Un estudio con 370.000 ensayos advierte que la IA puede reducir la creatividad en estudiantes
El uso de inteligencia artificial (IA) para escribir y generar ideas abrió una discusión cada vez más fuerte en el ámbito educativo. Aunque estas herramientas pueden mejorar la fluidez, corregir errores y aportar vocabulario más elaborado, distintos estudios advierten un efecto menos visible: los textos tienden a parecer más creativos, pero sus ideas se vuelven más parecidas entre sí. La preocupación central apunta a los estudiantes, especialmente cuando usan chatbots para la etapa previa de lluvia de ideas.
La investigadora Rebecca Winthrop, directora del Centro para la Educación Universal de la Brookings Institution, planteó que la escritura no empieza cuando se redacta la primera oración. Para ella, el proceso creativo aparece antes, cuando una persona busca perspectivas, conecta experiencias y desarrolla ideas propias. Por eso, advierte que delegar esa instancia en una IA puede afectar la amplitud del pensamiento y la originalidad.
Qué mostró el análisis de los ensayos
Durante los últimos ocho años, un equipo liderado por el neurocientífico Adam Green, de la Universidad de Georgetown, analizó ensayos de estudiantes secundarios que aspiraban a ingresar a la universidad. La investigación comparó textos escritos antes y después de la aparición de ChatGPT. En total, el trabajo incluyó más de 370.000 declaraciones personales.
El resultado mostró una diferencia clave. Después de la llegada de ChatGPT, los ensayos presentaban un lenguaje más diverso, expresivo y pulido. Sin embargo, las ideas de fondo aparecían menos originales y más concentradas en categorías repetidas.
Esa mejora superficial tuvo efecto en la evaluación. Según el estudio, los ensayos posteriores a ChatGPT fueron calificados como más «creativos» por jueces humanos, aunque el contenido tendía a repetirse. En otro análisis del mismo equipo, los textos escritos por personas ofrecieron hasta ocho veces más ideas novedosas que los generados por inteligencia artificial.
Textos más prolijos, ideas más parecidas
Otra investigación comparó relatos cortos escritos por humanos con textos creados con asistencia de IA. Los resultados fueron similares: los trabajos apoyados por inteligencia artificial tenían vocabulario más atractivo y eran percibidos como más amenos. Aun así, las tramas, personajes y escenarios mostraban menos variedad.
La explicación está en cómo funcionan estos modelos. Un chatbot no piensa como una persona ni parte de una experiencia vivida. Predice palabras y estructuras probables a partir de enormes cantidades de texto, por lo que puede producir una redacción convincente sin generar una idea verdaderamente nueva.
En la escritura humana, la búsqueda de palabras forma parte del pensamiento. Cuando un estudiante intenta contar una experiencia personal, también organiza recuerdos, emociones, asociaciones y formas propias de interpretar el mundo. Esa fricción, muchas veces lenta e incómoda, es parte del desarrollo creativo.
El riesgo de adoptar ideas ajenas
La IA también puede influir por sugestión. Cuando un chatbot propone una dirección para un texto, el usuario puede quedar condicionado por esa primera respuesta. La conversación con la herramienta hace que sea más difícil distinguir entre una idea propia y una idea recibida.
Ese efecto preocupa especialmente en adolescentes. Un estudiante podría abandonar un enfoque personal, extraño o poco convencional para seguir una sugerencia más prolija y previsible. El texto final puede sonar mejor, pero perder parte de la mirada única de quien lo escribe.
La investigación de Green también señaló que el impacto homogeneizador puede ser mayor en estudiantes que se alejan más de la media. Allí entran jóvenes neurodivergentes o pertenecientes a minorías raciales y lingüísticas, cuyas perspectivas suelen aportar enfoques menos habituales. Si la IA empuja esos textos hacia modelos más estándar, la pérdida cultural y educativa puede ser significativa.
Cuándo puede ayudar la IA
Los especialistas no descartan por completo el uso de inteligencia artificial en procesos creativos. En manos de profesionales con experiencia, puede servir para ahorrar tiempo en tareas técnicas, ordenar información o liberar espacio para trabajos de mayor valor. Un docente, por ejemplo, puede usarla para preparar materiales administrativos y dedicar más energía a diseñar clases.
La diferencia está en no reemplazar el núcleo creativo del trabajo. Para quienes ya dominan un oficio, la IA puede funcionar como apoyo. Para estudiantes que todavía están formando su capacidad de pensar, escribir y encontrar una voz propia, el riesgo aparece cuando la herramienta se convierte en atajo.
La discusión educativa ya no se limita a detectar plagio o prohibir aplicaciones. El punto más sensible es cómo proteger la capacidad de generar ideas originales en un mundo donde escribir bien puede parecer cada vez más fácil. La creatividad no depende solo de frases elegantes: también necesita tiempo, duda, experiencia y una mirada personal que ningún algoritmo puede vivir por cuenta propia.
