La informalidad ya alcanza al 43% del empleo y golpea de lleno al corazón del mercado de trabajo
La informalidad laboral volvió a instalarse en niveles que la Argentina no logró dejar atrás desde hace casi dos décadas. Un informe del Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales de la UBA advirtió que el 43% de la fuerza laboral trabaja por fuera del sistema formal, sin cobertura legal, aportes ni seguridad social. El dato equivale a 4 de cada 10 trabajadores y muestra que el empleo en negro ya no aparece como una excepción ni como un fenómeno periférico, sino como una de las marcas más persistentes del mercado laboral argentino.
El estudio señala que la tasa actual es prácticamente igual a la registrada en 2008 y apenas 1,5 puntos inferior al máximo observado desde 2003, con la excepción del salto extraordinario que dejó la pandemia. Lejos de corregirse, el problema se volvió estructural. Además, la informalidad ya no se concentra solo en los sectores más jóvenes o marginales, sino que atraviesa con fuerza al núcleo más activo de la población ocupada.
La franja central del empleo también está alcanzada
Uno de los datos más fuertes del informe es que casi la mitad de los trabajadores informales tiene entre 25 y 44 años. Ese grupo representa el 48,5% del total y registra una tasa de informalidad del 42,2%. La cifra desarma la idea de que el trabajo en negro queda acotado a etapas de ingreso al mercado laboral o a empleos de paso: también impacta sobre quienes deberían estar en la etapa más estable de su vida laboral.
Entre los jóvenes de 16 a 24 años la situación es todavía más crítica. Allí la informalidad trepa al 67,4%, lo que implica que casi 7 de cada 10 asalariados jóvenes trabajan sin aportes ni cobertura. Más que una dificultad transitoria, el dato vuelve a mostrar un problema de inserción laboral profunda, que condiciona el arranque de miles de trayectorias laborales y las deja atadas a empleos precarios desde el inicio.
Pequeñas empresas, comercio y construcción, en el centro del problema
El informe también deja en claro dónde se concentra con más fuerza la informalidad. El 76% de los trabajadores en negro se desempeña en empresas de hasta cinco personas, mientras que menos del 10% lo hace en firmas de más de cuarenta empleados. La radiografía refuerza el peso de las microempresas en la estructura del empleo precario y confirma que la debilidad del entramado formal es especialmente fuerte en unidades productivas pequeñas.
Por actividad, el comercio encabeza el volumen total de empleo informal con el 29,8% de los casos. Detrás aparecen construcción, con 14,2%; industria, con 11,6%; y servicio doméstico, con 11,2%. Son rubros de fuerte presencia territorial, intensivos en trabajo presencial y con niveles históricamente bajos de formalización. En ese mapa, la construcción y las tareas domésticas siguen destacándose como los sectores más vulnerables.
El peso geográfico y social de la precarización
La distribución territorial confirma que el problema tiene su mayor anclaje en el centro económico del país. El Gran Buenos Aires concentra el 52,6% de los casos de informalidad, seguido por la región pampeana y el Noroeste argentino. Esa localización muestra que el trabajo en negro no es un fenómeno aislado de economías periféricas, sino una realidad muy extendida en las áreas de mayor población y actividad económica.
La diferencia por género es menor, aunque también existe. Los hombres representan el 54,6% de los trabajadores informales, frente al 45,4% de mujeres. En ambos casos, la mayoría tiene un nivel educativo medio: el 45,2% cuenta con secundario completo o estudios universitarios incompletos y otro 45% no terminó la secundaria. Eso refuerza la idea de que la informalidad no se reduce a los extremos del sistema educativo, sino que también afecta a sectores medios con inserciones laborales frágiles.
Trabajar informal también es ganar menos y ser más pobre
La precariedad no se limita a la falta de aportes o de derechos laborales. El informe remarca que los asalariados informales ganaron, en promedio, 38% menos que los formales durante el tercer trimestre de 2025. En términos simples, donde un trabajador registrado percibe 100.000 pesos, uno no registrado recibe apenas 62.000. Esa diferencia no solo afecta el presente, sino que también condiciona jubilación, cobertura médica y cualquier posibilidad de estabilidad futura.
La pobreza también golpea con más fuerza entre quienes trabajan en negro. Mientras el 18,2% de los ocupados vive en hogares bajo la línea de pobreza, la cifra sube a 31,6% entre los informales y baja a 9,1% entre los formales. Además, el 8,6% de los trabajadores informales vive en hogares que no alcanzan ni la mitad de la canasta básica total, contra apenas 1,3% entre quienes están registrados.
Servicio doméstico y construcción, los focos más duros
Cuando se observa la tasa de informalidad por sector, los datos se vuelven todavía más crudos. El servicio doméstico aparece con el nivel más alto, 79,8%, seguido de cerca por la construcción, con 72,6%. En ambos casos, la precarización está muy atada a segmentos de menor nivel educativo y a estructuras laborales débiles o directamente desprotegidas.
El informe muestra además que la combinación entre género y educación profundiza aún más las brechas. Cerca de 7 de cada 10 mujeres con bajo nivel educativo trabajan en la informalidad, una incidencia que cuadruplica la de los varones universitarios. En los hombres, la distancia entre menor y mayor nivel educativo es de 49 puntos; en las mujeres, roza los 54. La informalidad, así, también funciona como un espejo de desigualdades previas que el mercado laboral no corrige, sino que amplifica.
Un problema estructural que no se mueve
A nivel regional, la Argentina aparece en una posición intermedia entre los países latinoamericanos analizados por el estudio. Está mejor que economías con niveles de informalidad muy altos, como Paraguay, Ecuador o Perú, pero queda lejos de los registros más bajos de Chile, Brasil o Costa Rica. Esa comparación deja una conclusión incómoda: el país no logró revertir un problema histórico y sigue atrapado en un piso demasiado alto de precarización.
La persistencia del 43% de informalidad confirma que el deterioro del mercado laboral no se explica solo por las crisis coyunturales. Hay un problema de fondo, asentado sobre la debilidad de las pequeñas empresas, la precariedad sectorial, la baja calidad del empleo y la dificultad para generar puestos formales de manera sostenida. El trabajo en negro volvió a niveles de 2008, pero el dato más preocupante es otro: nunca se fue del todo.