El golpe que más le dolió a Burford: la derrota que dejó en shock al fondo que había hecho del juicio contra YPF su gran apuesta
Burford Capital venía acostumbrado a moverse entre litigios millonarios, apuestas agresivas y triunfos judiciales que después convertía en negocios extraordinarios. Por eso, el fallo de la Cámara de Apelaciones de Nueva York que dejó sin efecto la condena contra la Argentina por la expropiación de YPF no fue apenas un revés: para este gigante del financiamiento de juicios, fue el golpe más fuerte de su historia reciente.
La dimensión del impacto no se mide solo por lo simbólico. Entre la sentencia dictada en 2023 por Loretta Preska y los intereses acumulados, Burford ya tenía en la mira un reclamo que superaba los USD 18.000 millones. Si ese fallo quedaba firme, iba a convertirse en una de las cobranzas más grandes jamás obtenidas por un “financista de litigios”. En cambio, la decisión de la Cámara dejó a la firma frente a un escenario completamente distinto y la golpeó también en el mercado.
La gran apuesta que se desarmó de golpe
El caso contra la Argentina era, para Burford, mucho más que un juicio importante. Era su presa más ambiciosa. Desde Londres, la firma fundada en 2009 por Christopher Bogart había construido parte de su prestigio sobre la capacidad de detectar litigios con alto potencial económico, financiar las demandas y luego quedarse con una tajada enorme de los resultados.
Con YPF, el cálculo era todavía más grande. El fondo había encontrado en la expropiación de 2012 un expediente ideal para desplegar su modelo de negocios: un Estado con antecedentes de conflicto judicial, una condena gigantesca y un litigio con enorme visibilidad internacional. Durante meses, todo parecía jugar a su favor. Pero el fallo de la Cámara vació de un golpe esa perspectiva.
El mercado mostró rápido el tamaño de la derrota
La reacción más inmediata se vio en Wall Street. Cuando Burford consiguió en septiembre de 2023 la sentencia favorable en primera instancia, la empresa había llegado a una capitalización de mercado cercana a USD 3.500 millones. Ahora, después de la decisión que anuló esa condena, la cotización cayó con fuerza.
Incluso antes del fallo, a fines de febrero, la firma todavía valía más de USD 2.000 millones. Tras conocerse la resolución, ese número se desplomó y la valuación quedó reducida a poco más de USD 750 millones. La caída mostró hasta qué punto el caso YPF estaba incorporado dentro de las expectativas de negocio de la compañía.
Una firma que hizo del litigio un negocio global
Burford se presenta a sí misma como una firma que ayuda a equilibrar fuerzas en la Justicia. Su argumento es que permite que demandantes con menos recursos puedan enfrentarse a grandes empresas o estructuras poderosas gracias al respaldo financiero y técnico que les brinda. Esa es, al menos, la versión con la que suele explicarse públicamente.
Pero alrededor de la compañía se acumuló otra imagen mucho menos amable. Críticos de peso en Estados Unidos y Europa la describen como una estructura que convierte juicios en activos financieros, presiona para maximizar ganancias y muchas veces termina condicionando las decisiones de las partes. Por eso, más de una vez fue comparada con un fondo buitre, una etiqueta que la firma rechaza.
Las sospechas y las críticas que la persiguen
Burford no solo ganó notoriedad por casos resonantes. También quedó bajo la lupa por su forma de operar. En 2019, el fondo Muddy Waters atacó con dureza su modelo contable y habló de métodos “enronescos”, en referencia a Enron, la empresa símbolo de los grandes fraudes corporativos de principios de siglo.
A eso se sumaron cuestionamientos sobre su estructura de gobierno corporativo y sobre la falta de transparencia en algunos acuerdos. En Estados Unidos, la Cámara de Comercio y varios legisladores vienen empujando proyectos para obligar a revelar con claridad qué financiadores externos están detrás de ciertos litigios y cuánto control ejercen realmente sobre ellos.
El caso Sysco y el temor a perder el control del juicio
Uno de los antecedentes más citados para explicar esas críticas fue el conflicto con Sysco, una distribuidora de alimentos que había demandado a proveedores por prácticas monopólicas. Cuando la empresa quiso avanzar en acuerdos con algunos de sus rivales, Burford, según esa acusación, bloqueó esas salidas porque prefería empujar el litigio hacia un resultado económicamente mayor.
El episodio dejó una marca fuerte. Sysco llegó a denunciar que había quedado rehén de un financiador codicioso, mientras distintos actores del sistema judicial comenzaron a reclamar que se transparenten este tipo de relaciones. La discusión de fondo es cada vez más visible: quién manda realmente en un juicio cuando detrás aparece una firma que puso millones para financiarlo.
Derrotas, fraudes y negocios extraordinarios
El historial de Burford también incluye capítulos escabrosos. Uno de los más recordados fue su participación en el caso contra Chevron en Ecuador, una demanda ambiental que después fue considerada fraudulenta y corrupta por la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya. Allí, la firma terminó diciendo que había sido engañada y que no obtuvo ganancias.
Del otro lado, también tuvo operaciones altamente rentables. Un ejemplo fue el divorcio entre la británica Tatiana Akhmedova y el oligarca ruso Farkhad Akhmedov. Burford financió la ofensiva judicial y, cuando llegó el acuerdo, se quedó con más del 55% de lo obtenido: más de USD 100 millones. Ese tipo de episodios explica por qué la empresa venía sosteniendo su reputación de jugador duro y eficaz dentro del negocio global de los litigios.
Por qué el caso YPF era distinto a todos
Lo que volvió tan especial a YPF fue el volumen, pero también el peso político. No era solo un expediente contra una empresa o contra un multimillonario: era una demanda contra el Estado argentino por una decisión de expropiación tomada en uno de los sectores más sensibles de su economía. Si Burford lograba convertir esa sentencia en dinero efectivo, iba a dejar una marca enorme en su propia historia y en la del país.
Por eso la derrota fue tan fuerte. Porque no se trata de un caso menor que salió mal ni de una pérdida absorbible dentro de una cartera amplia. Era, probablemente, el juicio más importante de todos los que financiaba. Y por ahora, el más doloroso de perder.
Lo que viene para Burford
Todavía queda una instancia potencial en la Corte Suprema de Estados Unidos, pero el escenario no parece sencillo para la firma. Ese tribunal toma muy pocos casos y, además, en este expediente el propio gobierno norteamericano ya se alineó a favor de la Argentina a través del Departamento de Justicia.
Por eso, más allá de los movimientos que Burford todavía pueda intentar, el golpe ya está dado. La firma que hizo del financiamiento de litigios un negocio multimillonario se encontró de golpe con el límite de su apuesta más grande. Y si bien su historia está llena de éxitos, esta vez le tocó cargar con una derrota que excede lo judicial: le golpeó la caja, el prestigio y la imagen de invencibilidad que había logrado construir.