En Argentina, 4 de cada 10 jóvenes de entre 25 y 35 años no pueden acceder a una vivienda propia o alquilar. Y, por lo tanto, continúan viviendo con sus padres o abuelos, según un informe reciente de la Fundación Tejido Urbano. Esta problemática, que ha persistido durante al menos dos décadas, está frustrando las perspectivas de independencia y futuro de las nuevas generaciones.

Fernando Álvarez de Celis, geógrafo y director de Tejido Urbano, analizó los resultados de este relevamiento y destacó la gravedad de la situación. «El dato es bastante preocupante, muestra que los jóvenes no pueden acceder ni a una casa propia ni a un alquiler. Argentina hace muchos años que no tiene crédito hipotecario, lo que dificulta aún más que los jóvenes puedan acceder a una vivienda. Además, el 60% de los ingresos de los jóvenes debería destinarse al alquiler, lo que lleva a muchos a seguir viviendo con sus padres», explicó.

Álvarez de Celis también señaló un fenómeno reciente y novedoso en Argentina. «Muchos jóvenes que habían logrado independizarse y habían salido de la casa de sus padres están volviendo debido a la crisis económica». Según el geógrafo, esta tendencia es cíclica y depende de la situación económica del país. «Desde 2004 hasta ahora, hemos observado que en los momentos de mejor situación económica, alrededor del 30% de los jóvenes no se habían emancipado. Mientras que en los periodos de crisis, ese porcentaje sube al 40%», añadió.

Un problema estructural

El problema habitacional en Argentina es profundo y multifacético. «El Estado, con todas sus políticas de vivienda, ha logrado cubrir solo el 7% del total de viviendas en Argentina, lo cual no es suficiente para solucionar el problema», explicó el especialista. Además, destacó que el país enfrenta un déficit habitacional de un millón de viviendas faltantes, a lo que se suman tres millones de viviendas en mal estado o demasiado pequeñas para las necesidades de la población. «Esto genera un problema habitacional de cuatro millones de viviendas, que impacta directamente en la cantidad de jóvenes que continúan viviendo con sus padres», añadió.

Factores culturales y regionales

Más allá de los aspectos socioeconómicos, Álvarez de Celis también señaló la influencia de factores culturales en la postergación de la independencia de los jóvenes. «Algunos dicen que la adolescencia se ha extendido o que los jóvenes prefieren estudiar y no quieren casarse. Hoy en día, la tasa de fecundidad y natalidad ha cambiado, y la edad promedio para ser padres ha aumentado a entre 32 y 33 años. Esto refleja un cambio en los ciclos de vida, con una mayor esperanza de vida y decisiones de formar una familia a una edad más avanzada», detalló.

En cuanto a las diferencias regionales, el informe muestra que las dificultades para la emancipación son más pronunciadas en las provincias del norte de Argentina, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires, el porcentaje de jóvenes no emancipados es relativamente bajo en comparación con el resto del país. «Es un panorama bastante heterogéneo. En la Ciudad de Buenos Aires hay una mayor emancipación, en parte debido a la migración de jóvenes que vienen a estudiar y viven solos. En cambio, en las ciudades del interior, sobre todo en el norte del país, casi 5 de cada 10 jóvenes siguen viviendo con sus padres», concluyó.