La relación política entre Javier Milei y Mauricio Macri entra en una zona crítica antes de las elecciones
Pese a los cortocircuitos, las diferencias públicas y los reproches cruzados, Javier Milei y Mauricio Macri todavía conservan canales de diálogo que mantienen con vida una alianza política endeble. La elección en la Ciudad de Buenos Aires se perfila como el termómetro final que determinará si la convivencia estratégica entre La Libertad Avanza y el PRO se convierte en ruptura definitiva o en acuerdo electoral duradero.
El viernes terminó con malas noticias para el Gobierno: caída del 12% de las acciones argentinas en Wall Street, riesgo país superando los 900 puntos y una nueva crítica de Macri desde Punta del Este, ante un millar de empresarios, cuestionando la institucionalidad del Gobierno libertario. Aunque el mensaje no apuntó directamente a Milei, sí golpeó al núcleo de su confianza: su hermana Karina y el asesor Santiago Caputo.
En la Casa Rosada reconocen el malestar. Sin embargo, evitan la ruptura total. Las razones son concretas: la campaña en la provincia de Buenos Aires y la necesidad de sostener el equilibrio parlamentario. En ambos frentes, el PRO sigue siendo un socio necesario, y algunos operadores oficialistas todavía creen en una posible recomposición.
Un Congreso compartido y una elección clave
En el plano legislativo, las señales de tregua provienen tanto de Guillermo Francos como de Cristian Ritondo. Ambos referentes buscan sostener una mínima cooperación en Diputados, donde el Gobierno aún necesita aliados para avanzar con su agenda. El traspié reciente en el Senado, tras el rechazo a los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla, dejó huellas. La maniobra conjunta del kirchnerismo y el PRO tensó el vínculo al máximo, aunque Francos y Patricia Bullrich se encargaron de redireccionar la bronca hacia una presunta alianza táctica con Cristina Kirchner.
Pese al golpe, el Presidente y su entorno consideraron que el revés judicial ya estaba resuelto de antemano. Esa lectura, paradójicamente, evitó una crisis mayor.
La elección porteña: más que una contienda local
En el oficialismo hay consenso: la elección en la Ciudad de Buenos Aires marcará el pulso del vínculo futuro con el PRO. Por primera vez en dos décadas, la fuerza fundada por Macri enfrenta una amenaza seria en su bastión. La postulación de Manuel Adorni —vocero presidencial y figura valorada dentro del Gabinete— es la señal más clara de que La Libertad Avanza va por todo.
Adorni no quería competir, pero Karina Milei lo convenció. La contracara es Silvia Lospennato, la principal candidata del PRO, que contará con el respaldo personal de Macri y María Eugenia Vidal, aunque esta última logró esquivar los insistentes pedidos para encabezar la lista.
En el oficialismo ya contemplan escenarios en los que incluso gane el peronista Leandro Santoro. Si Adorni queda segundo y Lospennato tercera, el análisis libertario se enfocará en la diferencia entre ambos. Con la mira en 2027, el objetivo es que quede en pie una sola opción de centroderecha.
La interna amarilla: sobrevivir o desaparecer
En el PRO no descartan un escenario de tercios, como el de la primera vuelta presidencial de 2023. Incluso algunos especulan con que una victoria del PJ podría darles una sobrevida estratégica. Pero un triunfo contundente de los libertarios sería letal: la lápida definitiva para el proyecto macrista.
En el entorno de Milei repiten que el PRO no tiene salida. «Si nacionalizan la campaña, el proyecto somos nosotros. Y si la municipalizan, aparece Larreta. Están encerrados», sintetizó un operador libertario. Desde el macrismo devuelven el golpe: «La pregunta es cómo llega el Gobierno al 18 de mayo. Eso también va a pesar».
Votantes en disputa y preguntas sin respuesta
La principal incógnita es si Macri logrará convencer a su electorado de que debe tomar distancia de Milei, después de haberlo respaldado durante toda la campaña. O si Milei podrá afirmar que no necesita al PRO, cuando gran parte de su triunfo se cimentó sobre ese mismo electorado. Ambos caminan al borde, tensando una relación que por ahora sobrevive, más por necesidad que por convicción.
