Una comisión internacional de especialistas identificó 17 amenazas capaces de provocar consecuencias catastróficas para la salud mundial antes de 2100, entre las que incluyó el uso malicioso de la inteligencia artificial y la posibilidad de una guerra nuclear. El informe, publicado en la revista científica The Lancet, también advierte sobre los riesgos asociados con el cambio climático, las pandemias, la obesidad y la desigualdad económica. Los investigadores señalaron que las decisiones de los gobiernos pueden modificar el impacto de estos problemas y evitar la pérdida de miles de millones de años de vida saludable.

El trabajo fue elaborado por una comisión integrada por 35 especialistas en salud, economía, seguridad, tecnología y políticas públicas. Fue a partir de investigaciones que abarcaron 204 países y territorios. Los expertos analizaron cientos de amenazas y seleccionaron aquellas con capacidad de generar daños sanitarios de gran magnitud durante el período comprendido entre 2025 y 2100. Para realizar las proyecciones utilizaron una metodología que mide los años de vida saludable perdidos por enfermedades, discapacidades o muertes prematuras, considerando diferentes escenarios de prevención.

Por qué la inteligencia artificial representa una amenaza para la salud

Uno de los aspectos más destacados del informe es la incorporación del uso malicioso de la inteligencia artificial (IA) entre los riesgos con potencial de provocar una catástrofe de alcance mundial. Los investigadores señalaron que estas tecnologías podrían facilitar el desarrollo de agentes biológicos peligrosos. Así como comprometer infraestructuras esenciales o generar situaciones en las que determinados sistemas autónomos escapen al control humano. Estas posibilidades fueron analizadas por sus consecuencias potenciales, aunque los especialistas reconocieron que existe una considerable incertidumbre sobre su probabilidad.

La comisión estimó que las medidas destinadas a reducir los riesgos asociados con el uso malicioso de la IA podrían evitar la pérdida de hasta 10.400 millones de años de vida saludable durante el período analizado. Sin embargo, los autores aclararon que estas cifras corresponden a escenarios hipotéticos y no constituyen predicciones sobre acontecimientos que necesariamente ocurrirán. Debido a la falta de antecedentes históricos comparables, las estimaciones fueron elaboradas mediante evaluaciones especializadas y métodos de pronóstico.

La amenaza de una guerra nuclear recibió una consideración similar debido a sus posibles consecuencias sobre la supervivencia humana. El informe advierte que un conflicto de gran escala podría provocar millones de muertes inmediatas y generar alteraciones ambientales capaces de afectar la producción mundial de alimentos. Según los cálculos de la comisión, las medidas de prevención de conflictos nucleares podrían evitar aproximadamente 133 millones de fallecimientos. Y la pérdida de 9.350 millones de años de vida saludable antes de 2100.

Cuáles son las otras amenazas identificadas por The Lancet

Además de los riesgos tecnológicos y militares, el informe examinó problemas que afectan directamente a los sistemas sanitarios. Entre ellos figuran la obesidad, la hipertensión arterial, y el tabaquismo. El consumo excesivo de alcohol, la contaminación del aire, la malnutrición infantil y la resistencia a los antimicrobianos. También fueron consideradas las pandemias de origen natural, los problemas de salud mental y el envejecimiento asociado con enfermedades y pérdida de autonomía.

Los investigadores incorporaron factores sociales y económicos como la desigualdad de ingresos, el bajo nivel educativo y la reducción de la asistencia internacional destinada a salud y desarrollo. A estas amenazas se suman el cambio climático y los conflictos armados convencionales, cuyos efectos pueden agravar problemas alimentarios, sanitarios y humanitarios. La comisión señaló que los 17 riesgos están relacionados entre sí y que sus consecuencias podrían intensificarse cuando varios ocurren de manera simultánea.

Entre las proyecciones cuantificadas, la obesidad aparece asociada con hasta 23.100 millones de años de vida saludable potencialmente evitables mediante políticas de prevención. Las mejoras en el acceso a la educación permitirían evitar otros 16.100 millones, mientras que la reducción de la desigualdad económica podría representar un beneficio equivalente a 13.800 millones. Los autores aclararon que estos valores no constituyen una clasificación definitiva de gravedad y que las estimaciones dependen de las condiciones futuras de cada país.

El cambio climático también ocupa un lugar importante en las advertencias de la comisión. Según sus modelos, limitar el calentamiento global a aproximadamente 1,8 °C, en comparación con un escenario de 4,4 °C. Y permitiría evitar la pérdida de 1.890 millones de años de vida saludable por factores como el calor extremo y la contaminación atmosférica. El informe reconoce que esta estimación no incorpora completamente otras consecuencias, como las sequías, los desplazamientos de población y los efectos sobre la salud mental.

Qué medidas proponen los científicos para prevenir estas amenazas

El director del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) de la Universidad de Washington, Christopher Murray, sostuvo que la magnitud de los riesgos identificados no significa que sus consecuencias sean inevitables. El especialista destacó que los gobiernos conservan herramientas para reducir las pérdidas sanitarias mediante inversiones, innovación y políticas de prevención. También advirtió que postergar las medidas necesarias incrementaría los costos humanos y económicos para las generaciones futuras.

La comisión propuso fortalecer los sistemas de salud para responder a emergencias, aumentar la inversión en nuevas tecnologías médicas y establecer mecanismos independientes de vigilancia de amenazas emergentes. Entre las prioridades mencionó el desarrollo de vacunas, antibióticos, tratamientos para la obesidad y herramientas para enfrentar los efectos del cambio climático. Asimismo, planteó la creación de un sistema de seguimiento de riesgos globales que permita actualizar las evaluaciones y orientar las decisiones de los gobiernos.