Correr una maratón es un desafío en sí mismo, pero hacerlo en Roma, con su historia y su mística, lo transforma en una experiencia inolvidable. Benjamín Acuña, arquitecto y desarrollador tucumano, cumplió ese sueño el pasado 16 de marzo, cuando cruzó la meta en el Maratón de Roma 2025.

Todo comenzó en octubre, cuando su socio y amigo de la infancia, Juan Pablo Abdelnur le propuso correr juntos la mítica carrera. «Juan Pablo viene entrenando hace bastante y siempre quiso hacer una maratón en el exterior. Justo se dio la posibilidad de participar en la de Roma, y me invitó a sumarme. Yo no estaba entrenando, pero desde octubre hasta acá tuve tiempo para prepararme como corresponde», contó Benjamín.

La preparación fue exigente. Abdelnur, que entrena con Nicolás Terama en Buenos Aires, siguió con su rutina, mientras que Acuña trabajó junto a su entrenador, el “Perro” Acuña. «Desde el día que me invitó, nos juntamos con el Perro, tomamos un café y empezamos con la planificación. El entrenamiento va de menos a más: se llega a los 30 o 35 kilómetros en el pico máximo y luego se reduce la carga para llegar lo más recuperado posible. En mi caso, combiné con bicicleta para reducir el impacto en el cuerpo», explicó.

Un recorrido único en el mundo

La edición número 30 del Maratón de Roma reunió a más de 33.000 corredores de todo el mundo. La largada fue desde el Coliseo Romano, y el recorrido incluyó los principales puntos turísticos de la ciudad: Piazza Navona, la Fontana di Trevi, la Basílica de San Pedro y la Plaza de España, entre otros.

Pero más allá del desafío deportivo, lo que más impactó a Benjamín fueron las historias de quienes corrieron a su lado. «Es increíble ver la diversidad de personas que participan. Había mucha gente mayor, personas con discapacidad y hasta familias que empujaban sillas de ruedas con sus hijos o nietos. Eso te transmite mucho», relató.

El evento también tuvo un momento especial antes de la largada: los corredores guardaron 42 segundos de silencio en homenaje al Papa Francisco, uno por cada kilómetro de la carrera.

Un desafío cumplido y nuevas metas

Después de meses de entrenamiento, Benjamín cruzó la meta en la Ciudad Eterna junto a su amigo Juan Pablo. «Fue una sensación inexplicable. Desde la organización hasta el aliento de la gente, todo es de primer nivel. Es una experiencia que recomendaría a cualquiera que ame correr», aseguró.

Para Benjamín, este no fue el primer desafío de este tipo. Ya había corrido en la Maratón de Buenos Aires, pero esta carrera en Roma representó un hito en su historia. Y no será la última: «Nos gustaría seguir corriendo maratones en otras partes del mundo», adelantó. Para quienes sueñan con desafiar los 42K, su consejo es claro: «Si tenés ganas, hay que animarse. Con disciplina y constancia, todo es posible».