Un freno inesperado en alimentos llevó alivio al bolsillo, pero marzo igual cerraría cerca del 3%
Los alimentos y bebidas, el rubro más sensible del índice de inflación por su peso en el consumo cotidiano, mostraron en la segunda mitad de marzo un freno mucho más marcado que el esperado. Según estimaciones privadas, la cuarta semana del mes habría cerrado con una deflación de 0,6%, la baja más pronunciada del año, después de otra caída de 0,2% en la semana previa. El dato aportó algo de alivio en un mes que venía cargado por subas estacionales y ajustes en combustibles.
De acuerdo con la consultora LCG, esa desaceleración se explicó sobre todo por dos segmentos muy visibles en la mesa diaria: los productos panificados y la carne. Entre ambos explicaron la mayor parte del retroceso en alimentos y ayudaron a recortar las proyecciones previas para este componente del índice. Aun así, el alivio no alcanzaría para perforar con claridad el 3% en la inflación general de marzo, que sigue apareciendo como el número de referencia del mes.
La baja en alimentos cambió el cierre de marzo
El dato más llamativo apareció en la cuarta semana, cuando alimentos y bebidas habrían mostrado una deflación de 0,6%. Antes de eso, ya se había observado otra caída de 0,2% en la tercera semana, lo que dejó un cierre de mes mucho más moderado para uno de los rubros que más pesan dentro del IPC.
A partir de ese comportamiento, LCG corrigió a la baja su estimación para alimentos y bebidas y ahora proyecta que el rubro terminaría marzo en torno a 2,6%. La revisión implicó una baja de medio punto porcentual respecto de los cálculos anteriores y volvió a abrir una expectativa que hasta hace poco parecía más lejana: que la desinflación empiece a insinuarse antes de abril.
Carne y panificados, los dos motores del retroceso
Según la medición privada, la mitad de la baja en alimentos se explicó por la caída en productos panificados y la otra mitad por la carne. En este último caso, el movimiento resulta especialmente relevante porque venía de varios meses consecutivos de subas y había sido uno de los factores que más habían presionado sobre el índice general.
Ese cambio no implica todavía un quiebre definitivo en la dinámica de precios, pero sí muestra que algunos de los segmentos que venían empujando con más fuerza empezaron a aflojar. En un contexto de consumo debilitado, cualquier retroceso en productos básicos se siente rápido y tiene impacto directo sobre la percepción cotidiana de los precios.
Por qué no alcanza para bajar con fuerza la inflación del mes
Pese a ese freno en alimentos, marzo seguiría cerrando en torno al 3%, un nivel que, de confirmarse, marcaría uno de los picos más altos del último año. La razón es que el mes acumuló otros factores de presión, entre ellos el regreso de las clases, aumentos en los surtidores y distintos ajustes que siguieron empujando sobre el índice.
En ese marco, la deflación parcial de alimentos funciona más como compensación que como cambio de tendencia consolidado. Ayuda a moderar el dato final, pero por ahora no logra arrastrar al resto de los rubros con la misma intensidad. Por eso, aun con un cierre más estable en alimentos, la proyección general no se mueve demasiado del umbral del 3%.
El dólar en baja y el freno monetario, dos claves del mes
Entre los factores que ayudan a explicar esta mayor estabilidad aparecen dos elementos que el mercado viene siguiendo de cerca. Por un lado, la baja del dólar, que incluso llevó al minorista a cerrar por debajo de los $1.400. Por otro, la política de fuerte control de agregados monetarios que viene sosteniendo el Gobierno.
Ese esquema complica una recuperación más firme del consumo, pero al mismo tiempo actúa como ancla para evitar que los precios se desboquen. La contracara es conocida: menos tensión inflacionaria, pero también menos margen para que la demanda empuje la actividad. En esa tensión se viene moviendo la economía desde hace meses.
El proceso de desinflación sigue, pero más lento
Otros economistas, como Marina Dal Poggetto y Fernando Marull, siguen ubicando la inflación de marzo cerca del 3%, aunque todavía no habían incorporado del todo el comportamiento de la cuarta semana. En cualquier caso, el debate ya no pasa por si la inflación sigue bajando respecto de los picos de 2023, sino por cuán rápido puede seguir haciéndolo.
Ahí aparece una dificultad nueva. Después del derrumbe desde los niveles extremos de 2023, el proceso entró en una fase mucho más trabajosa, con una inflación más inercial, menos explosiva, pero todavía persistente. El dato de febrero, con un IPC de 2,9% y una variación interanual de 33,1%, ya había mostrado que la desaceleración continúa, aunque con menos potencia que antes.
Servicios y regulados siguen empujando hacia arriba
Mientras algunos bienes empiezan a dar señales de moderación, otros componentes del índice siguen traccionando en sentido contrario. Tarifas de electricidad, gas y agua continuaron ajustándose por encima del promedio, en el marco de un proceso de recomposición de precios regulados. A eso se suman alquileres, transporte y otros servicios personales, que siguen corriendo por encima de los bienes.
Ese comportamiento sostiene la inflación núcleo cerca del 3% mensual y explica por qué cuesta tanto perforar ese piso. El alivio en alimentos puede ayudar, pero mientras servicios y regulados mantengan esa dinámica, la baja del índice general seguirá siendo más lenta y más trabajosa.