River perdió 1-0 frente a Gimnasia de La Plata en el Monumental y profundizó una crisis futbolística que amenaza con explotar justo antes del Superclásico en la Bombonera. El Millonario no solo comprometió seriamente su clasificación a la Copa Libertadores 2026, sino que igualó una racha negativa que no sufría desde hace 99 años.

El equipo de Marcelo Gallardo volvió a mostrar una versión preocupante: impreciso, sin ideas y con poca reacción. El Lobo se llevó los tres puntos gracias a un gol de Marcelo Torres, ex Boca, y silenció a Núñez, que terminó la tarde con bronca e incredulidad. Cuando parecía que el partido se moría sin respuestas, River tuvo la chance de empatar en el final: penal para Miguel Borja. Pero el remate del colombiano fue detenido por Nelson Insfrán, héroe de la jornada y responsable de un triunfo histórico para los platenses.

Con esta derrota, River sumó su cuarto tropiezo consecutivo como local, algo que no ocurría desde 1926. Aquella vez, en el antiguo estadio de Alvear y Tagle, había perdido ante San Lorenzo, Racing, Sportivo Palermo y Sportivo Buenos Aires. Y este presente también se enlaza con otra marca negativa histórica: solo entre 1905 y 1906 el club encadenó siete derrotas seguidas en casa, su peor registro. Un fantasma que vuelve a merodear.

El último triunfo en el Monumental fue el 31 de agosto, cuando venció 2-0 a San Martín de San Juan. Desde entonces, el equipo no solo cayó en su casa, sino que quedó atrapado en una dinámica alarmante justo en la etapa decisiva del calendario. La triple competencia, las bajas y el bajón futbolístico golpearon fuerte, y Núñez vive una crisis inédita en la era Gallardo.

El panorama no podría ser más complejo: el próximo desafío será nada menos que Boca, el domingo 9 de noviembre a las 16.30 en la Bombonera. Y River llegará al Superclásico con la moral en el piso, un rendimiento en caída libre y la obligación de reaccionar para no profundizar el derrumbe. Será un Superclásico cargado de tensión, con un Millonario urgido y un rival dispuesto a aprovechar el momento.

En Núñez lo saben: no es un partido más. Es el que puede empezar a cambiar el rumbo… o hundirlo definitivamente.