Los referentes barriales llevan a cabo tareas de asistencia en comedores y merenderos comunitarios de nuestra provincia. En el último tiempo, advirtieron que el numero de niños y niñas que acuden a estos establecimientos está en un sostenido crecimiento. Al tiempo que resaltaron que, cada vez son mas escasos los recursos económicos, con los que cuentan para afrontar esta situación.

Este panorama coincide de hecho con un reporte difundido por Unicef que afirma que “Dos de cada tres niñas y niños de Argentina son pobres por ingresos o están privados de derechos básicos”.

Gabriela Gramajo referente del Polo Obrero integra una red de voluntarios que tienen a su cargo cerca de 50 merenderos en toda la provincia. Varios de los cuales, están emplazados en barrios que no cuentan con luz ni agua, y donde la calidad de vida es absolutamente precaria. «Las viviendas están hechas con techo de lona y plástico, y no tienen baños instalados. En su lugar, hay letrinas hechas con techo de chapa y cartón”, comentó la referente al medio local LG. Gabriela relató que en varias oportunidades han hablado con sectores del Gobierno, para que transiten los barrios y conozcan de cerca la realidad con la que ella y sus colegas trabajan día a día.

Deserción escolar: un tema que preocupa

Un tema fundamental que remarca Gramajo es la creciente deserción escolar que notan en aquellos niños que acuden a los merenderos. En la mayoría de los casos, la falta de elementos básicos impide que los infantes acudan a la escuela con regularidad. La imposibilidad de afrontar los gastos de las cooperativas escolares, también resulta en un factor de exclusión para los sectores con menos recursos.  «Los sacan de la escuela y les dicen, ‘deciles a tus papás que vengan, porque tienen que pagar’” ejemplifica.

Por su parte Jackeline Pérez, coordinadora del merendero Conquistando Sonrisas, hizo hincapié en la creciente desocupación de los padres. A lo que, Yanina Dominguez, del merendero Por una Sonrisa feliz, agregó que, en la mayoría de los casos, los jefes de familia no tienen trabajo o cuentan con uno informal.

En Tucumán los comedores son sostenidos no solo por mujeres sino en muchos casos por familias enteras. En muchos casos estos lugares funcionan en sus propias viviendas como es el caso de Silvia Moya. La mujer abrió uno en su casa del barrio San José, y comenta que, acuden personas de otros barrios también, en busca del alimento diario.

Trabas y obstáculos

Las titulares y referentes de los comedores no cuentan con registros oficiales que documenten la cantidad de personas, ya que este numero nunca es fijo. Pero advierten que, cada día va en aumento. El principal inconveniente, que afrontan hoy, es la escasez de recursos de los que disponen. Esto está ocasionando que pese a la demanda los centros comunitarios deban restringir el número de comidas que ofrecen. Ya que, en muchos casos no, cuentan con mas apoyo que el de sus propios vecinos. “Llevamos adelante el comedor a través de donaciones de la gente y, hace un tiempo Desarrollo Social, nos prové alimentos secos”, explicó Domínguez.

El contacto de los merenderos para quienes deseen colaborar es: Por una sonrisa feliz: 3813 39-5269 (Yanina Domínguez); Esperanza nuestra: 3815 00-0105 (Silvia Moya); Coordinación Polo Obrero: 3816 10-3342 (Gabriela Gramajo).