La escalada del petróleo volvió a sacudir a los mercados internacionales y abrió una nueva fuente de preocupación para la economía global. Con el barril de Brent otra vez cerca de los 110 dólares, el impacto ya no se limita al precio de la energía: también golpea a empresas, recarga tensiones inflacionarias y endurece las condiciones financieras en un momento delicado para países como la Argentina.

El movimiento de las Bolsas, de hecho, aparece como una consecuencia menor frente a un problema más profundo. Aunque sobre el cierre las plazas europeas y las de Nueva York moderaron parte de sus pérdidas, el foco del mercado quedó puesto en la suba del crudo y en el efecto que ese salto empieza a tener sobre distintos sectores productivos. Uno de los casos más visibles es el del aerokerosene JP1, utilizado por las aerolíneas, que durante esta crisis subió 100%, muy por encima del 50% que aumentó el petróleo.

Un mercado energético cada vez más distorsionado

Ese desequilibrio empezó a trasladarse al resto de la economía real. Las compañías aéreas quedaron atrapadas entre el encarecimiento de su principal insumo y una caída en la cantidad de pasajeros, mientras sus acciones se desplomaron en los mercados. Al mismo tiempo, las refinerías comenzaron a enfrentar faltantes de petróleo para procesar, lo que derivó en una suba inusual de los combustibles.

En ese contexto, desde la consultora petrolera NextBarrel advirtieron que el rebote del crudo no refleja del todo la magnitud del problema. Según explicó el analista Matías Togni, el mercado leyó las palabras de Donald Trump como una continuidad del escenario que ya venía tensionando a los inversores, y el intento de tranquilizar a los mercados terminó produciendo el efecto contrario: el petróleo recuperó las bajas de los últimos días y volvió a acercarse a los 110 dólares.

La desconexión entre las pantallas y el mundo real

Togni sostuvo además que la verdadera alarma está en el mercado físico, donde los barriles que se negocian por fuera de la referencia financiera están marcando récords históricos. Ese desfasaje, según planteó, muestra una creciente desconexión entre los precios que se ven en las pantallas y lo que efectivamente ocurre en la compraventa real de energía.

Un ejemplo de ese fenómeno aparece en Europa. Allí, el gasoil llegó a cotizar a 200 dólares por barril en Rotterdam, la referencia para ese mercado. La advertencia es directa: esos valores podrían trasladarse en breve a las Américas. Para la Argentina, el dato tiene un peso especial, ya que el país importa gasoil y esa suba termina impactando sobre dos sectores sensibles de la economía local: el transporte y el agro.

Más presión sobre la inflación argentina

El encarecimiento del combustible aparece así como una amenaza adicional para la inflación local. En una economía donde el costo logístico ya tiene un peso importante sobre los precios, una suba de esta magnitud puede recargar todavía más la estructura de costos y trasladarse a distintos rubros de la actividad.

Pero el problema no termina ahí. El salto del petróleo también pega sobre la deuda argentina y sobre la posibilidad de volver a conseguir financiamiento externo en condiciones razonables. En medio de la tensión global, los inversores dejaron de buscar cobertura en bonos emergentes y volvieron a refugiarse en activos estadounidenses.

El regreso al dólar y a los bonos del Tesoro

Esa búsqueda de refugio quedó reflejada en varios movimientos. El índice de países emergentes cayó 1,2%, mientras los bonos del Tesoro norteamericano subieron y su rendimiento bajó a 4,31%, una señal clara de que el capital volvió a concentrarse en esos activos. Al mismo tiempo, el dólar se fortaleció frente a las principales monedas del mundo y el índice DXY trepó a 100,01 puntos.

Detrás de esa fortaleza del dólar no hay una noticia positiva, sino una combinación de factores defensivos. La prolongación del conflicto obliga a sostener tasas altas en Estados Unidos, lo que enfría el crédito y deteriora el ingreso disponible. Las hipotecas treparon al 6,35% anual, también subieron las tasas de las tarjetas y el precio del galón de nafta pasó de 2,98 a 4,02 dólares entre febrero y ahora, un alza del 35%.

Un escenario internacional más duro para la Argentina

Para la Argentina, ese cuadro llega en un momento incómodo. El país enfrenta en julio vencimientos de deuda por más de 4.200 millones de dólares y, al mismo tiempo, sigue con reservas netas negativas. En ese marco, un mercado internacional más selectivo y un dólar fortalecido vuelven más difícil cualquier intento de financiamiento.

A eso se suma otro dato sensible: una parte relevante de las reservas está en yuanes, por lo que la apreciación del dólar también complica la posición financiera del Banco Central. La lectura del mercado es que la Argentina podrá cumplir con capital e intereses, pero probablemente deba hacerlo apelando a mecanismos por fuera del crédito tradicional, con respaldo político de Estados Unidos.

El estrecho de Ormuz, otra fuente de incertidumbre

La evolución del conflicto también mantiene la atención sobre el estrecho de Ormuz, un paso clave para el comercio mundial de crudo y bajo influencia de Irán y Omán. Por allí circula cerca del 20% del petróleo que se comercializa en el mundo, una proporción decisiva para Europa. Aunque hubo cierto alivio por la respuesta diplomática de Irán a las declaraciones de Trump, las aseguradoras siguen cobrando primas altísimas para cubrir el transporte en esa zona.

Ese factor vuelve todavía más inestable al mercado energético y alimenta la volatilidad. En este marco, las leves mejoras del S&P 500 y del Nasdaq sobre el cierre quedaron relegadas frente a un problema de escala mucho mayor. Los fondos de inversión siguen desprendiéndose de acciones y el consumidor estadounidense empieza a sentir al mismo tiempo el deterioro de sus ahorros y el encarecimiento de su vida cotidiana.