El célebre detective de arte Arthur Brand calificó el reciente robo en el Museo del Louvre como una operación “idéntica a Ocean’s Eleven” (La Gran Estafa en Latinoamérica), por la precisión y la planificación con que fue ejecutado. En diálogo con El País, el investigador neerlandés afirmó que “es más fácil robar en un museo que en una joyería famosa”, y apuntó contra las deficiencias estructurales en los sistemas de seguridad de los grandes espacios culturales.

El asalto, ocurrido a plena luz del día, habría implicado el uso de una escalera y una observación previa de las rutinas internas del museo, lo que, según Brand, demuestra un nivel de estudio digno de un guion cinematográfico.

Un robo de película en el corazón de París

Para el especialista, los ladrones realizaron visitas previas al Louvre para analizar la disposición de las salas, las posiciones de las cámaras y los turnos del personal de seguridad. Cada detalle, dijo, fue “calculado al milímetro”.

El Louvre es la sala más famosa del mundo y también el sueño de cualquier delincuente de esta clase”, aseguró Brand, que se convirtió en referencia internacional tras recuperar obras de Picasso, Dalí y Tamara de Lempicka.

Los museos, más vulnerables que las joyerías

El detective explicó que, a diferencia de las joyerías —donde los empleados están preparados para reaccionar ante un asalto—. Los museos dependen en exceso de sistemas automatizados y de personal que no siempre cuenta con formación específica para actuar ante una emergencia.

“En una joyería, el personal sabe cómo proceder; en un museo, muchas veces no hay entrenamiento ni reflejos para enfrentar un robo”, remarcó Brand. Y quien sostuvo que la rutina y la confianza en la tecnología crean una falsa sensación de seguridad.

El tráfico de arte y la falta de cooperación internacional

Brand también destacó la necesidad de fortalecer la colaboración global entre museos, fuerzas de seguridad y expertos en patrimonio cultural para combatir el tráfico ilícito de obras de arte. “Sin una red internacional de información y apoyo, muchas piezas jamás regresarían a sus propietarios legítimos”, advirtió.

El detective recordó que varios museos europeos fueron víctimas de robos espectaculares en los últimos años. Lo que demuestra que la amenaza “no distingue entre instituciones famosas o pequeñas galerías”.

Un desafío que exige tecnología y capacitación

Para el neerlandés, la protección del arte requiere combinar tecnología avanzada con formación humana. La reciente intrusión en el Louvre, afirmó, debe ser interpretada como un llamado de atención. “Los ladrones de arte estudian durante meses los movimientos del personal y las rutinas de los visitantes; cada vulnerabilidad es una oportunidad”.

La sofisticación de estos delitos, concluye Brand, obliga a repensar los métodos de resguardo del patrimonio cultural. “La seguridad en los museos no es un asunto del pasado, sino un desafío en permanente evolución”, sostuvo.