El consumo arrancó 2026 con una rareza: crecieron los mayoristas y retrocedieron los supermercados
El consumo mostró en enero una postal inusual y dejó una señal ambigua sobre el arranque económico de 2026. Mientras las ventas en autoservicios mayoristas crecieron 1,3% interanual, los supermercados minoristas registraron una caída de 1,2%, según los datos difundidos por el Indec. La diferencia marcó un cambio respecto de meses anteriores y volvió a exponer cómo la pérdida de poder de compra sigue modificando la forma en que hogares y pequeños comercios se abastecen.
La brecha también se notó en la comparación mensual desestacionalizada. Los mayoristas mejoraron 0,8% frente a diciembre, mientras que los supermercados bajaron 1,5%. El dato sugiere que, aun con una inflación menos acelerada que en otros tramos recientes, el ajuste sobre el bolsillo todavía empuja a buscar precios más convenientes y a reorganizar las compras.
Mayoristas arriba, supermercados en baja
La mejora en los autoservicios mayoristas contrastó con el retroceso de los establecimientos minoristas y dejó una lectura clara: el consumo no se derrumbó de manera uniforme, pero sí siguió desplazándose hacia canales donde se perciben mejores precios o mayor rendimiento por compra. Ese movimiento fue visible tanto en la evolución interanual como en la medición contra el mes previo.
En valores corrientes, la facturación subió en ambos formatos, aunque por efecto de los precios. Los mayoristas alcanzaron ventas por $339.788,7 millones, con un alza nominal de 25,8%, mientras que los supermercados llegaron a $2.339.233,3 millones, un incremento de 25,1% respecto de enero de 2025. Sin embargo, al ajustar por inflación, la diferencia entre uno y otro canal volvió a hacerse evidente.
Qué rubros empujaron las ventas
El rubro carnes fue el que más se destacó en ambos formatos, aunque con distinta intensidad. En los autoservicios mayoristas, trepó 70,7% interanual, mientras que en supermercados avanzó 49,4%. También mostraron subas importantes en mayoristas los productos de almacén, con 30,5%, y los artículos de limpieza y perfumería, con 19,7%.
En los supermercados, en cambio, se movieron con más fuerza otros segmentos. Verdulería y frutería crecieron 38,3%, alimentos preparados y rotisería avanzaron 32,5% y panadería subió 27,2%. Esa composición muestra que el consumo siguió activo, pero más selectivo y concentrado en productos cotidianos, básicos o de alta rotación.
Tickets más altos, pero con comportamientos distintos
El ticket promedio también reflejó el cambio en los hábitos de compra. En los mayoristas, el importe medio por operación llegó a $50.372, con un salto interanual de 47,1%. En los supermercados, el promedio fue de $34.840 y mostró una suba de 30,1% frente a enero del año pasado.
La diferencia entre ambos niveles no solo responde al tipo de compra, sino también al perfil de quienes eligen cada canal. En los mayoristas, además de consumidores particulares, también compran comercios de cercanía y hogares que buscan stockearse para defenderse de la inflación. En los supermercados, la compra aparece más fragmentada y menos orientada al volumen.
Cambian los medios de pago
Otro dato relevante del informe fue el avance de los medios de pago alternativos. En los supermercados, la tarjeta de crédito explicó 43,1% de la facturación total, seguida por débito, efectivo y otros medios. Estos últimos, donde entran billeteras virtuales y pagos con QR, crecieron 63,1% interanual y ya representaron 14,8% del total.
En los autoservicios mayoristas, el fenómeno fue todavía más visible. Los “otros medios de pago” pasaron a liderar con 32,2% del total facturado, con una suba de 48,4% en un año. Detrás quedaron el efectivo, la tarjeta de crédito y el débito, este último con una leve caída. El dato confirma que la digitalización financiera sigue ganando terreno incluso en formatos donde antes predominaba el uso del efectivo.
Empleo y salarios, con señales dispares
El empleo mostró una trayectoria más débil en ambos sectores, aunque con mayor caída en los mayoristas. En enero, ese segmento empleó a 13.206 asalariados, lo que implicó una baja interanual de 8,7%. El ajuste alcanzó con más fuerza a cajeros, administrativos y repositores, mientras que el costo laboral total del sector también retrocedió en términos interanuales.
En los supermercados, el personal ocupado llegó a 99.014 trabajadores, con una disminución más moderada de 1,5%. Los salarios brutos promedio crecieron en ambos formatos, pero siguieron conviviendo con una dinámica de consumo todavía débil. Eso deja una señal conocida en la economía argentina reciente: los ingresos nominales suben, pero no siempre alcanzan para impulsar una recuperación firme de las ventas.
Un consumo que no termina de acomodarse
La foto de enero mostró que el consumo sigue sin encontrar un sendero claro y uniforme. El crecimiento de los mayoristas no alcanzó para disimular la caída en supermercados, y el desplazamiento hacia formatos más defensivos volvió a dejar en claro que muchas familias siguen ajustando dónde, cómo y cuánto compran. La lógica parece haber cambiado: no se trata solo de comprar menos o más, sino de buscar el canal que mejor resista el deterioro del poder adquisitivo.
En ese contexto, el arranque de 2026 dejó una señal mixta. El consumo no desapareció, pero tampoco encontró una recuperación sólida y homogénea. Por ahora, lo que aparece es una reconfiguración del gasto, con hogares y comercios de cercanía moviéndose hacia opciones más baratas, más flexibles o más convenientes en medio de una economía que todavía no logra devolverles aire.