Un periodista regresó a China después de tres décadas y advirtió sobre el aumento de la vigilancia estatal
El crecimiento económico y tecnológico de China estuvo acompañado por una expansión de los mecanismos de vigilancia y control sobre la población, según una investigación publicada por The New York Times. El periodista Andrew Higgins, quien vivió y trabajó en el país durante las décadas de 1980 y 1990, regresó en 2025 para realizar una cobertura de seis meses y encontró un sistema de seguridad considerablemente más sofisticado. A través de recorridos por distintas ciudades y conversaciones con residentes, describió las dificultades para hablar de política, las restricciones a los periodistas extranjeros y el uso de tecnologías para supervisar las actividades cotidianas.
Durante su viaje, Higgins observó los avances de la infraestructura china, desde los trenes de alta velocidad hasta la transformación de antiguas ciudades industriales. Sin embargo, también identificó un aumento de los controles estatales y una mayor preocupación de los ciudadanos por las consecuencias de expresar opiniones políticas. El periodista señaló que esta situación contrasta con el período de apertura económica que presenció durante sus primeros años en el país.
La vigilancia estatal y el temor a hablar de política
Uno de los episodios relatados por Higgins ocurrió cuando intentó reencontrarse con un antiguo amigo, un abogado residente en Pekín al que no veía desde hacía más de 30 años. Antes de concretar la reunión, el hombre le informó que agentes de seguridad del Estado habían acudido a su domicilio y le habían ordenado cancelar el encuentro. El episodio llevó al periodista a cuestionar el alcance de los mecanismos utilizados por las autoridades para supervisar las comunicaciones personales.
Durante su estancia en Shanghái, el corresponsal también contabilizó más de 30 cámaras de vigilancia en un recorrido de apenas 150 metros entre su departamento y una estación de metro. En distintos espacios públicos encontró controles de seguridad y carteles que alentaban a denunciar posibles actividades de espionaje. Según su reconstrucción, estas medidas forman parte de un sistema que combina vigilancia física, herramientas digitales y participación ciudadana en tareas de seguridad.
El periodista también describió las precauciones que adoptaban sus interlocutores al hablar sobre el presidente Xi Jinping. Aseguró que muchas de las personas con las que conversó evitaban mencionar su nombre y preferían mantenerse alejadas de los debates políticos. En uno de sus recorridos por Shanghái, presenció cómo la hija de un hombre que discutía con policías le pidió que guardara silencio al advertir la presencia de cámaras.
El papel de la tecnología en el control de la población
El desarrollo de sistemas de reconocimiento facial, cámaras inteligentes y plataformas de comunicación amplió las herramientas disponibles para las autoridades chinas. Aplicaciones como WeChat, utilizadas para enviar mensajes, realizar pagos y acceder a servicios, también están sujetas a las disposiciones nacionales sobre seguridad y acceso gubernamental a información. Higgins señaló que estas condiciones dificultan el trabajo de los periodistas extranjeros y pueden comprometer la privacidad de las personas que mantienen contacto con ellos.
El marco legal también experimentó modificaciones bajo el gobierno de Xi Jinping, quien asumió la presidencia en 2013. En 2023, China amplió su legislación contra el espionaje e incorporó nuevas categorías de información relacionadas con la seguridad y los intereses nacionales. La reforma extendió las facultades de las autoridades y reforzó las obligaciones de colaboración ciudadana, aunque también generó preocupación por la amplitud de algunas de sus definiciones.
Higgins recordó que los corresponsales extranjeros ya enfrentaban restricciones durante la década de 1980, cuando eran seguidos por agentes de seguridad. El propio periodista fue expulsado de China en 1991 después de obtener documentos internos del Partido Comunista relacionados con la represión de grupos de Mongolia Interior. En su nueva visita, sostuvo que los sistemas digitales permiten desarrollar tareas de supervisión que anteriormente requerían la presencia física de numerosos agentes.
Los cambios económicos y las restricciones políticas
La investigación también recuperó testimonios sobre las transformaciones económicas experimentadas durante las últimas cuatro décadas. Higgins regresó a ciudades donde había estudiado y trabajado, y encontró modernos complejos urbanos, infraestructura ferroviaria y servicios que contrastaban con las condiciones de escasez que conoció durante su juventud. Algunos de sus antiguos conocidos reconocieron esas mejoras, aunque señalaron que expresar opiniones críticas sobre las autoridades continuaba siendo una actividad delicada.
En la provincia de Hainan, el periodista encontró residentes preocupados por las pérdidas económicas provocadas por la caída del mercado inmobiliario. Uno de ellos relató que había invertido todos sus ahorros en un departamento cuyo valor se redujo considerablemente. Según Higgins, las dificultades económicas aparecían con frecuencia en sus conversaciones, mientras que los cuestionamientos directos al liderazgo político eran mucho menos habituales.
La visita a la plaza de Tiananmén, en Pekín, también permitió al periodista comparar las condiciones de acceso con las existentes después de las protestas de 1989. Higgins, quien presenció la represión militar contra los manifestantes, explicó que para regresar al lugar debió solicitar una autorización digital y atravesar varios controles de seguridad. Su investigación concluyó que los avances materiales de China conviven con un sistema de vigilancia cada vez más extendido, cuyas consecuencias se reflejan tanto en el trabajo periodístico como en las relaciones personales.
