Por qué junio es el mejor mes para ver la Vía Láctea, según la NASA
A medida que las noches se alargan en el hemisferio sur, el cielo austral ofrece un espectáculo extraordinario. Según la NASA, junio marca el inicio de la mejor temporada del año para observar la Vía Láctea en todo su esplendor, visible a simple vista desde lugares alejados de la contaminación lumínica.
El fenómeno no es casual: la inclinación del eje terrestre y la posición de la Tierra en su órbita alrededor del Sol modifican la orientación del cielo nocturno. A partir de este mes, el núcleo brillante de nuestra galaxia se eleva con mayor nitidez, permaneciendo visible durante varias horas de la madrugada.
Para los observadores terrestres, la Vía Láctea aparece como una franja luminosa que cruza el cielo. Esa banda no es otra cosa que la vista lateral del disco de nuestra galaxia, compuesto por cúmulos estelares, nubes de hidrógeno, polvo cósmico y miles de millones de estrellas. Desde la Tierra, ubicada en el brazo de Orión, la visión es parcial, ya que la luz visible queda parcialmente obstruida por gas y polvo interestelar.
En el corazón del sistema se encuentra Sagitario A*, un agujero negro supermasivo invisible al ojo humano, pero esencial en la estructura dinámica galáctica. «Junio significa que la temporada del núcleo ha comenzado», señalan desde la NASA, destacando que basta con un cielo oscuro para contemplar esa tenue banda de luz que atraviesa el firmamento.
Cielos del sur, la ventaja natural
Quienes viven en el hemisferio sur tienen una ubicación privilegiada. Desde regiones como la Patagonia argentina o el desierto de Atacama, el centro galáctico no solo se eleva antes, sino que alcanza hasta 60° de altura sobre el horizonte. En contraste, en Europa o Norteamérica, apenas asoma.
Además, junio reúne condiciones ideales: noches más largas, baja humedad en el aire y una inclinación favorable del planeta que expone mejor el centro de la galaxia. En ciudades como Ushuaia, se pueden registrar hasta 14 horas de oscuridad continua.
No se necesita un telescopio. Para verla con claridad, se recomienda buscar un cielo clase 1 en la escala de Bortle, que va del 1 (oscuridad total) al 9 (cielo urbano sin estrellas). Lo ideal es alejarse de centros urbanos, ubicarse en zonas rurales o montañosas y mirar entre la medianoche y las 4.30 de la mañana.
La contaminación lumínica representa el mayor obstáculo. Incluso una luna llena resulta menos dañina que las luces de la ciudad. Por eso, la orientación también importa: mirar hacia el sur desde latitudes australes permite una mejor vista del núcleo galáctico.
Una conexión visual y emocional con el cosmos
Más allá de la observación astronómica, ver la Vía Láctea es una experiencia emocional. Desde tiempos remotos, las culturas humanas registraron esa franja de estrellas como un símbolo del universo. Hoy, aunque la tecnología permite fotografiarla con precisión milimétrica, su impacto visual a ojo desnudo sigue siendo incomparable.
«Salir a mirar la Vía Láctea en junio es una forma extraordinaria de conectarse con el cosmos», destacan desde la NASA. Con cámaras de larga exposición o simplemente con paciencia y buen clima, millones de personas cada año se detienen, por unas horas, a mirar el cielo como lo hicieron sus antepasados: en busca de respuestas, belleza o simplemente asombro.

