Un multimillonario advirtió por una posible burbuja de la inteligencia artificial
El inversor Ray Dalio advirtió que el fuerte avance de la inteligencia artificial podría derivar en una burbuja financiera. El fundador de Bridgewater Associates sostuvo que el mercado se acerca a niveles de preocupación comparables con los de otros momentos históricos de euforia bursátil. Según planteó, la burbuja de la IA «va a estallar», aunque todavía no se puede precisar cuándo ni de qué manera.
En una entrevista con Bloomberg TV, Dalio comparó el escenario actual con los períodos previos a las crisis de 2000 y 1929. «Ahora mismo nos estamos acercando, aunque todavía no estamos allí, al mismo nivel que en 2000 y en 1929», señaló. También advirtió que apostar por la tecnología no es lo mismo que comprar acciones de empresas tecnológicas, ya que esos papeles pueden estar demasiado caros.
La diferencia entre tecnología y acciones
Dalio aclaró que mantiene una visión favorable sobre el desarrollo tecnológico, pero marcó una diferencia entre el potencial de la inteligencia artificial y el precio de las compañías del sector. «La gente apuesta por la tecnología, y yo también apuesto por la tecnología, pero creen que comprar acciones es apostar por la tecnología, lo cual es diferente», afirmó. Para el inversor, el entusiasmo por una innovación puede convivir con valuaciones excesivas en el mercado.
El fundador de Bridgewater Associates sostuvo que todos los grandes cambios suelen generar burbujas. Según explicó, el problema es que nadie puede anticipar con precisión cómo se desarrollará ese proceso. En ese contexto, las empresas enfrentan una disyuntiva: invertir grandes sumas para ganar participación de mercado o quedarse atrás frente a sus competidores.
El dilema de las grandes tecnológicas
El crecimiento de la inteligencia artificial llevó a muchas compañías a acelerar inversiones en infraestructura, centros de datos, chips y servicios en la nube. Para Dalio, esa carrera puede producir desequilibrios si el capital se dirige al sector sin medir los riesgos de sobreinversión. El inversor señaló que las empresas pueden terminar gastando demasiado para no perder lugar en un mercado en expansión.
La advertencia apunta a una dinámica frecuente en los ciclos tecnológicos. Primero aparece una innovación con capacidad real de transformar la economía, luego llega el entusiasmo de los inversores y, finalmente, las valuaciones pueden alejarse de los fundamentos. En ese punto, una corrección del mercado puede afectar incluso a compañías con negocios sólidos.
El antecedente de Michael Burry
La advertencia de Dalio se suma a otros cuestionamientos recientes sobre el auge de la inteligencia artificial. Uno de los más resonantes fue el de Michael Burry, el inversor que anticipó la crisis financiera de 2008 en Estados Unidos. Tras dos años de silencio en redes, publicó un mensaje en X que fue leído como una señal sobre una posible burbuja tecnológica.
Burry escribió «A veces vemos burbujas» junto a una imagen de la película The Big Short, basada en su experiencia durante la crisis hipotecaria. Aunque no mencionó explícitamente a la inteligencia artificial en ese mensaje, luego apuntó contra empresas emblemáticas del sector. Entre sus críticas aparecieron Nvidia y Palantir Technologies, dos compañías asociadas al crecimiento de la infraestructura de IA.
Críticas a la contabilidad del sector
El inversor también cuestionó a grandes proveedores de infraestructura en la nube. Según su mirada, algunas compañías utilizan una contabilidad «agresiva» para mejorar la presentación de ganancias vinculadas a inversiones en hardware. Esa crítica se profundizó en su boletín Cassandra Unchained, donde abordó directamente la idea de una burbuja de inteligencia artificial.
En ese texto, Burry planteó que una señal típica de burbuja aparece cuando la oferta crece de manera desmedida. Su diagnóstico se concentra en el volumen de inversión que las empresas destinan a infraestructura tecnológica. La preocupación compartida por ambos inversores es que la inteligencia artificial puede tener un impacto económico real, pero eso no garantiza que todos los precios actuales del mercado sean sostenibles.
