Una extensa franja marrón que se extiende desde la costa de África hasta el Caribe y el golfo de México volvió a encender alertas en ambos continentes. A simple vista, la imagen puede parecer una marea negra, pero no se trata de un derrame de petróleo: es el Gran Cinturón de Sargazo, un fenómeno natural que en la última década creció en magnitud y se convirtió en un problema ambiental y económico recurrente.

El cinturón se forma a partir de sargazo, una macroalga parda que flota en la superficie del océano. En mar abierto, su presencia no es necesariamente negativa: puede servir como refugio para peces, tortugas y otras especies. El problema aparece cuando se acumula en grandes cantidades y llega a la costa.

Qué es el Gran Cinturón de Sargazo y por qué aparece

El Gran Cinturón de Sargazo es una banda densa de algas que cruza el Atlántico tropical y puede ser observada desde el espacio. Aunque el sargazo siempre existió, desde 2011 los registros comenzaron a mostrar un cambio: dejó de aparecer de manera dispersa y pasó a concentrarse en una franja de gran escala que, en determinados períodos, se vuelve masiva.

En mayo de 2025, los monitoreos satelitales estimaron una biomasa cercana a las 38 millones de toneladas, un volumen que marcó un nuevo máximo en las mediciones recientes y consolidó al fenómeno como una preocupación transnacional.

Cuándo se vuelve un problema y cómo impacta en las costas

Mientras se mantiene en el océano abierto, el sargazo puede cumplir un rol ecológico. Pero cuando las corrientes y los vientos lo empujan hacia zonas costeras, el equilibrio cambia: las algas se amontonan en playas y aguas poco profundas, y comienzan a descomponerse.

Esa descomposición consume oxígeno del agua y afecta ambientes sensibles como arrecifes y praderas marinas. Además, libera sulfuro de hidrógeno, un gas con olor característico a “huevos podridos”, que puede generar irritación y molestias respiratorias, especialmente en zonas donde la acumulación es intensa y sostenida.

Por qué creció la cantidad de sargazo en el Atlántico

Los especialistas coinciden en que no existe una sola causa detrás del crecimiento del cinturón. En general, se señala una combinación de factores que se potencian entre sí, con el calentamiento del océano como uno de los más relevantes, ya que amplía las condiciones favorables para el desarrollo de las algas.

A esto se suma el exceso de nutrientes que llega al mar por diferentes vías, como el arrastre de fertilizantes y sedimentos a través de grandes ríos, además de aportes por polvo atmosférico. Con más nutrientes disponibles, el sargazo encuentra un escenario ideal para expandirse.

El costo ambiental y económico en el Caribe y el golfo de México

En los últimos años, regiones turísticas del Caribe —como Cancún, Playa del Carmen o Tulum— reportaron arribazones que obligaron a desplegar operativos de limpieza. Retirar toneladas de algas húmedas, muchas veces mezcladas con arena y residuos, requiere maquinaria, logística y protocolos específicos para evitar daños mayores en la costa.

El impacto también es ecológico: el sargazo acumulado puede alterar ecosistemas frágiles, enterrar praderas marinas y afectar la calidad del agua. En paralelo, la presencia de grandes volúmenes en playas genera problemas para la actividad turística y para comunidades que dependen de esa economía.

Qué se puede hacer frente a esta “nueva normalidad”

Por ahora no existe una solución inmediata capaz de frenar un fenómeno de esta escala. La respuesta más extendida combina monitoreo satelital, prevención y gestión costera, para anticipar los picos de arribazón y organizar la limpieza con mayor eficacia.

A largo plazo, los expertos sostienen que las medidas más relevantes pasan por reducir el ingreso de nutrientes desde tierra firme y mitigar los efectos del cambio climático. Para científicos y organismos que siguen el fenómeno, el Gran Cinturón de Sargazo es un indicador visible de desequilibrios profundos en el Atlántico tropical y una señal de alerta que llegó para quedarse.