La posible intensificación de El Niño durante la campaña agrícola 2026/27 obliga a productores y técnicos a revisar decisiones vinculadas con fechas de siembra, fertilización, sanidad y logística. Los principales centros internacionales de monitoreo climático prevén que el fenómeno continúe fortaleciéndose durante el segundo semestre de 2026 y persista a comienzos de 2027, con posibilidades de alcanzar una intensidad fuerte o muy fuerte. Para Argentina, el escenario suele estar asociado con un incremento de las precipitaciones en amplias zonas del centro y norte del país, aunque también puede generar tormentas intensas, excesos hídricos y mayores temperaturas.

El período comprendido entre octubre de 2026 y marzo de 2027 será especialmente relevante para los cultivos de verano. Una mayor disponibilidad de agua puede reducir el estrés hídrico y favorecer los rendimientos de soja, maíz y girasol, principalmente en la región pampeana y el Litoral. Al mismo tiempo, los excesos de lluvia pueden dificultar las labores, provocar anegamientos y aumentar la incidencia de determinadas enfermedades.

La situación requiere estrategias diferentes según el tipo de ambiente. En lotes con buena capacidad de drenaje, los especialistas consideran que la mayor disponibilidad hídrica puede aprovecharse para buscar rendimientos más altos. En zonas bajas, con napas cercanas o suelos más vulnerables al exceso de agua, el manejo deberá priorizar la estabilidad y reducir la exposición a pérdidas.

Trigo: humedad favorable, pero con mayor vigilancia sanitaria

El trigo atraviesa una campaña con el 97% del área sembrada en condición de normal a excelente, de acuerdo con información de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Cecilia Conde, jefa de Estimaciones Agrícolas de la entidad, explicó que las campañas bajo influencia de El Niño suelen presentar resultados variables porque el efecto depende de cómo se distribuyen las precipitaciones durante cada etapa del cultivo.

Uno de los principales riesgos aparece hacia el final del ciclo, cuando una humedad elevada puede favorecer enfermedades foliares. Dionisio Gómez, investigador de la Estación Experimental Marcos Juárez del INTA, señaló que la aparición de enfermedades depende de la combinación entre presencia del patógeno, temperatura y humedad. Entre los problemas bajo seguimiento se encuentran las royas y la fusariosis.

Esta última puede convertirse en una dificultad cuando las lluvias intensas coinciden con la floración. Además de reducir el rendimiento, el Fusarium puede afectar la calidad del grano por la presencia de toxinas. Los técnicos remarcan por eso la importancia de monitorear el cultivo durante las etapas sensibles.

La nutrición también será un aspecto relevante si la campaña termina ofreciendo un alto potencial de rendimiento. Gómez planteó que una fertilización adecuada con nitrógeno puede ayudar a acompañar ese aumento productivo sin deteriorar el contenido de proteína. Las condiciones al momento de la cosecha también serán determinantes, ya que lluvias persistentes pueden retrasar el ingreso de las máquinas y afectar la calidad del grano.

El maíz podría beneficiarse, pero el calor suma otro riesgo

Los antecedentes muestran una respuesta favorable del maíz durante campañas Niño. Según la Bolsa de Cereales, el rendimiento nacional promedió 78,4 quintales por hectárea en esos ciclos, frente a 71,8 en años neutros y 63,8 durante campañas Niña. En algunas regiones del centro del país, los rindes del maíz temprano llegaron a superar entre 15% y 28% los promedios históricos.

Agustín Podestá, analista de cultivos de la entidad, señaló que una buena disponibilidad de humedad podría favorecer el adelantamiento de las labores. Sin embargo, advirtió que los excesos durante etapas posteriores pueden provocar anegamientos y aumentar la presencia de enfermedades foliares. La decisión dependerá de las características de cada lote.

