La estabilización de algunas variables económicas estaría modificando el modo en que las compañías evalúan sus proyectos en la Argentina. Un análisis del presidente y CEO de Abeceb sostiene que el riesgo dejó de depender casi exclusivamente de la macroeconomía y comenzó a trasladarse hacia las decisiones internas de cada empresa. Productividad, costos, capacidad de gestión y velocidad de ejecución aparecen así como factores cada vez más determinantes.

Durante décadas, la inflación, las distorsiones cambiarias, la protección comercial y la incertidumbre política condicionaron buena parte de los resultados empresariales. Ese contexto también podía ocultar ineficiencias internas, ya que pertenecer a un sector protegido o contar con ventajas regulatorias alcanzaba muchas veces para sostener la rentabilidad. Con un escenario más previsible, esas debilidades quedarían expuestas frente a competidores locales e internacionales.

El planteo distingue tres niveles: las reglas estructurales de la economía, el riesgo país y el riesgo propio de cada negocio. Los dos primeros continúan influyendo, pero el tercero ganaría relevancia a medida que disminuye la incertidumbre general. Dos compañías de una misma actividad podrían enfrentar idénticas condiciones externas y obtener resultados opuestos según su productividad y capacidad de ejecución.

La inversión como condición para sostener el crecimiento

El análisis advierte que estabilizar la economía no garantiza por sí mismo una expansión prolongada. La formación bruta de capital fijo equivale al 14,3% del Producto Bruto Interno, mientras que un crecimiento cercano al 4% anual requeriría una inversión de entre el 20% y el 22%. Alcanzar ese nivel dependería de miles de decisiones empresariales tomadas de manera individual.

La caída del riesgo país también habría reducido el costo de financiamiento para nuevos proyectos. Según las cifras citadas, el descenso desde más de 2.000 puntos hasta menos de 500 comprimió cerca de 15 puntos el costo de capital en dólares. Esa mejora amplía la cantidad de iniciativas potencialmente rentables, aunque no garantiza que todas las empresas puedan aprovecharlas.

El indicador decisivo sería la diferencia entre el retorno sobre el capital invertido y el costo necesario para financiarlo. Cuando el rendimiento supera ese costo, el proyecto genera valor y puede avanzar; cuando ocurre lo contrario, la estabilidad macroeconómica no alcanza para volverlo competitivo. La productividad, los costos unitarios, la inserción internacional y los plazos de ejecución explican buena parte de esa diferencia.

La demora también puede convertirse en una pérdida

El cambio de escenario modificaría además el valor de esperar. En períodos de alta inestabilidad, postergar una inversión podía resultar una decisión prudente porque las reglas cambiaban con rapidez. Con condiciones más estables, la demora puede implicar perder mercados, socios, proveedores o posiciones que después resultarán más costosas de recuperar.

El análisis identifica oportunidades en sectores como energía, alimentos, minerales críticos y servicios basados en el conocimiento. También destaca herramientas como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), con más de USD 17.000 millones aprobados y cerca de USD 90.000 millones en evaluación. A esto suma la plataforma del Mercosur, que permitiría producir en la Argentina para abastecer a otros mercados regionales con ventajas arancelarias.

El capital internacional, sin embargo, compara destinos y asigna recursos donde encuentra mejores condiciones. Una empresa puede contar con un proyecto viable y perder la oportunidad si otro competidor logra ponerlo en marcha antes. La velocidad deja así de ser una cuestión operativa para convertirse en una parte central de la estrategia.

El desafío de competir sin la protección del contexto

Las compañías deberán revisar si sus procesos, costos y estándares permiten competir a escala internacional. También tendrán que evaluar si pueden ejecutar inversiones antes de que otros actores ocupen esos espacios. El resultado dependerá de la combinación entre la identificación temprana de oportunidades, la capacidad de gestión y la rapidez para convertirlas en negocios concretos.

La mirada de Abeceb sostiene que los directorios argentinos pasaron años concentrados en administrar restricciones y escasez. El nuevo desafío sería gestionar oportunidades en un entorno donde las diferencias entre empresas tendrán mayor peso que las condiciones generales del sector. Dentro de ese esquema, el tiempo aparece como un recurso tan importante como el capital disponible.