El doctor Conrado Estol advirtió sobre el crecimiento de la mortalidad por infarto en personas jóvenes y pidió reforzar la prevención desde edades tempranas. En una entrevista con Infobae en Vivo, el neurólogo señaló que, aunque la medicina avanzó y la mortalidad cardiovascular general bajó, algunos grupos de entre 18 y 55 años muestran una tendencia preocupante. Según explicó, en la última década la mortalidad por infartos en personas jóvenes aumentó cerca de un 60%.

El especialista sostuvo que el problema está relacionado con factores de riesgo que muchas veces se subestiman antes de los 60 años. Entre ellos mencionó el colesterol elevado, la hipertensión arterial y el tabaquismo como las causas más frecuentes. También incluyó la obesidad, la diabetes y el estrés dentro de los elementos que pueden aumentar el riesgo cardiovascular.

Los factores de riesgo que aparecen antes de los 60

Estol remarcó que muchas personas no asocian la presión alta o el colesterol con edades jóvenes. Para el neurólogo, ese es uno de los errores más comunes, porque esas condiciones pueden comenzar mucho antes de la vejez y avanzar sin síntomas visibles. Por eso insistió en que los controles médicos y los hábitos saludables deben incorporarse desde la juventud.

El especialista también señaló que casi la mitad de los infartos y accidentes cerebrovasculares ocurren antes de los 60 años cuando se analizan ambos cuadros en conjunto. A partir de ese dato, planteó que la prevención no puede empezar cuando el problema ya está instalado. Su mensaje fue claro: para reducir el riesgo a los 40, 45 o 50 años, el cuidado debe comenzar mucho antes.

El riesgo de confiarse por sentirse bien

Uno de los puntos centrales de su análisis fue la falsa sensación de seguridad en personas que se perciben sanas. Estol explicó que muchos infartos ocurren en individuos con baja carga aparente de riesgo, por lo que no siempre hace falta reunir varios factores al mismo tiempo para sufrir un evento cardiovascular. En esa línea, cuestionó la idea de que estar delgado, hacer ejercicio o no tener síntomas alcance para descartar problemas.

El neurólogo advirtió que frases como «a mí no me va a pasar» pueden llevar a postergar controles o minimizar señales importantes. Según su mirada, la prevención cardiovascular debe incluir mediciones periódicas de presión arterial, análisis de colesterol y revisión de hábitos cotidianos. También marcó que el sedentarismo, la mala alimentación y el estrés sostenido pueden acumular efectos con el paso de los años.

Qué pasa cuando una persona deja de fumar

Estol dedicó una parte importante de la entrevista al impacto del tabaquismo. El especialista desmintió la idea de que el cuerpo tarda necesariamente tantos años en recuperarse como los que una persona fumó. Según explicó, al dejar el cigarrillo algunas variables empiezan a mejorar en cuestión de horas, mientras que la frecuencia cardíaca puede mostrar cambios positivos en pocos días.

El neurólogo aclaró que la recuperación respiratoria suele observarse con el paso de los meses y que el riesgo cardiovascular puede reducirse de manera significativa en el transcurso de un año. En el caso del cáncer, en cambio, la comparación con una persona que nunca fumó puede requerir más tiempo. Aun así, insistió en que abandonar el cigarrillo siempre tiene impacto y que «cada día cuenta».

La importancia de buscar ayuda profesional

Para Estol, dejar de fumar es difícil, pero las posibilidades aumentan cuando el proceso se realiza con acompañamiento profesional. El tratamiento puede incluir una etapa de preparación psicológica, la elección de una fecha concreta y cambios prácticos en el entorno, como retirar ceniceros o lavar objetos impregnados con olor a humo. También pueden utilizarse parches, chicles o medicamentos, según la indicación de un especialista.

El médico advirtió que la decisión no debería llegar después de un infarto o un ACV. En su experiencia, muchas personas recién abandonan el cigarrillo cuando ya atravesaron un evento grave, aunque el beneficio sería mayor si el cambio se toma antes. Por eso pidió instalar la prevención en edades tempranas y no esperar a que la juventud funcione como una falsa garantía de salud.

Hábitos saludables desde edades tempranas

El mensaje final de Estol apuntó a la construcción de hábitos sostenidos. El neurólogo sostuvo que la juventud puede engañar, porque muchas personas de 20, 25 o 30 años sienten que las consecuencias todavía están lejos. Sin embargo, los factores de riesgo cardiovascular pueden acumularse durante años antes de manifestarse.

También reconoció señales alentadoras, como la baja del consumo de alcohol y cigarrillo entre jóvenes en comparación con otras etapas. Aun así, remarcó que la prevención debe seguir siendo una prioridad, especialmente frente al aumento de infartos en menores de 55 años. Controlar la presión, revisar el colesterol, evitar el tabaco, cuidar el peso y moverse más aparecen como medidas centrales para reducir riesgos a largo plazo.