Cinco años después de que los talibanes retomaran el control de Afganistán, las mujeres y niñas enfrentan restricciones que limitan su acceso a la educación, el trabajo y distintos ámbitos de la vida pública. Más de 160 decretos y disposiciones fueron adoptados desde agosto de 2021 sobre cuestiones como enseñanza, empleo, movilidad, vestimenta y participación social, según organismos internacionales. ONU Mujeres advirtió que la continuidad de estas medidas puede tener consecuencias económicas y sociales de largo plazo para el país.

Afganistán es actualmente el único país donde las niñas y mujeres tienen prohibido formalmente continuar su educación más allá del nivel primario, de acuerdo con la información citada por UNESCO. Las limitaciones alcanzan también a diferentes actividades laborales y establecen condiciones para que las mujeres puedan desplazarse fuera de sus hogares. Varias de estas disposiciones recuperaron características presentes durante el anterior período de gobierno talibán, entre finales de la década de 1990 y 2001.

«Ningún otro país en la época moderna ha desmantelado los derechos de la mitad de su población a través de leyes, políticas y prácticas en la misma medida», sostuvo ONU Mujeres al presentar un nuevo diagnóstico sobre la situación. La agencia señaló además que la crisis económica, la pobreza y las necesidades humanitarias afectan especialmente a mujeres y niñas.

Nueve de cada diez necesitan autorización para salir de sus casas

ONU Mujeres realizó encuestas a cerca de 5.000 personas en comunidades urbanas y rurales para analizar cómo cambiaron sus condiciones de vida. El estudio encontró insatisfacción tanto entre hombres como entre mujeres, aunque las razones y la intensidad de las respuestas presentaron diferencias. El 65% de las mujeres afirmó que su vida resultó peor de lo que esperaba antes de agosto de 2021, frente al 55% de los hombres.

Mientras los varones mencionaron principalmente la falta de oportunidades económicas, entre las mujeres aparecieron además la pérdida de acceso a la educación, las restricciones laborales y las limitaciones impuestas sobre su vida cotidiana. El informe relacionó esas condiciones con mayores niveles de estrés, preocupación y aislamiento. También advirtió sobre señales compatibles con un deterioro del bienestar psicológico.

El 90% de las mujeres consultadas indicó que necesita permiso de un familiar varón para salir de su vivienda. Más de la mitad afirmó hacerlo solamente una o dos veces al mes. Entre los hombres encuestados, en cambio, más del 95% señaló que sale de su casa diariamente.

Las diferencias reflejan el alcance de las restricciones sobre la autonomía cotidiana. El estudio señaló que la reducción de los espacios disponibles para estudiar, trabajar o participar de actividades sociales incrementa el aislamiento y limita las posibilidades de desarrollar una vida independiente.

La presión también aparece dentro de las comunidades

Las disposiciones oficiales conviven con una creciente presión social para que las normas sean respetadas. Cerca del 40% de las mujeres relevadas afirmó sentir mayor preocupación por la posibilidad de ser denunciada por familiares, vecinos o conocidos debido a su vestimenta, su manera de hablar o determinadas conductas.

Belquis Ahmadi, abogada especializada en derechos humanos y Afganistán, sostuvo que este proceso extendió las restricciones más allá de las instituciones estatales. Según su análisis, algunas normas terminaron incorporándose también a las dinámicas familiares y comunitarias, aumentando el control sobre las decisiones individuales de las mujeres.

La continuidad de estas condiciones preocupa especialmente por sus efectos acumulativos sobre las generaciones más jóvenes. Cada año que una niña permanece fuera de la educación secundaria reduce sus posibilidades de completar posteriormente su formación y acceder a determinados empleos. También disminuye la cantidad de mujeres preparadas para ocupar profesiones esenciales dentro del propio país.

El impacto de la exclusión educativa

UNESCO reclamó el restablecimiento del acceso a la educación secundaria y superior para niñas y mujeres afganas. El organismo advirtió que una generación que crezca sin formación suficiente puede enfrentar consecuencias duraderas y limitar también las posibilidades de desarrollo de Afganistán.

Las restricciones laborales profundizan ese problema. La exclusión de mujeres de determinadas profesiones reduce sus fuentes de ingresos y puede agravar las dificultades económicas de hogares que ya atraviesan situaciones de pobreza. También disminuye la cantidad de profesionales disponibles en sectores donde la atención de mujeres depende especialmente de personal femenino.

Los organismos internacionales consideran que la combinación entre restricciones educativas, laborales y de movilidad puede producir efectos que permanezcan incluso si las normas fueran modificadas en el futuro. Recuperar los años de formación perdidos, reconstruir trayectorias profesionales y volver a ampliar la participación femenina requeriría un proceso prolongado.

Cinco años después del regreso talibán al poder, la situación de las mujeres continúa siendo uno de los principales puntos de cuestionamiento internacional hacia las autoridades de Afganistán. ONU Mujeres y UNESCO mantienen sus pedidos para revertir las restricciones y advierten que prolongar la exclusión de millones de niñas y mujeres puede afectar las perspectivas sociales y económicas del país durante décadas.