Paros generales, pérdidas y un costo que se acumula: la economía dejó de producir más de USD 1.000 millones
A casi un año y medio del inicio del gobierno de Javier Milei, las medidas de fuerza organizadas por gremios y sindicatos ya dejaron una consecuencia concreta: la economía resignó más de mil millones de dólares en producción por paros generales y del transporte.
La estimación, realizada por el Instituto de Economía de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), surge del seguimiento de cuatro paros de alcance nacional: dos generales y dos vinculados al sistema de transporte. Todos se llevaron adelante entre mayo del año pasado y abril de este año. Si se sumara el primer paro general de enero de 2024 —aún sin medición precisa—, la cifra podría escalar a los USD 1.500 millones.
El impacto de los paros en la economía
La protesta más costosa fue la del 9 de mayo de 2024. Ese día, con buena parte de los servicios paralizados y actividad reducida en bancos, escuelas, hospitales y transporte, el país dejó de producir USD 544 millones. Equivalía al 24% del producto diario de ese mes. Para varios sectores, ese día simplemente se perdió.
Un año después, la historia se repitió con matices. El 10 de abril de 2025 se realizó otro paro general, pero con los colectivos funcionando. Eso atenuó el golpe: la pérdida fue de USD 194 millones. Según los economistas que hicieron el cálculo, si el transporte se hubiese detenido por completo, la cifra se habría más que duplicado.
Entre esos dos paros generales, hubo otras dos medidas con fuerte impacto económico. Una fue convocada por la Mesa Nacional del Transporte en octubre del año pasado, y provocó un freno equivalente a USD 204 millones. La otra, impulsada por la UTA, se focalizó en líneas del AMBA y el interior del país. Aunque no fue medida oficialmente, los analistas de la UADE estiman una pérdida cercana a los USD 300 millones.
Un impacto diferente
No todos los sectores sintieron el golpe de la misma manera. En los rubros donde la presencialidad es indispensable, las pérdidas fueron irrecuperables. La industria, la construcción, el comercio minorista y los servicios vinculados a la salud o la educación no lograron remontar lo perdido. Otros, como el financiero o el inmobiliario, compensaron parte de la caída mediante operaciones virtuales.
Pero más allá de la macro, el daño real se ve en la calle. Comerciantes que abren en días de paro aseguran que el flujo de clientes cae incluso cuando el transporte funciona. Desde Fecoba estiman que durante esas jornadas, las ventas bajan entre un 20% y un 30% respecto a un día habitual.
Jorge Day, economista del IERAL, explica que el dato mensual puede parecer pequeño dentro del PBI general, pero no para quien vive de la actividad diaria. «Una pyme que pierde un día de ventas no tiene forma de trasladar ese ingreso a otra fecha. Lo que no se factura hoy, no se factura mañana», afirmó.
A medida que la tensión sindical continúa, el escenario sigue abierto. Lo que sí está claro es que, más allá de la discusión política, el impacto económico de cada paro tiene consecuencias que no siempre se ven, pero que el sistema productivo acusa en silencio.
