Escaló la interna en la embajada argentina en España: un funcionario denunció que le quitaron la oficina
La representación diplomática argentina en España quedó atravesada por una disputa interna que terminó saliendo del plano reservado y explotó en público. El agregado para la Promoción de Inversiones y Comercio Internacional, Alejandro Nimo, denunció que le quitaron el despacho desde el que trabajaba en Madrid y vinculó esa decisión a diferencias políticas con el embajador Wenceslao Bunge Saravia.
El episodio se conoció después de que Nimo publicara un mensaje en redes sociales para contar que ya no disponía de la oficina en la que recibía a empresarios e inversores. Su planteo no se limitó a una queja administrativa. También cargó contra la conducción de la sede diplomática y sugirió que detrás de la medida había incomodidad por su perfil ideológico y por el tipo de actividad que venía desplegando en la capital española.
Un conflicto que salió de los despachos
La embajada argentina funciona en un edificio alquilado sobre la calle Fernando El Santo, en el barrio de Salamanca, una de las zonas más exclusivas de Madrid. Allí trabajan más de 40 personas entre personal diplomático, consular y administrativo. Según trascendió, en los últimos días circuló un memo interno en el que se informaba una reducción de espacios a partir de la finalización del alquiler de un piso donde operaba el Consulado General.
A partir de ese recorte, las autoridades administrativas comunicaron que habría una redistribución de oficinas y que parte del personal debería compartir o reubicarse en otros sectores. En ese marco se inscribió, formalmente, la decisión que afectó a Nimo. Sin embargo, lo que desde la estructura diplomática se presentó como una reconfiguración operativa derivó rápidamente en una disputa política y personal.
La denuncia pública de Nimo
El funcionario decidió exponer la situación en X y aclaró que no se trataba de un desplazamiento de su cargo, sino de la quita del despacho donde venía desarrollando su tarea. En ese mensaje sostuvo que ese espacio se había transformado en un punto de encuentro para empresarios y simpatizantes de las ideas del presidente Javier Milei en España.
Nimo fue más allá y presentó la medida como un gesto cargado de sentido político. Señaló que en su oficina había una imagen del Presidente y otros elementos vinculados a lo que definió como la “batalla cultural”. Desde esa lectura, sostuvo que deshacerse de ese despacho no fue solamente quitarle un lugar de trabajo, sino también sacar de escena un símbolo de alineamiento con el ideario libertario.
Ajuste, gastos y diferencias de enfoque
En sus críticas, Nimo cuestionó además la falta de compromiso del embajador con las consignas de achicamiento del Estado y responsabilidad fiscal que levanta el Gobierno nacional. Según expuso, había acercado propuestas para reducir gastos en la sede diplomática, pero no obtuvo respuesta. Ese fue uno de los puntos que usó para reforzar su acusación de fondo: que las diferencias ya no pasaban solo por oficinas o reordenamientos, sino por visiones opuestas sobre cómo gestionar la embajada.
Del otro lado, la explicación formal fue mucho más austera. Según la reconstrucción que circuló en la propia representación argentina, la quita del despacho se dio dentro de una reorganización general de espacios motivada por la reducción de la estructura alquilada. Esa versión niega que se haya tratado de una represalia política y busca inscribir el episodio en un criterio práctico derivado del achique físico de la sede.
Una tensión que venía de antes
De todos modos, el conflicto no parece haber nacido con la mudanza. Según distintas versiones, la relación entre Nimo y Bunge Saravia arrastraba fricciones desde hacía meses. El agregado, identificado con el ideario libertario y cercano al economista español Jesús Huerta de Soto, venía desplegando en Madrid una agenda propia con empresarios y actores del sector privado para promover inversiones hacia la Argentina.
Ese movimiento se desarrolló en paralelo a la agenda institucional de la embajada y habría generado roces por la superposición de interlocutores, compromisos y reuniones. En otras palabras, el problema no sería solo el estilo personal o la exposición política de Nimo, sino el modo en que construyó una dinámica propia dentro de una sede donde la coordinación y la centralización de contactos son parte del funcionamiento diplomático habitual.
La entrevista que habría acelerado la crisis
Uno de los episodios que, según trascendió, terminó de elevar la tensión fue una entrevista reciente de Nimo con un influencer en redes sociales. Allí defendió el ajuste fiscal del Gobierno, reivindicó la llamada “batalla cultural” y lanzó críticas al gobierno de Pedro Sánchez. En el mundo diplomático, ese tipo de manifestaciones sobre la política interna del país anfitrión suelen ser especialmente sensibles.
Ese factor aparece como una de las claves para entender la reacción dentro de la embajada. No se trató solo de una interna de oficina, sino de una disputa sobre el alcance de la representación oficial, el margen de autonomía de un funcionario y la conveniencia de mezclar gestión económica con exposición ideológica dentro de una sede estratégica para la relación bilateral.
Dos modelos en disputa dentro de una misma embajada
La figura de Bunge Saravia ayuda a entender parte de ese contraste. El embajador llegó a Madrid con un perfil técnico, moldeado por una extensa trayectoria en el sistema financiero internacional y con un mandato orientado a captar inversiones, ampliar el comercio bilateral y fortalecer el vínculo con el sector privado. Su desembarco fue leído como parte del intento del Gobierno de dar una impronta empresarial a algunas embajadas clave.
La disputa con Nimo dejó a la vista dos formas distintas de concebir esa tarea. Por un lado, una lógica más institucional, ordenada y concentrada en la coordinación central de la agenda económica. Por otro, una estrategia con mayor carga política y exposición ideológica, que intenta proyectar en el exterior la identidad discursiva del oficialismo.
Una oficina afuera y un interrogante abierto
En paralelo a la pelea, Nimo avanzó con una salida propia: alquiló una oficina en el barrio de Chamberí, también en Madrid, desde donde piensa continuar con su actividad vinculada a la promoción de inversiones. Según trascendió, no tendría previsto volver a trabajar desde la sede diplomática.
Ese dato agrega una nueva capa de tensión. Aunque formalmente conserva su cargo, su funcionamiento empieza a desplazarse hacia un esquema por fuera del edificio de la embajada, algo que abre interrogantes sobre la articulación real de sus gestiones y sobre cómo se encauzará institucionalmente una tarea que, en teoría, forma parte de la estructura oficial argentina en España.
La pelea ya salió de las paredes de la embajada y se convirtió en una interna expuesta, con derivaciones políticas y un trasfondo mucho más profundo que una simple mudanza de oficinas. Por ahora, no hubo cambios formales en los cargos. Pero el conflicto dejó una señal evidente: en una de las sedes diplomáticas más importantes para la estrategia económica del Gobierno, la convivencia interna quedó bajo fuerte tensión.