El acto de gritar durante el esfuerzo físico no es solo una expresión emocional: distintas investigaciones sugieren que la vocalización en el momento de máxima contracción puede generar un incremento medible en la fuerza y el rendimiento muscular. Estudios recientes citados por el diario deportivo francés L’Équipe indican que el aumento podría rondar el 5%, una diferencia relevante en contextos de alto rendimiento.

La práctica no es nueva ni exclusiva de una disciplina. Desde el tenis hasta las artes marciales, el grito —o “kiai”, en el caso del karate— forma parte de la ejecución técnica y del componente mental que acompaña la competencia.

Qué dicen los estudios sobre fuerza y vocalización

En 2024, un experimento realizado en Canadá pidió a voluntarios golpear un clavo primero en silencio y luego gritando. Los resultados mostraron que los golpes acompañados de vocalización fueron más potentes. Ese hallazgo se suma a décadas de trabajos que vinculan la emisión de sonido con una mayor activación neuromuscular y una mejor estabilización del tronco.

Un estudio de 2018 liderado por el investigador Scott Sinnett analizó la relación entre grito y activación muscular en prácticas de combate, concluyendo que la vocalización incrementa la intensidad del gesto técnico. En pruebas con karatekas, la técnica del “kiai” se asoció con un aumento del 7% en la fuerza de agarre.

En el tenis, investigaciones previas mostraron que gritar podría incrementar la potencia del golpe de derecha en un 19% y la del servicio hasta en un 26%, aunque esos resultados dependen del contexto y del diseño experimental.

El caso del tenis: potencia, decibeles y controversia

En el circuito profesional, el grito ha generado debates. Jugadoras como Aryna Sabalenka han alcanzado registros superiores a los 90 decibeles durante torneos importantes, niveles comparables al ruido de una motocicleta. La tenista defendió públicamente su estilo al señalar que el grito le surge de forma natural y la ayuda a jugar con mayor agresividad.

El fenómeno no se limita al tenis femenino ni a una sola generación. Históricamente, figuras como John McEnroe también fueron conocidas por sus exclamaciones durante los puntos decisivos, aunque los análisis posteriores mostraron que el aumento de fuerza no siempre se traduce en mayor precisión.

Más allá de la fuerza: el impacto psicológico

El grito no actúa solo a nivel físico. Desde el punto de vista psicológico, puede ayudar a canalizar la agresividad competitiva, elevar el nivel de activación y reforzar la concentración en instantes críticos. En deportes como el judo, la halterofilia o la escalada, la vocalización acompaña la descarga máxima de energía.

En escalada deportiva, el checo Adam Ondra ha convertido sus rugidos en parte del ritual competitivo. En disciplinas donde el margen entre éxito y fallo es mínimo, la activación mental puede ser tan determinante como la fuerza física.

En deportes colectivos, además, el grito puede cumplir una función grupal: reforzar la motivación, sincronizar la energía del equipo o incomodar al rival.

¿Siempre conviene gritar?

Pese a los datos favorables, los especialistas advierten que el efecto no es universal. Investigaciones en tenis sugieren que el grito puede alterar la percepción auditiva del oponente, pero no necesariamente mejorar la precisión del ejecutante. En algunos casos, un exceso de activación puede incluso perjudicar la fineza técnica.

El consenso emergente es que el grito puede ser una herramienta útil, siempre que se integre en la mecánica del gesto deportivo y no desplace el control técnico. En otras palabras: puede sumar potencia y confianza, pero no reemplaza la preparación física ni la estrategia.