El dólar atraviesa meses de calma, pero el segundo semestre asoma con más dudas
La estabilidad cambiaria volvió a ganar lugar en la discusión económica. Con una oferta de divisas más firme, menores presiones por importaciones y la expectativa de una cosecha gruesa favorable, el mercado transita un período de relativa tranquilidad que le permitió al Banco Central recuperar margen de maniobra en sus compras con el dólar.
Ese escenario, sin embargo, no se explica por un solo factor. Detrás de la calma actual aparecen varios motores al mismo tiempo: el superávit comercial, la liquidación del agro, el ingreso de dólares por financiamiento privado y una demanda más contenida. En el corto plazo, esa combinación sostiene la paz cambiaria. Más adelante, el cuadro vuelve a llenarse de interrogantes.
Qué está sosteniendo la calma del dólar
Uno de los puntos que remarcan los analistas es que la estabilidad del mercado de cambios no depende únicamente del campo o del sector energético. Según el análisis citado de LCG, una parte importante del equilibrio actual proviene de los dólares que ingresaron a partir de préstamos tomados y bonos emitidos por empresas privadas en el exterior.
Ese flujo empezó a notarse con fuerza desde noviembre de 2025. En ese período, la deuda corporativa colocada afuera acumuló unos USD 9.000 millones, de los cuales una parte se fue liquidando de manera gradual en el mercado local. Esa entrada de divisas, combinada con préstamos en dólares de bancos argentinos, ayudó a explicar parte de las compras diarias que pudo realizar el Banco Central.
Menos importaciones y más liquidación
El otro pilar de esta etapa aparece del lado comercial. GMA Capital pone el foco en la recomposición de flujos entre oferta y demanda. En concreto, las importaciones mostraron una caída relevante, lo que alivió la presión sobre el mercado de cambios y le dio más margen al Banco Central para intervenir sin sobresaltos.
Solo en febrero, las importaciones retrocedieron más de USD 750 millones en comparación interanual, lo que implicó una baja del 15,7%. Si se toma el primer bimestre completo, el recorte acumulado ya supera los USD 2.100 millones. Esa retracción ayudó a ordenar el frente externo en un momento en que la demanda privada de divisas venía siendo una de las principales preocupaciones.
Al mismo tiempo, la oferta se fortaleció. En marzo, el complejo exportador liquidó más de USD 2.000 millones, un salto del 57% respecto del mes anterior y una mejora del 8% frente al mismo mes del año pasado. En el acumulado de 2026, el ingreso de divisas por este canal ya alcanzó USD 5.172 millones.
La cosecha gruesa y el alivio de corto plazo
El mercado mira ahora a abril como el inicio de una etapa más favorable. La liquidación de la cosecha gruesa aparece como el gran sostén de los próximos meses y explica buena parte del optimismo que muestran varios informes sobre el frente cambiario en el corto plazo.
Portfolio Personal Inversiones proyecta que esa mayor oferta de divisas permitirá reforzar la acumulación de reservas en el segundo trimestre. En la misma línea, GMA Capital cita estimaciones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires que ubican el aporte del agro en torno a los USD 35.000 millones durante 2026, un 6% más que el año anterior.
La dolarización de los hogares sigue siendo un problema
Aun con ese alivio, la salida del cepo para personas físicas dejó una tensión de fondo que no desapareció. LCG advierte que, tras la liberación de restricciones para individuos, crecieron con fuerza las compras de billetes y divisas, alimentadas por la sensación de que el dólar estaba en niveles atractivos.
Ese comportamiento le agrega una dificultad extra al proceso argentino. Mientras en otras economías estabilizadas el ingreso de remesas o de ahorro externo ayuda a sostener la oferta, acá la dinámica de los hogares empuja en sentido contrario. La dolarización del ahorro sigue funcionando como una presión constante sobre el sistema.
Las dudas que empiezan en la segunda mitad del año
Por eso, aunque el corto plazo luce más ordenado, los analistas no pierden de vista lo que puede ocurrir después. El gran interrogante es qué pasará cuando termine el tramo fuerte de liquidación del agro y el mercado vuelva a depender de otras fuentes de dólares en un contexto internacional más complejo.
LCG plantea justamente ese punto: si el flujo de deuda privada se enfría por condiciones globales más duras y, al mismo tiempo, las familias vuelven a acelerar la compra de divisas por la idea de un dólar barato, la calma actual puede empezar a resquebrajarse. El alivio de estos tres meses no garantiza por sí solo una segunda mitad del año sin sobresaltos.
Vencimientos, reservas y acceso al crédito
A esa fragilidad se suma el frente financiero. Entre 2026 y 2027, los vencimientos de Bonares y Globales suman USD 14.522 millones, una carga que obliga a mirar con cuidado la capacidad de financiamiento y la evolución de las reservas. Marzo, de hecho, ya dejó una señal incómoda: las reservas netas cayeron USD 866 millones por pagos a organismos internacionales y por la depreciación de activos como el oro.
En ese contexto, el riesgo país volvió a superar los 600 puntos básicos y volvió a enfriar la posibilidad de regresar al mercado internacional de crédito en condiciones más amigables. Por eso, el Gobierno aparece cada vez más volcado a la idea de captar los dólares de los argentinos, una apuesta que no resulta sencilla en un escenario político que ya empieza a mirar de reojo las presidenciales de 2027.
Un equilibrio que por ahora se sostiene
La calma cambiaria, entonces, existe y tiene fundamentos concretos. Hay más oferta de divisas, menos presión importadora y una estacionalidad que juega a favor. Pero ese equilibrio todavía está atado a factores que pueden cambiar rápido, sobre todo una vez que se agote el empuje de la cosecha y el calendario financiero vuelva a pesar con más fuerza.
Por ahora, el mercado mira abril, mayo y junio con algo más de tranquilidad. Después de eso, el desafío será comprobar si esa paz cambiaria era el inicio de una etapa más sólida o apenas un respiro dentro de un frente externo que todavía no termina de despejarse.
