La guerra en Medio Oriente frenó un megaejercicio militar entre Argentina y EE.UU.
Los ejercicios militares conjuntos que Argentina y Estados Unidos planeaban realizar este mes quedaron postergados por la prolongación del conflicto en Medio Oriente. El operativo, conocido como Daga Atlántica, iba a desarrollarse en territorio argentino con despliegue de fuerzas especiales, aeronaves y equipos de ambos países, pero debió ser reprogramado por el impacto que la crisis en la zona del Golfo sigue teniendo sobre la agenda militar norteamericana.
Según trascendió desde el Gobierno, la nueva ventana de realización se mueve entre fines de abril y mayo. La modificación respondió a un pedido del Comando Sur de Estados Unidos, que necesitó reorganizar recursos a partir de la escalada en la región, atravesada por el conflicto con Irán y por la presión sobre el estrecho de Ormuz, una vía clave para el transporte global de petróleo.
Un operativo que era central para ambos gobiernos
Daga Atlántica había sido pensado como uno de los movimientos más importantes de la agenda bilateral en materia de defensa. No se trataba de una práctica menor ni de un intercambio simbólico: el plan incluía maniobras conjuntas en distintos puntos del país y buscaba profundizar la coordinación operativa entre las fuerzas armadas argentinas y unidades de elite de Estados Unidos.
Aunque la confirmación oficial de todos los componentes no había sido difundida, el esquema inicial contemplaba la participación del Ejército Argentino, la Fuerza Aérea Argentina y la Armada Argentina. Del lado estadounidense, se proyectaba la intervención de tropas especiales como los Boinas Verdes, el Comando de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea y efectivos del Marine Corps Forces Special Operations Command.
Qué tipo de entrenamiento estaba previsto
El ejercicio no se limitaba a una demostración de presencia militar. El diseño incluía prácticas de rescate de rehenes, operaciones contra terrorismo y entrenamiento en ciberdefensa, tres áreas sensibles dentro de la cooperación actual entre ambos países. También se manejaba con fuerte reserva el detalle de las unidades involucradas y de las locaciones, aunque entre las provincias mencionadas aparecían Tierra del Fuego y Santa Cruz.
Desde el oficialismo habían llegado a definir el operativo como el ejercicio combinado más relevante de la historia reciente de la defensa argentina. Esa calificación reflejaba la dimensión política que tenía el acuerdo, además del componente estrictamente militar.
Un vínculo que ya venía en construcción
La base formal para concretar Daga Atlántica había quedado sellada en marzo de 2025, con la firma de un memorando de entendimiento en Buenos Aires. Ese documento fijó compromisos para realizar entrenamientos conjuntos, intercambio de especialistas y coordinación de prácticas operacionales entre ambos países.
En aquel momento, el Estado Mayor Conjunto había subrayado que este tipo de ejercicios servía para mejorar la preparación militar y fortalecer la defensa regional a través de tareas compartidas. Ahora, con la postergación ya decidida, la prioridad pasó a ser reordenar la logística y fijar una nueva fecha sin desmontar el objetivo político de fondo.
La crisis externa alteró el calendario
La postergación deja en evidencia hasta qué punto la tensión en Medio Oriente impacta más allá de la región. La administración estadounidense tuvo que redistribuir capacidades ante una agenda militar que sigue condicionada por el escenario del Golfo, incluso después del reciente alto el fuego anunciado por Donald Trump con Irán.
Para la Argentina, el corrimiento del operativo llega justo cuando el Gobierno insiste en mostrar un alineamiento internacional cada vez más claro con Washington. En ese marco, la demora no parece responder a un repliegue local, sino a una reconfiguración más amplia de prioridades estratégicas del lado norteamericano.
La señal política que busca sostener la Casa Rosada
En los últimos días, el oficialismo reforzó públicamente esa cercanía con la administración de Trump. Durante una exposición en una cumbre del Atlantic Council en Buenos Aires, el canciller Pablo Quirno remarcó que la relación bilateral con Estados Unidos se apoya en coincidencias políticas y en una complementariedad económica creciente.
El funcionario sostuvo que ambos países comparten una visión sobre el papel del sector privado, la importancia de las cadenas de valor seguras. Y la necesidad de fortalecer áreas estratégicas como energía, minerales críticos e inversiones. También destacó que la Argentina ofrece algo especialmente valorado en el tablero actual. Estabilidad geopolítica, alineamiento sin ambigüedades y voluntad de ocupar un lugar más visible dentro del hemisferio occidental.
Defensa, energía y recursos estratégicos
Ese discurso no aparece desconectado de la agenda militar. La cooperación en defensa se cruza con una visión más amplia del vínculo bilateral. Y en la que también entran Vaca Muerta, el litio, el cobre, el uranio y la infraestructura. En otras palabras, la relación con Estados Unidos no está siendo presentada solo en términos diplomáticos o militares. Mas bien como una asociación estratégica de mayor alcance.
Por eso, aunque Daga Atlántica haya quedado en pausa, su reprogramación se lee dentro de un mismo movimiento. El intento del Gobierno argentino de consolidar una alianza más estrecha con Washington en un momento de fuerte tensión internacional. El ejercicio no fue cancelado. Solo quedó atrapado, al menos por ahora, en una guerra que sigue desordenando prioridades mucho más allá de Medio Oriente.