La «cortina del lecho marino» que busca frenar el colapso del glaciar del Juicio Final
Un equipo internacional de científicos e ingenieros trabaja en una estructura submarina destinada a proteger al glaciar Thwaites, en la Antártida occidental. La iniciativa propone instalar una gran cortina sobre el lecho marino para desviar las corrientes cálidas que llegan hasta la base del bloque de hielo y aceleran su derretimiento. El proyecto surgió en 2024 y cobró nuevo impulso después de una expedición oceanográfica realizada durante los primeros meses de 2026.
Thwaites es conocido como el «glaciar del Juicio Final» por las consecuencias que tendría su eventual colapso sobre el nivel de los océanos. Con cerca de 120 kilómetros de ancho, es considerado el glaciar más amplio del planeta y uno de los puntos más vulnerables frente al calentamiento global. Según la Universidad del Ártico, su pérdida de hielo ya representa alrededor del 4% del aumento global del nivel del mar.
La institución estima que un colapso completo podría elevar el nivel de los océanos en unos 65 centímetros. Ese escenario afectaría a ciudades costeras, ecosistemas marinos y comunidades de distintas regiones del mundo. Los responsables del proyecto sostienen que la reducción de emisiones sigue siendo indispensable, aunque podría resultar insuficiente para estabilizar algunas capas de hielo ya expuestas a corrientes oceánicas más cálidas.
Cómo funcionaría la barrera submarina
La propuesta contempla una cortina de aproximadamente 80 kilómetros de largo, ubicada a una profundidad cercana a los 600 metros y con una altura de 150 metros. Su función sería bloquear o desviar parte del agua cálida que circula por las profundidades y entra en contacto con la base del glaciar. De esa manera, los investigadores esperan reducir el deshielo que se produce debajo de las plataformas flotantes.
Entre enero y marzo de 2026, una expedición del Instituto Coreano de Investigación Polar (KOPRI) reunió datos sobre temperatura, salinidad, corrientes y turbulencias en la zona. Las mediciones permitirán estudiar con mayor precisión cómo llega el agua cálida hasta el frente glaciar y qué efectos tendría una intervención de esta magnitud. El equipo también analiza si la estructura podría alterar la circulación oceánica o provocar consecuencias sobre los ecosistemas antárticos.
Los científicos prevén contar en septiembre de 2026 con un informe sobre el posible impacto ambiental de la cortina. Otra etapa del proyecto incluye la creación de un gemelo digital en tres dimensiones para reproducir el comportamiento del océano y probar distintos escenarios. Esa herramienta permitiría evaluar diseños, dimensiones y ubicaciones antes de considerar una instalación real en el mar de Amundsen.
Un proyecto internacional todavía en evaluación
En la iniciativa participan especialistas de la Universidad de Cambridge, la Universidad de Chicago, la Universidad de Nueva York, el Dartmouth College y el Instituto Alfred Wegener. También colaboran el Instituto Noruego de Investigación del Agua, Aker Solutions y el Centro Ártico de la Universidad de Laponia. El financiamiento incluye aportes y donaciones canalizados mediante la Fundación Tom Wilhelmsen.
La cortina permanece en una fase de investigación y todavía debe superar evaluaciones técnicas, económicas y ambientales. Sus responsables buscan determinar si una obra de estas dimensiones puede resistir las condiciones extremas de la Antártida sin generar daños mayores en el entorno. Los resultados de los estudios definirán si la propuesta avanza hacia ensayos a mayor escala o permanece como una alternativa experimental.
