastra demoras, cuestionamientos y acusaciones de discrecionalidad.

Entre los cambios más relevantes, la propuesta divide los concursos en anticipados y especiales. Los primeros serían la regla general y deberían quedar incorporados a un plan anual aprobado por la comisión de Selección y el plenario del Consejo. Además, se prevé una nueva prueba de oposición con una parte general de preguntas sorteadas y corregidas de forma automatizada, y otra etapa específica con resolución de casos prácticos.

El foco en la objetividad y los límites del sistema actual

La reforma también apunta a modificar cómo se ponderan los antecedentes y cómo se desarrollan las entrevistas personales. Según el esquema impulsado por la Corte, estas últimas deberían ser públicas, transmitidas por medios audiovisuales y con un puntaje limitado. El objetivo, al menos en los papeles, es reducir márgenes de arbitrariedad y reforzar criterios de objetividad, transparencia y previsibilidad.

En la propia acordada, el máximo tribunal sostuvo que una de las principales fallas del sistema vigente es que muchas veces premia el mero recorrido burocrático por encima del mérito académico o del rendimiento real. Ese diagnóstico es uno de los ejes de la discusión que ahora se abre en el Consejo, donde conviven sectores que comparten la necesidad de cambios con otros que recelan del peso que la Corte intenta imprimirle a la reforma.

La reunión, encabezada por Lugones y por María Fernanda Vázquez, presidenta de la comisión de Selección, reunió a representantes de distintos estamentos del organismo. Con Rosatti presente al inicio, la discusión empezó a tomar temperatura política desde el primer minuto. Y aunque todavía falta el recorrido por comisiones y una futura aprobación en el plenario, el mensaje ya quedó instalado: la disputa por cómo se seleccionarán los próximos jueces federales acaba de entrar en una etapa decisiva.