La muerte de una investigadora de 28 años en un laboratorio de Rusia despertó preocupación por una posible infección de peste neumónica y las condiciones de seguridad del establecimiento. La científica trabajaba en el Instituto de Investigación Antipeste de Irkutsk, en Siberia, y falleció el 2 de octubre de 2026 después de sufrir una neumonía grave. Aunque surgieron versiones sobre un posible accidente con material contaminado, las autoridades rusas negaron que hubiera ocurrido un incidente de bioseguridad y aseguraron que las pruebas realizadas no detectaron la bacteria responsable de la peste.

La revista científica Nature examinó el caso y consultó a especialistas para determinar si el episodio podría desencadenar una emergencia sanitaria internacional. Gregory Koblentz, experto en bioseguridad de la Universidad George Mason, en Estados Unidos, explicó que las posibilidades de una epidemia extensa son muy bajas debido a los tratamientos y sistemas de vigilancia disponibles. Sin embargo, advirtió que la falta de información sobre las circunstancias de la muerte dificulta conocer qué ocurrió dentro del laboratorio.

Qué revelaron las investigaciones sobre la muerte en Rusia

La investigadora había sido hospitalizada el 29 de septiembre por un cuadro respiratorio grave y murió tres días después. Las primeras versiones apuntaron a una posible exposición a Yersinia pestis, la bacteria causante de la peste, durante sus actividades laborales. El Gobierno ruso atribuyó el fallecimiento a una neumonía de origen desconocido y aseguró que dos investigaciones no encontraron fallas de seguridad en las instalaciones.

Según la información proporcionada por Rusia a la Organización Mundial de la Salud (OMS), unas 200 personas que tuvieron contacto con la investigadora fueron sometidas a vigilancia sanitaria. Las autoridades comunicaron la realización de más de 5.500 pruebas de laboratorio, sin detectar microorganismos considerados de alto riesgo ni nuevos casos vinculados con el fallecimiento. No obstante, la OMS señaló que todavía no se había identificado el agente responsable de la neumonía y que una exposición laboral no podía descartarse completamente.

En su análisis publicado en Nature, Koblentz también cuestionó las especulaciones que relacionaban al instituto de Irkutsk con investigaciones sobre armas biológicas. El especialista explicó que la peste circula naturalmente entre animales de determinadas regiones. Y que existen motivos sanitarios legítimos para estudiar la bacteria en establecimientos especializados. Además, afirmó que no conoce pruebas históricas que vinculen directamente a ese laboratorio con el programa ruso de armamento biológico.

Por qué los especialistas consideran bajo el riesgo de una epidemia

La peste es una enfermedad infecciosa causada por Yersinia pestis, una bacteria que puede transmitirse a los seres humanos principalmente mediante pulgas infectadas y el contacto con animales portadores. Su variante neumónica afecta los pulmones y puede propagarse entre personas mediante gotas respiratorias durante contactos estrechos. Sin tratamiento puede provocar complicaciones graves e incluso la muerte, aunque existen antibióticos eficaces cuando se administran oportunamente.

Koblentz explicó a Nature que las condiciones sanitarias son muy diferentes de las existentes durante la Peste Negra que afectó a Europa en el siglo XIV. A diferencia de lo ocurrido al comienzo de la pandemia de COVID-19, la peste es una enfermedad conocida. Además de contar con métodos de diagnóstico establecidos y tratamientos disponibles. El investigador sostuvo que la principal preocupación del episodio ruso está relacionada con la transparencia de la información. Así como con las dificultades para comprobar las circunstancias del fallecimiento.

La OMS consideró que el riesgo de propagación es bajo para la población de Irkutsk y extremadamente bajo a escala internacional. El organismo tampoco encontró evidencias de transmisión sostenida relacionadas con el episodio ni recomendó restricciones a los viajes o al comercio. Sin embargo, solicitó continuar con las investigaciones clínicas y epidemiológicas para esclarecer la causa de la muerte. Y así determinar si existió algún tipo de exposición a agentes infecciosos dentro del laboratorio.