Patrick Depailler, el piloto que peleaba por la Fórmula 1 y vio cambiar su destino tras un accidente en ala delta
Patrick Depailler atravesaba uno de los mejores momentos de su carrera cuando un accidente fuera de las pistas alteró por completo su futuro en la Fórmula 1. El francés había ganado el Gran Premio de España de 1979 con Ligier y compartía la punta del campeonato con Gilles Villeneuve, con 20 puntos. Apenas un mes después, durante un vuelo en ala delta cerca de Clermont-Ferrand, sufrió graves fracturas que lo dejaron fuera de competencia durante el resto de la temporada.
Depailler tenía 34 años y ya era considerado uno de los pilotos más veloces y arriesgados de su generación. Había corrido en motos, practicado esquí y buscaba constantemente actividades vinculadas con la adrenalina. El accidente ocurrió el 3 de junio de 1979 y le provocó fracturas en las piernas, los brazos, varias costillas y lesiones severas en los tobillos.
El accidente que terminó con sus chances de pelear el título
El impacto contra la montaña fue tan violento que durante las primeras horas se llegó a temer que las lesiones le impidieran volver a competir. Incluso se mencionó la posibilidad de amputar sus pies debido al estado de sus tobillos. Depailler debió atravesar varias operaciones y una recuperación prolongada antes de pensar nuevamente en subirse a un monoplaza.
Su ausencia obligó a Ligier a reemplazarlo mientras el campeonato continuaba. El equipo recurrió al belga Jacky Ickx, y cuando Depailler estuvo nuevamente en condiciones de evaluar su regreso descubrió que su lugar dentro de la estructura francesa ya no era el mismo. La posibilidad de pelear por el campeonato de 1979 había desaparecido.
Durante la rehabilitación, Depailler realizó un intenso trabajo físico para recuperar fuerza suficiente en las piernas y accionar los pedales de un Fórmula 1. El proceso sufrió incluso un nuevo contratiempo cuando volvió a fracturarse una pierna durante una visita al hospital. Aun así, mantuvo como objetivo regresar a la categoría.
El regreso con Alfa Romeo y las secuelas del accidente
La oportunidad apareció con Alfa Romeo, que buscaba consolidar su retorno como equipo de Fórmula 1. Depailler aceptó la propuesta y llegó a la temporada de 1980 todavía con dificultades para caminar, hasta el punto de presentarse públicamente utilizando muletas. Los ingenieros debieron modificar los pedales del Alfa Romeo 179 para adaptarlos a la menor fuerza que conservaba en sus piernas.
El rendimiento del auto complicó todavía más su regreso. Aunque el motor mostraba potencia y Depailler consiguió buenas posiciones de clasificación en circuitos como Kyalami y Long Beach, la falta de confiabilidad provocó ocho abandonos consecutivos. El francés continuaba convencido de que tanto él como el monoplaza podían mejorar.
Después del Gran Premio de Gran Bretaña, disputado en julio de 1980, decidió aprovechar el receso del campeonato para alejarse temporalmente de las carreras. Viajó a las islas Azores junto con su pareja Valerie y su amigo François Guiter, uno de los hombres que lo habían acompañado durante buena parte de su trayectoria. Fueron algunos días dedicados al descanso, el buceo y la recuperación física y mental.
Una llamada interrumpió sus vacaciones
Mientras se encontraba en las Azores, Alfa Romeo le pidió que regresara para participar de una sesión de pruebas en Hockenheim. El equipo preparaba el Gran Premio de Alemania y confiaba especialmente en la capacidad de Depailler para detectar problemas y sugerir ajustes en el auto. Su experiencia como piloto de desarrollo era considerada una de sus principales virtudes.
La prueba se realizó el 1° de agosto de 1980, nueve días antes de la carrera y apenas ocho antes de que Depailler cumpliera 36 años. Durante una de las vueltas, el Alfa Romeo perdió el control en una de las zonas más rápidas del circuito y salió de la pista. El monoplaza golpeó violentamente contra las barreras sin que pudiera establecerse con certeza la causa del accidente.
Las primeras investigaciones consideraron la posibilidad de una falla mecánica, posiblemente vinculada con la suspensión. No se encontraron marcas claras de frenada y se estimó que el vehículo abandonó la pista a una velocidad cercana a los 200 kilómetros por hora. Depailler fue trasladado en helicóptero a una clínica de Heidelberg, pero murió como consecuencia de las heridas.
El piloto que había hecho delirar al público argentino
Depailler dejó también una imagen especialmente recordada en Argentina. Durante el Gran Premio disputado en Buenos Aires el 15 de enero de 1978, realizó una maniobra en la recta del lago para superar prácticamente al mismo tiempo a Didier Pironi y Brett Lunger. Terminó tercero, detrás de Mario Andretti y Niki Lauda, y recibió una de las mayores ovaciones de aquella jornada.
A lo largo de su trayectoria disputó 95 Grandes Premios de Fórmula 1, consiguió dos victorias, 19 podios, una pole position y cuatro vueltas rápidas. Sus triunfos llegaron en Mónaco en 1978 y España en 1979, apenas unas semanas antes del accidente de ala delta. En ese momento, su rendimiento con Ligier alimentaba la posibilidad de disputar por primera vez el campeonato mundial.
Su carrera terminó marcada por dos accidentes muy distintos ocurridos con apenas catorce meses de diferencia. El primero interrumpió la temporada en la que aparecía como candidato al título y condicionó físicamente su regreso. El segundo, durante las pruebas de Hockenheim, terminó definitivamente con la vida de uno de los pilotos franceses más reconocidos de aquella generación.