El Gobierno nacional optó por una estrategia de bajo perfil tras la confirmación judicial de la condena contra Cristina Kirchner. Sin celebraciones estridentes ni declaraciones extendidas, la administración de Javier Milei limitó su reacción a un mensaje breve y calculado. El Presidente escribió «Justicia» en su cuenta de X, mientras que Patricia Bullrich fue más enfática: «Hubo justicia, el que las hace las paga».

Desde Balcarce 50 explican que no buscan transformar el fallo en un show mediático. «No es nuestra agenda», deslizó una fuente del entorno presidencial. Aunque reconocen que el impacto en redes fue significativo —un millón de menciones en las primeras 24 horas, según Ad Hoc—, consideran que una sobreactuación sería contraproducente. Incluso hubo quienes, con ironía, afirmaron que «esto con Lijo no pasaba», en referencia al rechazo kirchnerista a los pliegos de los jueces propuestos para la Corte.

El Gobierno cree que, pese a las muestras iniciales de unidad en el peronismo, ese cierre de filas no se sostendrá. «Esto va a durar 48, 72, 96 horas y después al carajo», apuntó un asesor cercano a Santiago Caputo. Esa lectura también aparece reflejada en la prensa afín al oficialismo, que anticipa una reconfiguración opositora sin figuras competitivas que logren capitalizar el respaldo que todavía conserva la expresidenta.

En la Casa Rosada aseguran que no buscan exponer a Cristina públicamente ni buscar una imagen que la ridiculice durante su eventual detención. «No somos gorilas. No queremos provocaciones innecesarias», sostuvo una funcionaria del Ejecutivo, en línea con la estrategia de evitar una escalada política.

Resquemores internos en el Frente de Todos

Las primeras grietas dentro del kirchnerismo no tardaron en emerger. La senadora Anabel Fernández Sagasti sugirió que la soledad de Cristina el día del fallo fue consecuencia de la decisión de Axel Kicillof de desdoblar las elecciones en la Provincia. El mensaje fue interpretado como un pase de factura directo al gobernador bonaerense, principal arquitecto de aquella estrategia electoral.

La Casa Rosada observa con atención estos movimientos. Aunque estiman que la figura de Cristina crecerá simbólicamente durante su prisión domiciliaria, dudan de que alguien pueda absorber su caudal electoral sin ella en carrera. «Alberto no es ejemplo. Cristina tuvo que volver a presentarse para poder trasladar votos», recordaron desde el oficialismo.

Sin tensar, pero con presencia

Durante las protestas posteriores al fallo, el Gobierno decidió intervenir de forma limitada. La presencia más fuerte de las fuerzas federales se concentró en las vías de acceso vehicular del AMBA, en especial en Panamericana y Acceso Oeste. El resto de las movilizaciones fue seguido con atención, pero sin acciones represivas. En el Ejecutivo consideraron que los disturbios fueron menores a lo esperado y calificaron la jornada como «más pacífica de lo previsto».

Uno de los episodios más condenados fue el ataque a la sede del canal TN. Sin embargo, desde Presidencia se remarcó que la mayoría de las manifestaciones se mantuvo dentro de los límites pacíficos, tanto en la sede del Partido Justicialista como en el domicilio porteño de Cristina.

Horas antes del fallo, Gendarmería había montado un operativo preventivo en los alrededores de la Casa Rosada, aunque la convocatoria allí fue escasa. «No hay clima para un nuevo 17 de octubre. Son otros tiempos», sintetizó un funcionario libertario.