Crecen los casos de ACV en adultos jóvenes y mujeres: alertan por estrés, factores no tradicionales y desigualdad en el acceso
El accidente cerebrovascular (ACV), históricamente vinculado a personas mayores de 60 años, muestra en los últimos años un cambio de patrón preocupante: cada vez más jóvenes y mujeres lo padecen. Dos recientes estudios publicados en The Lancet Regional Health y Stroke, de la Asociación Americana del Corazón, revelaron un aumento sostenido de casos y mortalidad en estas poblaciones.
Uno de los trabajos, basado en el Estudio de la Carga Global de Enfermedades, analizó tres décadas de evolución del ACV en 38 países de América. Los datos muestran que desde 2015 se frenó el descenso de la mortalidad y comenzó a crecer la incidencia, especialmente entre los 15 y 49 años. Aunque las tasas ajustadas bajaron entre 1990 y 2010, los últimos años marcan un punto de inflexión.
Qué está provocando más ACV en jóvenes
Sebastián Ameriso, neurólogo de Fleni y uno de los autores del estudio, explicó que este fenómeno tiene causas múltiples. «Los factores de riesgo clásicos, como hipertensión, tabaquismo, colesterol y diabetes, ahora aparecen a edades más tempranas», señaló. A eso se suman el estrés crónico, el sedentarismo, la contaminación ambiental y el aumento del consumo de sustancias.
El neurólogo Matías Alet —también autor del estudio— advirtió que el impacto es mayor en mujeres. «Desde 2015, la incidencia y la mortalidad aumentan más rápido entre las mujeres jóvenes. Históricamente, sus síntomas fueron subdiagnosticados o minimizados», explicó.
El estudio también identificó desigualdades socioeconómicas profundas: en países de ingresos medios-altos con sistemas de salud fragmentados, el ACV produce más discapacidad y muerte. Jamaica, Haití y Venezuela figuran entre las naciones con mayor incremento reciente.
Subdiagnóstico en mujeres y síntomas mal interpretados
En muchos casos, los primeros signos en mujeres jóvenes no son reconocidos como indicadores de ACV. Enrique De Rosa Alabaster, médico neurólogo y psiquiatra, advirtió sobre este sesgo: «El perfil clásico del ACV sigue siendo el de un hombre mayor, y eso retrasa el diagnóstico en mujeres jóvenes. Sin embargo, ellas tienen mayor mortalidad y más secuelas».
De Rosa señaló que entre un 10% y 15% de los ACV hoy se presentan en menores de 50 años, y que hasta el 50% de los casos en adultos jóvenes son de origen desconocido. Este tipo de ACV, conocido como criptogénico, afecta especialmente a mujeres sin factores de riesgo tradicionales.
Además de la desigualdad de género, los especialistas apuntaron que el uso de anticonceptivos, embarazos complicados y enfermedades autoinmunes podrían estar vinculados al aumento en mujeres jóvenes.
El riesgo también crece sin hipertensión ni diabetes
Un estudio paralelo de la American Stroke Association mostró que los coágulos cerebrales aumentan en adultos de entre 18 y 49 años, incluso sin hipertensión, obesidad o colesterol alto. En su lugar, aparecen riesgos no tradicionales como migrañas, estrés extremo, insomnio crónico o consumo de sustancias.
Jukka Putaala, autor del trabajo y jefe de la unidad de ACV del Hospital Universitario de Helsinki, remarcó que se necesita un enfoque distinto en los jóvenes. «Hasta el 50% de los casos en este grupo son criptogénicos. Debemos realizar estudios más completos y no subestimar el riesgo en personas sin factores clásicos», afirmó.
Cómo prevenir el ACV y reducir su impacto
Pese a este panorama, los especialistas coincidieron en que el avance no es irreversible. Una de las principales estrategias es controlar mejor la hipertensión arterial. Según la OPS, si se lograra elevar el nivel de control al 50% —hoy en 36%— se podrían evitar 120.000 muertes por ACV en América.
También se recomienda implementar programas como HEARTS, mejorar el acceso a resonancias magnéticas y capacitar al personal médico en el diagnóstico temprano. Otra medida clave es reforzar las redes de atención rápida, ya que los primeros minutos tras un ACV son determinantes para evitar secuelas.
Los investigadores destacan que es momento de actuar. El incremento en jóvenes y mujeres no debe naturalizarse como una nueva normalidad. «No se trata solo de más casos, sino de más años de vida perdidos por discapacidad. Necesitamos políticas públicas, campañas educativas y mayor inversión en salud preventiva», concluyó Alet.
