Esta es la historia de una tucumana que dejó todo para buscar un futuro mejor en Estados Unidos. Martina Romero recién terminaba la secundaria, y no sabía muy bien qué hacer con su vida. De una forma «loca e inesperada», como ella lo define, le salió la oportunidad de ir a trabajar al país del norte. Solo la acompañaba ese optimismo que caracteriza a los jóvenes; además de un fuerte presentimiento de que sí iba a encontrar su lugar. Y así fue.

«Extraño todos los días de mi vida, mi país, mi Tucumán querido, mi familia, amigos y todo lo que se te cruce por la mente. Pero, sin dudas, fue la mejor decisión de mi vida. Me vine con una mochila llena de metas e ilusiones y todo está saliendo mejor de lo que nunca imagine», explica Martina en exclusiva para VOVE Tucumán. Su novio planeaba pedirle matrimonio el 31 de diciembre, en festejos de Año Nuevo, pero la tercera estrella lograda por la Selección, le hizo cambiar los planes para darle una doble alegría al amor de su vida.

Un nuevo comienzo alejada de su familia y amigos

«Me mudé a Estados Unidos hace 3 años, con Valentina, una amiga de la infancia. Ella tiene familia en Sonoma, California. Vine en noviembre, unos meses antes que comience la pandemia, y tenía planes de volver a Tucumán porque la verdad estaba siendo muy duro. Aparte solo tenía 18 años, pero pude recuperarme después de unos meses y decidí quedarme. En abril del 2021 mi mamá Marcela Espinosa y mi papá Miguel Romero vinieron a visitarme. Y desde ahí en adelante, toda mi vida cambio y empezó a ser mi mejor momento. En agosto del 2021 empecé a trabajar en un restaurante ubicando en Kenwood (estado de California) llamado Salt and Stone«, comenzó el relato Martina.

Restaurante Salt and Stone

Una historia de amor inesperada

«En mi primer día de trabajo, Daemon Elijah Weslee Modar, mi prometido y ahora esposo, apareció en mi vida. Y lo supe desde la primera vez que me habló. Él es nacido en Fairfield, California, y actualmente tiene 30 años, éramos compañeros de trabajo. Fue algo ‘mundial’ el encuentro, porque cuando lo conocí, él tenía 28 y yo 20«, continúa Martina. «Yo entendía mucho inglés para ese entonces, pero casi no lo hablaba, solo lo necesario. Y él, cero español. Mi primer turno, en mi primer día de trabajo, al final cuando de irme, me detuvo y me preguntó si le podía dar mi Instagram. La verdad solo lo miré, y le sonreí. Y le dije que me diera su celular. Entonces le escribí el mío ahí, y me fui. Mis nervios no me dejaron hablar nada de inglés. En ese mismo momento, me mandó un mensaje, y a los días me dijo que quería cenar conmigo. A todo esto nunca le había mencionado que no hablaba mucho inglés».

La primera cita

«Fuimos a un restaurante Chino. Estábamos charlando y en eso le pregunté cuantos años tenía y me dice ‘¿Cuánto piensas?’. Y yo tiré 23, ya que su cara me daba a esa edad. Entonces me contestó que tenía 28. Yo no lo podía creer y me dijo ‘¿Por qué estás tan sorprendida?’. Le contesté que porque yo tenía 20. Nos reímos. Por alguna razón, el idioma nunca fue un problema para nosotros. Aunque obvio, todavía tengo muchísimo que aprender, pero con él, mi seguridad al hablar inglés me da mucha naturalidad. Desde ese entonces no nos separamos más, y yo dejé de trabajar en Salt and Stone, porque no queríamos trabajar juntos«.

Doble alegría: Argentina Campeón Mundial y casamiento

Mi amiga Ayelén Soria y su esposo Daniel Nadar, también tucumanos, sabían de un grupo de Argentinos que se iban a juntar a ver la final en el Golden Gate Park, en San Francisco. El lugar está como a una hora de Santa Rosa, California, que es donde vivimos actualmente. Hicimos planes, pero yo no tenía ni idea de lo que iba a pasar. Mis amigos lo sabían y estaban preparados. Luego del partido, que fue un sufrimiento sin fin, yo lo notaba a él, súper nervioso. Claro, pensaba que era solamente por el partido, pero también eran sus nervios por la ‘Gran pregunta'», el video de esta nota retrata la reacción de Martina ante la propuesta de su novio, sorpresa y alegría.

«Cuando terminó el partido, entre llanto y mucha felicidad, él me estaba apurando para irnos. Pero yo me negaba, porque quería seguir festejando. Finalmente, empezamos a caminar y él encontró un sitio perfecto con una vista impresionante, y me dijo que nos saquemos una foto. Yo agarré la bandera argentina y él me la quitó, y yo lo miré confundida. Luego se arrodilló y todo tuvo sentido. No tengo palabras para explicar lo feliz que estaba y estoy ¡Fue perfecto! Mi país campeón mundial, el amor de mi vida me pidió casamiento con la camiseta de San Martin y en la ciudad más hermosa del mundo, al menos para mí, no puedo haber pedido más«, relataba la joven tucumana, todavía emocionada.

«Luego él me contó que tenía en mente hacerlo en Año Nuevo. Pero, siguiendo todos los partidos, se dio cuenta de que íbamos a la final, y que íbamos a ganar y cambiaron sus planes. Me propuso casamiento y después de unos 20 minutos me tiro otra sorpresa, que nos íbamos a casar al siguiente día. Y así fue«.

El apoyo incondicional de una familia siempre presente

Por último, Martina agradece a todos sus seres queridos, que siempre la apoyaron, y a ahora apoyan al matrimonio. «Podría decir tantas cosas, pero creo que eso sería insuficiente, así que sola una más. Todo esto nunca hubiera pasado, sin el apoyo que tenemos tanto de parte de su familia como la mía. Y de muchísima gente que nos quieren, y están viviendo todo esto con la misma felicidad que lo hacemos Eli y yo». Desde VOVE Tucumán, deseamos un futuro próspero y feliz a Martina y Elijah.