La transformación económica que atravesó Argentina entre 2023 y 2025 volvió a instalar el debate sobre los efectos de abandonar políticas intervencionistas y avanzar hacia un esquema de mayor libertad económica. En una columna de opinión de Martín Varsavsky, el autor analizó el impacto de las reformas impulsadas por el gobierno de Javier Milei y sostuvo que el orden fiscal y la apertura permitieron revertir, en un corto plazo, un proceso prolongado de deterioro económico y social.

Según ese enfoque, el punto de partida fue un escenario crítico: inflación anual por encima del 200%, déficit fiscal estructural y una economía condicionada por controles, subsidios y distorsiones acumuladas durante décadas.

Del desequilibrio fiscal al control de la inflación

A partir de diciembre de 2023, el nuevo esquema económico se apoyó en equilibrio fiscal, disciplina monetaria y desregulación, sin recurrir a controles de precios ni expansión del gasto público. En ese marco, uno de los cambios más visibles fue el comportamiento de la inflación.

En el lapso de dos años, el índice anual se redujo a niveles cercanos al 30%, con registros mensuales por debajo del 3%. El proceso de desinflación se explicó, según el análisis, por la eliminación del financiamiento monetario del déficit y una política fiscal contractiva sostenida.

Impacto social y recuperación del salario real

En el plano social, Varsavsky remarcó que el ajuste inicial tuvo costos inmediatos. La pobreza aumentó de manera transitoria como consecuencia del sinceramiento de precios y la eliminación de esquemas artificiales de contención.

Sin embargo, con la recuperación de la actividad y del salario real, el indicador comenzó a descender y se ubicó hacia fines de 2025 en torno al 27% o 28%, de acuerdo con proyecciones oficiales, con millones de personas saliendo de la pobreza tras el rebote económico.

Crecimiento, inversión y rebote de la actividad

El crecimiento económico acompañó esa dinámica. Tras la recesión inicial del ajuste, la economía mostró una recuperación impulsada por la inversión, las exportaciones y el repunte del consumo privado.

Para 2025, las estimaciones ubicaron la expansión del Producto Bruto Interno entre el 4,5% y el 5,5%, consolidando un cambio de tendencia luego de años de estancamiento.

Superávit fiscal y mejora en la confianza

Otro punto destacado fue el resultado fiscal. Por primera vez en décadas, el Estado nacional logró sostener un superávit de entre 1,5% y 1,8% del PIB, poniendo fin al déficit crónico que alimentó inflación y pérdida de poder adquisitivo.

Ese cambio permitió reducir la presión inflacionaria y mejorar los indicadores de confianza financiera, con una baja del riesgo país y una mejora en las expectativas de los inversores.

Seguridad y reducción del delito

En materia de seguridad, el autor señaló que la tasa de homicidios descendió a 3,8 cada 100.000 habitantes, el registro más bajo de la historia argentina y uno de los menores de Sudamérica.

Atribuyó esa evolución a políticas más firmes contra el crimen organizado y el narcotráfico, junto con una mayor coordinación de las fuerzas de seguridad.

Una mirada privada sobre el cambio de rumbo

El análisis concluye que, pese a los costos iniciales, el abandono de esquemas de fuerte intervención estatal y la adopción de reglas de mercado permitieron estabilizar variables clave, recuperar el crecimiento y recomponer la confianza.