La pobreza infantil persiste pese a la desaceleración inflacionaria y el alivio económico
Aunque la caída de la inflación y la recuperación de ingresos mejoraron parcialmente algunos indicadores sociales, más de la mitad de los niños en Argentina sigue creciendo en condiciones de pobreza estructural. Durante el segundo semestre de 2024, uno de cada dos menores de entre 0 y 14 años vivió en hogares con ingresos por debajo de la línea de pobreza, según datos del IERAL y de la Universidad Católica Argentina. En los peores momentos, como el primer trimestre de 2024, la pobreza infantil superó el 60%.
La mejora más visible se produjo en los niveles de indigencia. Según Laura Caullo, economista de Fundación Mediterránea, esta reducción estuvo vinculada al refuerzo de programas como la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar. Ambas transferencias, explicó, «demostraron ser eficaces para recomponer los ingresos reales de los hogares más vulnerables».
Caullo destacó que el Gobierno tomó decisiones para ordenar las cuentas públicas sin dejar de atender a los sectores más afectados por la crisis. «El desafío es consolidar este camino», afirmó.
Perspectivas para este año
Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, sostuvo que la pobreza tenderá a estabilizarse en torno al 35-36%, mientras que la infantil se mantendrá por encima del 45%. «La asistencia pública sigue siendo importante, pero no resuelve los problemas estructurales», señaló.
En el segundo semestre de 2024 se observó una leve reducción de la pobreza infantil. Esa mejora benefició sobre todo a los distritos que más se habían deteriorado el año anterior, generando una convergencia entre los distintos aglomerados urbanos.
Desigualdades territoriales
Las brechas entre regiones siguen siendo pronunciadas. Gran Resistencia, Santiago del Estero – La Banda y Concordia figuran entre los distritos con mayores niveles de pobreza infantil, con cifras que superan el 67%. En cambio, en ciudades como Río Gallegos o la Ciudad de Buenos Aires, el índice se mantuvo por debajo del 35%.
En muchos de estos lugares, la pobreza no solo refleja bajos ingresos, sino también la falta de empleo formal, el bajo nivel educativo de los adultos y una limitada capacidad productiva local.
Problemas estructurales de largo plazo
Tanto Caullo como Salvia coincidieron en que el principal obstáculo para reducir la pobreza infantil reside en la alta informalidad laboral. «La mayoría de los hogares con niños pobres tiene trabajos precarios, sin estabilidad ni acceso a cobertura social», explicó Salvia.
La pobreza en la infancia no se limita a la falta de ingresos. También implica déficit en salud, educación, alimentación y condiciones de cuidado. «Crecer en hogares donde los padres no completaron la educación secundaria multiplica las chances de seguir en situación de pobreza», subrayó Caullo.
Condiciones estructurales y herencia social
En las regiones del norte argentino, las tasas de pobreza infantil superan el 60%. El acceso desigual a servicios básicos profundiza una brecha que no se cierra con estabilidad macroeconómica. Sin políticas focalizadas que enfrenten estos desequilibrios, los niños seguirán siendo las principales víctimas de las crisis cíclicas del país.
