El equipo económico del presidente Javier Milei busca cerrar en los próximos días un nuevo programa con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que permita apuntalar las reservas del Banco Central (BCRA). La negociación, que ya entró en su fase final, se da en un contexto complejo: pérdida de divisas, fuerte presión sobre los activos argentinos y un escenario internacional enrarecido por la guerra de aranceles impulsada por Estados Unidos.

El Gobierno espera un primer desembolso que podría alcanzar los USD 8.000 millones. Aunque se trata de una cifra excepcional para un primer giro, en el Palacio de Hacienda creen que el monto podría ser aún mayor, al estar respaldado por un plan de ajuste fiscal y monetario ya en marcha. El objetivo es claro: fortalecer el activo del Banco Central y recuperar divisas de libre disponibilidad en un contexto donde las reservas netas se encuentran en terreno negativo.

Un escenario crítico para las reservas

Desde el inicio del año, la autoridad monetaria acumuló más de diez ruedas consecutivas con saldo vendedor en el mercado oficial de cambios. A esto se sumó el impacto externo generado por las tensiones comerciales globales, que afectaron las cotizaciones de los bonos soberanos y dispararon el riesgo país por encima de los 800 puntos básicos.

En este marco, el Gobierno apuesta a un acuerdo amplio con el FMI, que incluiría también fondos de organismos bilaterales y una ampliación del préstamo repo con bancos internacionales. La meta oficial es alcanzar los USD 20.000 millones en el nuevo programa, con desembolsos de libre disponibilidad para afrontar la falta de divisas.

Un contexto distinto al de 2018

Aunque la negociación con el Fondo recuerda por momentos al acuerdo de 2018, desde el Gobierno aseguran que el contexto es muy diferente. Por un lado, no se busca evitar un default inminente, sino consolidar un esquema de estabilidad basado en superávit fiscal y control del gasto público. Por otro, la deuda en pesos tiene vencimientos más distribuidos, lo que reduce la presión financiera inmediata.

En términos de reservas, las diferencias también son notables. Mientras que en 2018 el BCRA contaba con USD 38.000 millones netos —equivalentes a seis meses de importaciones—, hoy ese nivel es negativo, lo que limita el margen de maniobra ante eventuales shocks.

Presión sobre el mercado y la necesidad de confianza

Uno de los factores que distingue al 2025 es la baja exposición de la deuda en pesos al capital extranjero. A diferencia de años anteriores, la mayoría de los tenedores son locales, lo que disminuye el riesgo de fuga en contextos de tensión global. Sin embargo, los analistas advierten que, sin una estrategia clara y sostenida, ese colchón podría convertirse en una vulnerabilidad.

Desde FMyA explicaron que “aunque el superávit fiscal, el menor déficit externo y la baja dependencia de deuda externa son señales positivas, la falta de reservas y el stock elevado de pasivos en pesos siguen siendo riesgos latentes”.

La mirada del Gobierno

En Balcarce 50 apuestan a que la aprobación del programa con el FMI llegue antes de fin de abril. La intención es recuperar centralidad en la agenda política tras el escándalo por la criptomoneda $LIBRA y retomar la iniciativa con medidas concretas en medio de un clima económico y político volátil.

El gobierno de Milei considera que un acuerdo robusto con el FMI no solo servirá para estabilizar el frente externo, sino también para consolidar las expectativas del mercado y dar señales claras de compromiso con el rumbo económico elegido.