Estados Unidos prepara una inversión récord para acelerar la guerra autónoma con drones e IA
El Pentágono avanza con un programa de guerra autónoma que apunta a reorganizar el desarrollo militar de Estados Unidos. La iniciativa se llama Defense Autonomous Warfare Group, conocida como DAWG, y tendrá un presupuesto previsto de USD 54.600 millones para 2027. Según analizó Andrei Serbin Pont en Infobae al Mediodía, el plan busca unificar drones, sistemas no tripulados, inteligencia artificial y cazas sin piloto bajo una misma doctrina de defensa.
El monto convierte al programa en uno de los proyectos de armamento más grandes de la historia estadounidense. La inversión supera incluso el presupuesto completo del Cuerpo de Marines, estimado en USD 52.800 millones. También absorberá iniciativas previas, como el programa Replicator impulsado durante la gestión de Joe Biden, para centralizar esfuerzos que hasta ahora estaban dispersos entre distintas ramas militares.
Un nuevo comando para guerra autónoma
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció ante el Comité de las Fuerzas Armadas que el Pentágono creará un subcomando unificado de guerra autónoma. La decisión implica darle a estos sistemas una estructura institucional propia, similar a lo que ocurrió con el Comando Espacial en 2019 o con la elevación del Cibercomando en 2017. Para Serbin Pont, el cambio no se limita al presupuesto: marca una modificación de doctrina.
El programa tendrá dos líneas principales de desarrollo. La primera apunta a cazas de sexta generación capaces de operar junto a drones autónomos. La Fuerza Aérea estadounidense prevé incorporar al menos 150 unidades, con la posibilidad de llegar a 1.000 aeronaves hacia 2030.
Cada una de esas plataformas tendría un costo estimado de entre USD 25 millones y USD 30 millones. Entre los proyectos mencionados aparecen el YFQ-42A de General Atomics y el YFQ-44 de Anduril. Este último fue destacado por su velocidad de desarrollo, ya que pasó de la concepción inicial a una etapa avanzada en 556 días.
Drones baratos y producción masiva
La segunda línea del plan se concentra en drones de bajo costo y fabricación a gran escala. El programa Drone Dominance tendrá USD 39.200 millones para compra y producción doméstica de sistemas autónomos. La meta es adquirir cerca de 200.000 drones pequeños hacia 2027 y otros 340.000 durante 2028.
El Pentágono también busca reducir el costo unitario de esos equipos. Según Serbin Pont, hoy cada dron ronda los USD 5.000, pero el objetivo es llevar ese valor a unos USD 2.300. La escala de producción aparece como un punto central para sostener operaciones prolongadas y reemplazar equipos perdidos con mayor velocidad.
Ese cambio responde a una enseñanza que dejaron conflictos recientes, donde los drones baratos modificaron la forma de combatir. Estados Unidos quiere evitar depender solo de sistemas caros y difíciles de reemplazar. La nueva doctrina apunta a combinar plataformas sofisticadas con miles de unidades descartables o de menor costo.
China, el rival detrás del plan
El componente geopolítico del programa apunta directamente a China. Según el análisis, cerca del 80% de los componentes de drones pequeños se producen actualmente en territorio chino. Washington busca reducir esa dependencia e impulsar una cadena de suministro propia para componentes críticos.
La guerra autónoma se convirtió así en una pieza más de la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China. El Pentágono no solo busca desarrollar mejores drones o cazas sin piloto, sino también controlar la producción de sensores, piezas, baterías, software y sistemas de navegación. La autonomía industrial aparece como parte de la estrategia de defensa.
Serbin Pont señaló que Estados Unidos ya probó enjambres de drones en operaciones recientes en Venezuela para neutralizar defensas antiaéreas. Ese tipo de ensayos funciona como antecedente para una capacidad que el Pentágono ahora quiere transformar en estructura permanente. La diferencia estará en pasar de pruebas puntuales a producción masiva y despliegue sostenido.
El debate ético y operativo
El salto hacia armas autónomas también abrió críticas dentro del propio ecosistema de defensa. El general retirado David Petraeus y el académico Isaac Flanagan advirtieron en Defense One que parte de la inversión podría desperdiciarse si el Ejército gasta antes de definir cómo operar, entrenar y mantener esos sistemas. El riesgo no está solo en comprar tecnología, sino en incorporarla sin una doctrina clara.
El otro debate es ético. La pregunta central es qué lugar conservará la decisión humana cuando los sistemas de inteligencia artificial produzcan información, seleccionen objetivos o recomienden ataques. Serbin Pont lo resumió con una frase directa: «La máquina no tiene moral».
El senador Roger Wicker y el representante Mike Rogers, referentes del Comité de las Fuerzas Armadas, también pidieron cautela ante cambios estructurales de esa magnitud. El punto de discusión pasa por equilibrar velocidad tecnológica, control humano y responsabilidad operacional. Con USD 54.600 millones en juego, el Pentágono inicia una etapa que puede redefinir cómo se planifican las guerras del futuro.