En ambientes de mayor calidad, Federico Pagnan, especialista en maíz del INTA Justiniano Posse, recomendó pensar estrategias orientadas a aprovechar el potencial productivo. Entre los aspectos centrales aparecen una correcta elección de la fecha de siembra, híbridos de alto rendimiento, ajuste de densidad y fertilización basada en diagnóstico. Fósforo, azufre, zinc y especialmente nitrógeno forman parte de las variables a evaluar.

En los ambientes más limitantes, la estrategia cambia. Allí pueden resultar convenientes siembras más tardías que permitan almacenar el agua de primavera y desplazar el período crítico hacia febrero. La elección de híbridos con mayor capacidad de adaptación y compensación se vuelve especialmente importante en esos planteos.

El Niño también puede traer temperaturas más altas

La disponibilidad de humedad no será el único factor bajo seguimiento. Cristian Russo, jefe de la Guía Estratégica para el Agro de la Bolsa de Comercio de Rosario, advirtió que el fenómeno también puede aumentar la probabilidad de períodos de temperaturas elevadas. El maíz es particularmente sensible a las olas de calor durante etapas críticas.

Por ese motivo, técnicos de la región núcleo analizan adelantar entre una y dos semanas determinadas siembras tempranas. El objetivo sería aprovechar temperaturas de suelo favorables y, al mismo tiempo, intentar evitar que las fases más sensibles coincidan con el calor de enero. Una implantación anticipada también podría reducir la exposición de las semillas a lluvias muy intensas previstas para la primavera.

La soja presenta un comportamiento históricamente favorable durante campañas Niño, aunque con una respuesta más moderada. Los datos de la Bolsa de Cereales muestran un promedio de 30 quintales por hectárea frente a 26,6 en años neutros. La soja de primera tendría mejores posibilidades de aprovechar la humedad, mientras la de segunda podría quedar más expuesta a excesos en determinadas zonas.

Qué podría ocurrir en Tucumán y el norte argentino

Las proyecciones incluidas en el análisis también contemplan precipitaciones importantes para el NOA y el NEA. El meteorólogo especializado en agroclimatología Mario Navarro ubicó al oeste y centro-oeste de Tucumán entre las áreas que podrían registrar eventos significativos durante el desarrollo inicial del fenómeno, junto con sectores de Chaco, Formosa, Misiones, Santiago del Estero, Jujuy, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Catamarca.

Para el norte argentino, Navarro proyectó mayores precipitaciones durante septiembre y parte de octubre, con acumulados que en determinados períodos podrían ubicarse entre 60 y 100 milímetros. Según el especialista, durante la primavera las lluvias en Argentina podrían superar entre 15% y 25% los valores medios en las zonas bajo influencia del fenómeno.

La mayor intensidad de El Niño podría sentirse hacia la segunda mitad del verano y durante el otoño de 2027. Para ese período, Navarro estimó precipitaciones entre 20% y 33% superiores al promedio histórico en sectores productivos del centro del país, el NEA y el NOA. La distribución efectiva de esas lluvias será determinante para conocer su impacto real sobre cada cultivo y región.

El mercado de insumos mantiene cautela

El cambio climático esperado todavía no produjo modificaciones generalizadas en los planes agrícolas, según el consultor Teo Zorraquin. Fuera de algunas áreas con napas elevadas, la expectativa de un año con más lluvias es vista favorablemente por buena parte de los productores debido a su potencial efecto sobre los rendimientos.

Las compras de agroquímicos avanzan con mayor lentitud, aunque el especialista vinculó esa situación principalmente con el costo financiero y no con El Niño. En semillas, en cambio, las operaciones mostraron mayor movimiento, mientras continúa la definición del equilibrio entre soja y maíz según los márgenes esperados en cada ambiente.

El desarrollo de la campaña dependerá finalmente no solo del volumen total de precipitaciones, sino de su distribución, la intensidad de los eventos y las temperaturas. Para los productores, el escenario combina mejores reservas de agua con riesgos asociados a anegamientos, enfermedades y olas de calor. Ese equilibrio será el que determine qué estrategias de manejo resulten más adecuadas durante la campaña 2026/27.