Rafael Grossi alertó por el estrecho de Ormuz: «Es el cisne negro de la guerra en Medio Oriente»
Rafael Grossi, titular del Organismo Internacional de Energía Atómica y candidato a secretario general de la ONU, advirtió que la crisis en el estrecho de Ormuz se convirtió en un factor decisivo para la economía global. El funcionario argentino participó de la Conferencia de Seguridad Hemisférica en la Universidad Internacional de Florida, donde analizó el escenario abierto por la guerra en Medio Oriente, el conflicto en Europa y las tensiones políticas en América Latina. Tras su exposición, sostuvo que la situación en Ormuz exige una negociación urgente, en diálogo con Infobae.
Grossi definió al estrecho de Ormuz como «el cisne negro» del nuevo episodio bélico en Medio Oriente por su impacto inesperado en economías alejadas de la región. Según explicó, el bloqueo o la amenaza sobre la libre navegación le otorgó a Irán un activo estratégico que hasta ahora no había sido utilizado de esa manera. Para el titular del OIEA, ese punto altera el orden de prioridades de cualquier negociación internacional.
Ormuz, la prioridad de la negociación
El diplomático argentino sostuvo que el conflicto requiere soluciones que todavía no están sobre la mesa. En su análisis, el primer paso debería ser encontrar un «modus vivendi» con Irán, capaz de incluir la libre navegación, las capacidades misilísticas, el apoyo a grupos armados y el programa nuclear. Aunque el desarrollo nuclear iraní fue el origen de la crisis, Grossi consideró que ahora quedó desplazado por la urgencia económica y estratégica del estrecho.
Consultado sobre la prioridad del momento, Grossi respondió que Ormuz debe ser abordado de manera inmediata. Argumentó que la situación ya genera una disrupción en la economía global, con impacto en el precio del gas, los insumos y los fertilizantes. También advirtió que las consecuencias inflacionarias pueden sentirse en Estados Unidos, Europa y América Latina.
El rol de Irán y los actores internacionales
Para Grossi, Irán logró imponer el orden de la negociación porque su capacidad de condicionar la navegación en el estrecho cambió el escenario. «Irán lo creó», afirmó al referirse al cisne negro que, según su mirada, puso a Teherán en una posición de fuerza. Esa situación obliga a los demás actores a resolver primero el punto que afecta el comercio energético y la estabilidad económica.
El titular del OIEA también se refirió a los formatos de negociación que se analizan para buscar una salida. Mencionó la participación de Pakistán y la presencia de otros países que, aunque no siempre aparecen en la mesa principal, intervienen en las conversaciones. Recordó además experiencias previas en las que Irán, Estados Unidos y el OIEA dialogaron con la participación indirecta de delegados de distintos gobiernos.
La ONU y la candidatura de Grossi
Grossi vinculó su experiencia en estas negociaciones con su candidatura a la Secretaría General de Naciones Unidas. Afirmó que hubiera buscado participar de una negociación sobre Irán, porque conoce a los actores involucrados y estuvo directamente relacionado con varias crisis internacionales recientes. Según planteó, esa trayectoria fortalece su perfil dentro del sistema multilateral.
El funcionario señaló que Naciones Unidas no ocupa un lugar central en el actual esquema de negociación, algo que él habría intentado modificar. En su visión, el organismo internacional debe recuperar capacidad de intervención en conflictos que afectan la seguridad global. También remarcó que pocas figuras del sistema multilateral participaron de manera directa en tantas negociaciones sensibles como las vinculadas al programa nuclear iraní.
El programa nuclear iraní
Grossi sostuvo que cualquier acuerdo con Irán debe asegurar el material nuclear existente y evitar su desvío hacia la fabricación de armas. En ese punto, mencionó la existencia de más de 400 kilos de uranio enriquecido al 60%, un nivel que podría acercarse al grado militar con un esfuerzo adicional. Para el titular del OIEA, la prioridad técnica es saber dónde está ese material y garantizar que permanezca bajo control.
Entre las alternativas, Grossi mencionó la posibilidad de exportar el material a un tercer país o reducir su nivel de enriquecimiento. Explicó esa segunda opción con una imagen directa: «echarle agua al vino», para alejar el uranio del umbral bélico. De todos modos, aclaró que ninguna salida depende solo de una idea técnica, porque Irán exigiría garantías de seguridad y el descongelamiento de fondos bloqueados.
Un acuerdo indispensable
El diplomático argentino consideró que el acuerdo nuclear de 2015 quedó superado por el tiempo. Según afirmó, aquel pacto fue diseñado para un Irán con capacidades nucleares mucho más modestas. Para describir la diferencia, señaló que el país pasó de ir «en Fiat 600» a moverse «en una Ferrari».
Grossi sostuvo que un nuevo acuerdo entre Estados Unidos e Irán resulta indispensable para evitar que la crisis siga abierta. A su criterio, sin una negociación efectiva, el riesgo de una nueva escalada militar continuará presente. Cuando le preguntaron si la guerra podía volver en caso de no alcanzar un entendimiento, su respuesta fue directa: «Sí».
