La industria textil atraviesa uno de los momentos más difíciles de la última década. Con una demanda en retroceso, importaciones en alza y más de 11.000 empleos formales perdidos, el sector presentó al Gobierno una propuesta para intentar contener la sangría laboral, aunque todavía no recibió respuesta.

En un encuentro con periodistas, el presidente de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), Luis Tendlarz, planteó que la salida no puede limitarse a reclamar protección arancelaria. “Adaptarse y competir” fue el eje de su diagnóstico, acompañado por referentes de empresas como TextCom y Tecotex, ambas golpeadas por la contracción del mercado y la caída sostenida del consumo.

Según los empresarios, la industria opera con menos del 50% de su capacidad instalada, acumula 12.000 trabajadores suspendidos y enfrenta un panorama de fuerte incertidumbre por la caída de ventas y la pérdida de competitividad frente a productos importados.

El plan que las textiles llevaron a la Casa Rosada

Como respuesta a la crisis, la FITA elaboró un proyecto que permite descontar las cargas sociales del Impuesto al Valor Agregado (IVA). La medida —desarrollada por los economistas Miguel Kiguel y Andrés Borenstein— busca incentivar la formalización laboral y ampliar la base tributaria, sin generar un costo fiscal significativo para el Estado.

Los industriales aseguran que la propuesta reduciría alrededor de 30% los costos laborales, algo clave para un sector intensivo en mano de obra. Sin embargo, aclaran que, pese a haber presentado la iniciativa hace meses, el Gobierno aún no dio señales concretas.

Entre la falta de consumo y la ausencia de una política industrial

Tendlarz reconoció que, a pesar de los reclamos del sector, el Gobierno todavía no definió una estrategia productiva específica. “Cuando aparece la desocupación, algo hay que hacer”, señaló, insistiendo en la necesidad de una política que acompañe a la industria durante la contracción económica.

Los empresarios remarcaron que seguirán solicitando herramientas para sostener el empleo, destacando que la informalidad y la presión tributaria agravan el impacto de la crisis.

Un desplome más profundo que el del resto de la industria

El último relevamiento de la FITA, elaborado sobre datos oficiales, muestra que en agosto de 2025 la actividad textil cayó 18,1% interanual, cifra muy superior al promedio general de la industria, que retrocedió 4,4% en el mismo período.

Además, el uso de la capacidad instalada descendió a 41,5%, mientras que cerca de 5.000 trabajadores perdieron su empleo formal en los últimos doce meses. La contracción se consolida como una de las más severas desde la pandemia.

Avances regionales y un acuerdo clave con Brasil

En medio del retroceso local, la FITA firmó recientemente un acuerdo con la Associação Brasileira da Indústria Têxtil y la Abrafas, con el objetivo de avanzar en negociaciones para un Acuerdo Bilateral Sectorial con Estados Unidos.

El sector espera que este impulso permita diversificar exportaciones, atraer inversiones y potenciar la integración regional frente a un mercado interno debilitado.

Importaciones y falta de control: el reclamo que se repite

Otro punto central del encuentro fue la preocupación por los precios de referencia en Aduana. Según los industriales, la ausencia de controles transparentes facilita prácticas desleales y afecta a las empresas que compiten con importaciones a valores difíciles de sostener.

La problemática se agrava con el boom de plataformas como Shein y Temu, que aceleraron la llegada de indumentaria a precios muy bajos y presionaron aún más sobre la demanda local.

Dólar, reformas y el futuro del sector

Consultado sobre el tipo de cambio ideal para recuperar competitividad, Tendlarz consideró que un dólar cercano a los $1.500 sería “razonable” para el sector. También se mostró a favor de reformas laborales e impositivas que reduzcan la litigiosidad y alivien la carga sobre las pymes, especialmente afectadas por costos crecientes y juicios laborales.

A pesar del panorama adverso, la dirigencia textil insiste en que todavía es posible recomponer la actividad si se avanza en medidas que alivien los costos, ordenen las importaciones y fortalezcan la competitividad.