Una vez más, Hugo Moyano marcó el ritmo de las negociaciones salariales al cerrar un acuerdo que el Gobierno de Javier Milei no dudó en mostrar como un gesto político a su favor. El Sindicato de Camioneros aceptó una paritaria que fija un aumento total del 3,3% a lo largo de seis meses, muy por debajo de la inflación, con vigencia entre septiembre y febrero de 2026.

El entendimiento fue anunciado oficialmente por el Ministerio de Capital Humano, a cargo de Sandra Pettovello, lo que revela el valor simbólico que el Ejecutivo otorga a este convenio. La cartera destacó que el esquema «refleja el compromiso y el acompañamiento de los actores involucrados con la estabilidad económica».

Cómo será el aumento salarial

El acuerdo prevé un incremento del 1,2% en septiembre, 1,1% en octubre y 1% para noviembre, diciembre, enero y febrero. Además, incluye una suma no remunerativa de $25.000 por única vez, a pagarse en septiembre, que se incorporará al salario básico con un monto de $22.000 desde octubre.

El acta paritaria establece también que gremio y empresarios volverán a reunirse en diciembre para evaluar si es necesario introducir nuevas actualizaciones en los convenios colectivos.

El trasfondo de la negociación

El convenio llega después de semanas de tensión. A fines de agosto, Moyano había reclamado reabrir la paritaria argumentando que la inflación superaba lo acordado en el tramo anterior (junio-agosto), cuando el IPC acumuló 1,9% en julio y agosto, cifra que, según el sindicato, no reflejaba los aumentos reales en alimentos y productos de primera necesidad.

El dirigente camionero había cuestionado abiertamente las estadísticas oficiales al señalar «la evidente brecha entre los índices inflacionarios publicados por el Gobierno y los precios que marcan los supermercados». Pese a esas críticas, finalmente aceptó un esquema alineado con las pautas del Ministerio de Economía.

Un antecedente con polémica

La última paritaria de Camioneros, firmada en junio, había generado roces con los empresarios del sector. En ese momento, se pactó un aumento del 3% en tres cuotas y una suma fija de $45.000. El acuerdo fue objetado por cámaras pymes, que advirtieron que el incremento real era superior al anunciado, llegando al 8,4% en tres meses.

El conflicto casi frena la homologación, pero se destrabó gracias a la intervención del secretario de Trabajo, Julio Cordero, que pactó con Moyano un pago en cuotas para las empresas que no pudieran afrontar el bono completo.

El modelo que busca el Gobierno

Con este nuevo convenio del 3,3% en tres tramos, Moyano se transformó en un aliado inesperado para el oficialismo, que intenta contener la escalada salarial en un contexto de inflación controlada pero aún alta en términos interanuales. El Ejecutivo espera que el acuerdo funcione como referencia para otras negociaciones en puerta que amenazan con tensar la relación con distintos gremios.

La señal es clara: la Casa Rosada exhibe a Moyano como un socio dispuesto a acompañar su estrategia económica, incluso cuando eso implica aceptar incrementos por debajo de la inflación proyectada.