El endeudamiento de los hogares volvió a encender señales de alarma y mostró en enero un deterioro mucho más fuerte que el del resto del sistema crediticio. Según los datos del Banco Central, la proporción de préstamos irregulares en familias pasó de 2,67% en enero de 2025 a 10,6% en el mismo mes de 2026. El salto expone con crudeza el deterioro de la capacidad de pago en los hogares, en un contexto donde el crédito creció, pero también se volvió más difícil de sostener.

La cifra implica que la morosidad de las familias se multiplicó por casi cuatro en apenas doce meses. El problema no se limitó a un segmento puntual, sino que se extendió a distintas líneas de financiamiento, con subas especialmente marcadas en préstamos personales y tarjetas de crédito. Aunque el Banco Central remarcó que el sistema financiero mantiene niveles altos de cobertura, el dato deja una advertencia clara sobre la presión que enfrenta una parte creciente de los hogares.

El deterioro fue más fuerte en los hogares

De acuerdo con el Informe de Bancos del BCRA, la mora general del crédito al sector privado llegó a 6,4% en enero. Eso implicó una suba de 0,8 puntos porcentuales frente a diciembre y un incremento de 4,77 puntos en comparación con enero del año pasado. La tendencia alcanzó a todos los grupos de entidades financieras, pero el deterioro fue claramente más severo en los préstamos a familias.

En ese universo, la irregularidad subió 1,3 puntos solo en términos mensuales. Ese movimiento dejó en evidencia que el problema no es solo anual o acumulado, sino que siguió profundizándose incluso en el arranque de 2026. La combinación de mayores compromisos financieros y menor margen en los ingresos familiares aparece detrás de ese empeoramiento.

Qué líneas muestran más problemas

El mayor nivel de mora se registró en los préstamos personales, donde la irregularidad llegó a 13,2% en enero. El salto mensual fue de 2,2 puntos porcentuales, lo que lo convirtió en el segmento más comprometido dentro del crédito al consumo. Ese dato resulta especialmente sensible porque se trata de una de las herramientas más utilizadas por los hogares para financiar gastos corrientes o cubrir desequilibrios de corto plazo.

Las tarjetas de crédito también mostraron un deterioro fuerte. La mora escaló a 11%, con una suba de 1,7 puntos frente a diciembre. En tanto, las líneas con garantía prendaria treparon a 6,3%, mientras que los créditos con garantía hipotecaria subieron a 1,3%. Aunque estos últimos siguen lejos de los niveles más problemáticos, también marcaron un empeoramiento respecto del mes previo.

Las empresas también empeoraron, pero menos

El crédito a empresas también mostró un deterioro, aunque bastante más contenido que el de los hogares. En enero, la tasa de irregularidad en ese segmento fue de 2,8%, con una suba mensual de 0,3 puntos porcentuales. La comparación anual deja ver un cambio importante, ya que en enero de 2025 ese nivel era de apenas 0,77%.

Aun así, la distancia entre ambos universos sigue siendo muy grande. Mientras las familias ya superan el 10% de mora, las empresas permanecen por debajo del 3%. Eso refuerza la idea de que el mayor estrés financiero hoy se concentra en los hogares, donde el crédito al consumo parece haber avanzado más rápido que la capacidad real de repago.

Qué dice el Banco Central sobre la solidez del sistema

Pese al empeoramiento de los indicadores, el Banco Central sostuvo que el sistema financiero conserva una cobertura elevada frente al riesgo de crédito. Según el informe, las previsiones totales del sector representaron 89,2% de la cartera en situación irregular, aunque ese ratio bajó 4,1 puntos respecto del mes anterior. En relación con el financiamiento total al sector privado, las previsiones equivalieron a 5,7%, con una suba de 0,5 puntos frente a diciembre y de 3 puntos en términos interanuales.

La autoridad monetaria también señaló que, al observar en conjunto la morosidad, las previsiones y el capital disponible, el sistema sigue mostrando respaldo suficiente. En ese sentido, destacó que el saldo irregular neto de previsiones representó apenas 1,5% de la responsabilidad patrimonial computable, un nivel que consideró bajo en comparación internacional. Es decir, el riesgo para los bancos todavía aparece contenido, aunque la señal sobre los deudores sea mucho más inquietante.

Una alerta sobre la fragilidad de los hogares

Más allá de la fortaleza que todavía exhiben las entidades financieras, el dato más delicado sigue estando del lado de las familias. El crecimiento de la mora revela que una porción cada vez mayor de los hogares ya no logra sostener el pago de sus préstamos en tiempo y forma. Esa presión puede responder a varios factores combinados: ingresos que no alcanzan, financiamiento más extendido, uso intensivo del crédito para cubrir gastos corrientes y menor resto para absorber imprevistos.

En ese marco, el salto de la morosidad no es solo un dato técnico del sistema bancario. También funciona como una señal social y económica sobre el nivel de tensión que se acumula en la vida cotidiana de miles de hogares. El crédito puede haber vuelto a moverse, pero la capacidad para sostenerlo parece haberse deteriorado mucho más rápido.